RESCATE DE UNA NOVELA MALDITA: MADRID DE CORTE A CHECA

 Hoy  vuelvo a tener el placer  y el honor de contar con la colaboración de  Francisco M. Rodríguez Layna que nos ilustra, en esta ocasión, sobre un libro de aquellos que podríamos considerar como “maldito”.

Rescate de una novela maldita: Madrid de corte a checa

Se suele decir de los escritores Ridruejo, Edgar Neville, Foxá, Rosales, Panero, Adriano del Valle, Luís Felipe Vivanco, García Serrano, Tomás Borrás, Ximénez de Sandoval, Fernández Flores o Rafael Sánchez Mazas, ganaron la guerra pero perdieron las páginas de los manuales de literatura, que o no los estudiaban, o si lo hacían era para estigmatizarlos..

Pero últimamente se reconoce el valor literario por encima de lo político, y algunas obras emblemáticas están siendo reeditadas. Es el caso de una de las mejores novelas escritas sobre la II República y la Guerra Civil, Madrid de Corte a Checa, escrita por Agustín de Foxá, y que voy a analizar a continuación.

Agustín de Foxá escribió esta novela casi íntegramente en el primitivo y profundo café “Novelty” de Salamanca (en plena Plaza Mayor) y lo hizo un poco a vuela pluma entre tertulias literarias y ecos del Cuartel General del Generalísimo en 1937.

La primera edición de “Madrid de corte a checa” fue publicada en abril de 1938 por Ediciones Jerarquía en San Sebastián, aunque en la edición no se cita la fecha ni el lugar. En la portada aparece el palacio Real con una semicorona de flores y en la página siguiente dice: “Episodios Nacionales, por Agustín Conde de Foxá”, y esto quiere decir que el autor pensó continuar una serie novelesca más en la línea del Valle-Inclán de “El Ruedo Ibérico”, que de Galdós, teniendo como telón de fondo la España posterior al Alzamiento; pero no escribió más que este primer volumen.

Agustín de Foxá narra una historia de amor entre José Félix Carrillo (que podría ser un trasunto del autor), hijo de un coronel conservador, que le expulsa de su casa por revolucionario y Pilar, hija de un conde, a la que sus padres casan con Miguel Solís, linajudo y adinerado personaje, aunque calavera; pero válido para emparentar con esta nobleza arruinada.

Las peripecias de la relación amorosa se acompasan al “tempo” histórico que marcan las tres partes de la novela.

En “Flores de lis” refleja los días finales de la monarquía, que son los momentos de desorientación ideológica del protagonista, la boda de Pilar y el consiguiente despecho. José Félix durante el reinado de Alfonso XIII juega a hacer la revolución. Él y sus amigos se encierran en la universidad y se dedican a hacer gamberradas. A la hora de comer, todo se interrumpe y vuelven a casa, a la manera de los universitarios en los años 70. Tras las elecciones del 31, Alfonso XIII abdica, ante el estupor general de la familia y los allegados de José Félix, todos aristócratas o gente adinerada. Ellos y muchos otros postergan su vuelta a España tras el veraneo, expectantes ante los acontecimientos. Finalmente, todos regresan a cuentagotas, dispuestos a retomar sus vidas.

Escrita con un costumbrismo casi amable, esta parte del libro ofrece imágenes de un Madrid donde los novios pasean por un parque del Retiro recién regado y viven en casas en las que, naturalmente, hay una pianola. Aparecen calles, bares, personajes y acontecimientos fácilmente reconocibles: Chicote, Bergamín y hasta el propio Foxá.

En “Himno de Riego”, el asentamiento de la República, que marca el inicio de las decepciones políticas y de la crisis matrimonial de Pilar Rivera (nótense las connotaciones políticas del apellido), a la que solamente la existencia de su hija impedirá caer en los brazos de José Félix. José Félix se ha aburrido de la revolución, que han abrazado otros personajes más oscuros. Se suceden los episodios violentos, mientras que la aristocracia, empachada de comodidad, no se entera de nada. Un grupo de jóvenes falangistas hace frente a los revolucionarios, por los que el autor siente un desdén que no oculta. El tono del libro se recrudece, y todo estalla con el asesinato de Calvo Sotelo y el posterior pronunciamiento militar.

En esta parte de la novela José Féliz se acerca a la Falange y así se narra así la composición de su himno, el Cara al sol, en los sótanos del restaurante “Or-Kompon”: “José Félix, al entrar en aquel local, iba recordando los restos de la antigua decoración debida al enano arquitecto Mercadal. Como conocedor del sitio les explicaba: -Vamos a los bajos porque allí hay un piano. Era una especie de cueva vasca, con acuarelas de Guipúzcoa en los zócalos. carros de bueyes rojos, con la lana sobre el testuz, caseros de boina, frontones, maizales y curas con paraguas, bajo los cielos plomizos de Loyola. -Hola, José Antonio, ¿qué tal, Jacinto? Allí estaba el marqués de Bolarque, don Pedro Mourlane , Rafael Sánchez Mazas, Agustín Foxá, José María Alfaro y Dionisio Ridruejo. Hablaban del “Joven piloto”, una zarzuela de Luis Bolarque y Jacinto Miquelarena. Jaleo de vasos. Trajeron chacolí, sidra y bacalao. -Vamos a hacer una sangría. Después de la cena, el maestro se puso al piano. Tocaba pasodobles y tangos. -Oye, toca ese que hiciste el otro día. Sonó una música enérgica, alegre y guerrera. -¿Te gusta, José Antonio? -No está mal. A ver, ¿cuántos poetas hay aquí?; podríamos hacer un himno para que lo cantaran los chicos. Bajó el mozo unas cuartillas y los poetas se desperdigaron por las mesas. -Tú, José Félix, dame un lápiz. Bolarque, entre la música, hacía los “monstruos”. “Adiós, adiós, el capitán se va”. José Antonio trazó el plan. -Tiene que ser un himno sencillo. En la primera parte debe hablarse de la novia, después de decir que no importa la muerte, haciendo una alusión a la Guardia eterna de las estrellas, y luego algo sobre la Victoria y sobre la Paz”.

En “Hoz y martillo”, estallido de la guerra y persecución de las gentes de orden en Madrid. El marido de Pilar (Miguel Solís) muere a manos de sus braceros, que vengan así los años de esclavitud. José Félix y su antigua novia quedan canónicamente libres para reanudar sus amores; pero son detenidos y condenados a muerte, y un antiguo falangista (infiltrado entre los milicianos, Pedro Otaño) los salva y se ponen a buen recaudo al otro lado de la frontera y después logran pasar a la zona nacional.

Los burgueses y los aristócratas se ven frente a frente con la realidad. Se suceden las redadas, las detenciones y los asesinatos. Foxá consigue que el lector sensible se indigne ante la brutalidad de los milicianos, que meten a sus enemigos en pozos, los rocían con gasolina y los queman vivos. Pero no sólo a ellos: “Ya no caían, sólo, los falangistas, los sacerdotes, los militares, los aristócratas. Ya la ola de sangre llegaba hasta los burgueses pacíficos, a los empleadillos de treinta duros y a los obreros no sindicados. Se fusilaba por todo, por ser de Navarra, por tener cara de fascista, por simple antipatía”.

Foxá refleja crudamente el intento revolucionario de aplastar toda manifestación aristocrática, sea de condición o de espíritu. Es la misma reflexión que realizó de forma teórica Edmund Burke tras la Revolución Francesa, o el Albert Camus que dice que la justicia que reclaman los rebeldes exige la suspensión de la libertad, y “el terror, pequeño o grande, viene entonces a coronar la revolución”.

Estos autores nos descubren que la mentalidad revolucionaria es vengativa, más cercana a la brutalidad que a la utopía. Como dice Foxá: “Eran creyentes vueltos del revés”.

En este ambiente hostil, José Félix madura y descubre en sí mismo valores nobles. Al igual que en la literatura de muchos de estos autores, surge la voluntad del individuo contra la represión. Antes de que la barbarie se apodere de la narración, vemos un Madrid variopinto, donde los cafés son el ágora en el que las opiniones se contraponen mediante coplas, gritos y algún tortazo.

Este es el testimonio que nos deja Agustín de Foxá sobre el Madrid de principios de los años 30, tan diferente a al mundo de hoy, donde en nombre de la corrección se rescinde la libertad de expresión. El lector que sienta interés por la literatura de la Guerra Civil hará bien en leer este libro (también a Max Aub o a Arturo Barea) y sacar sus propias conclusiones. A través de la peripecia vital y amorosa de José Félix- intelectual y político muy relacionado con las figuras de su tiempo- Foxá nos muestra la agitada vida madrileña de unos años de gran atractivo, tanto para la historia, como para la literatura.

El estallido de la guerra civil, es en la novela un eco lejano, de hecho Franco sólo sale en la última página. Al centrarse la acción en un Madrid sitiado y en manos de los sectores más radicales de la izquierda, Foxá logra poner a los falangistas como los verdaderos resistentes contra el orden establecido republicano.

La intervención de los milicianos en el asalto del Cuartel de la Montaña es reflejado en la novela así: “Las masas armadas invadían la ciudad. Bramaban los camiones abarrotados con mujeres vestidas con “monos”, desgreñadas, chillonas, y obreros renegridos, con pantalones azules y alpargatas, despechugados, con guerreras de oficiales, correajes manchados de sangre y cascos. Iban vestidos con los despojos del cuartel de la Montaña. Y entre ellos, como una visión soviética de marineros de Kronstad, los marineros de blanco, con los puños cerrados, gritando, tremolando las banderas rojas y negras de la F. A. I. Pasaban los camiones y los taxis erizados de fusiles. Un miliciano echado en el estribo apuntaba a las gentes de la acera. -¡Fuera de los balcones! Iban arrebatados, borrachos de sangre. Porque la habían visto a raudales correr por el suelo del patio del Cuartel de la Montaña. Como peleles, más de quinientos oficiales y falangistas estaban tirados en el suelo, arrugados, despojados, en mil posiciones, sobre un brazo, boca arriba, encogidos, con las cabezas ensangrentadas. Habían entrado brutalmente al ver la bandera blanca, atropellándose. Ya un grupo de guardias de Asalto llevaba en filas de dos a los rendidos. Y saltó un pocero, cogió a uno de los soldados por el pelo, y le disparó un tiro en la nuca. Cayó contraído, manchándole los dedos de sesos. Aquello enardeció a la masa. Dejaron de ser menestrales, obreros de Madrid, carpinteros, panaderos, chóferes, cerrajeros. Un sueño milenario les arrebataba. Les resucitaba una sangre viejísima, dormida durante siglos; ¡alegría de la caza y de la matanza! Eran peor que salvajes porque habían pasado por el borde de la civilización y de las grandes ciudades y complicaban sus instintos resucitados con residuos turbios de películas, de lecturas, de consignas. Joaquín Mora estaba en el Cuarto de Banderas, con los oficiales, cuando los soldados izaron la bandera blanca. -No podemos resistir -afirmaba el sargento García-; ese cañón que han puesto en la plaza de España va a derribar el cuartel. Volaba sobre ellos un aeroplano arrojándoles bombas. Cuando entraron las turbas, con un griterío de abordaje, Joaquín Mora se metió con otros soldados en una caseta de ladrillo, rompiendo el cristal del montante. La puerta estaba cerrada por fuera. Horrorizados, oían las descargas en el patio, los gritos y los estertores de los heridos, y los insultos de las mujeres. Una gritaba: -A ese que levanta el puño. No hacerle caso. Es un fascista. Se les acercó un soldado, con la angustia pintada en la cara. -Oye, se acercan hacia aquí. Los milicianos golpeaban ya la puerta. Joaquín Mora tuvo un momento de inspiración. Chilló desde dentro. -¡Animo, camaradas! Abridnos. Nos tenían encerrados. ¡Viva la revolución! Rompieron el cerrojo con las culatas. Los soldados comprendieron. Y tuvieron que abrazarse con aquellos asesinos, y cuando salieron al patio, sonreían fingiendo alborozo, en medio de los cadáveres de sus compañeros con los cráneos saltados (…) El temor se extendía por todo Madrid. Cruzaban las calles cientos de camiones, erizados de fusiles. Empezaban los registros; la angustia y el martirio de la ciudad”.

A lo largo de la novela aparecen personajes reales que figuran con sus nombres y con los cargos que ocupan, a quienes Foxá describe con dos o tres trazos.

Este es el terrible retrato de Manuel Azaña: “Era árido y de metáforas apagadas. Se veía la carga enorme de rencor y desilusión, que era su motor y su fuerza. Era un lírico del odio, un polemista de la venganza”.

No mejor parado deja a Santiago Casares Quiroga: “Era huesudo, seco, de sudor frío, con esa crueldad enfermiza de los hombres cuyos pulmones están mal oxigenados. Le entusiasmaba la ferocidad de la “mantis religiosa”.

Frente a estos gobernantes se alzaba, serena, la figura de José Antonio Primo de Rivera y sus falangistas: “Era un muchacho joven, guapo, agradable. Tenía la voz un poco nasal y exponía las ideas con justeza jurídica. Usaba metáforas brillantes”.

Aparecen, también, con sus nombres reales intelectuales y artistas del momento, a quienes retrata con justeza.

Esto dice de Ramón Gómez de la Serna en su tertulia de Pombo: “Se levantaba rechoncho, con su pipa de cenicientas brasas, la chalina de seda moteada y la voz chillona.

De Federico García Lorca dice: “Era moreno, aceitunado, de grandes pómulos, gran calavera y cara redonda (…), presumía de gitano. Era un magnífico poeta”.

A José Bergamín lo describe así: “Católico-marxista y sobre todo un pequeño miserable (…) Era un alma malvada y miserable, que amaba lo deforme, y llenaba de podredumbre sus revistas”.

La novela es netamente urbana, teniendo como escenario de la crónica, la trama y los acontecimientos la ciudad de Madrid. El centro, el barrio de Salamanca y el acarreo humano de los barrios extremos, principalmente Cuatro Caminos y Tetuán son los lugares más transitados por los personajes reales y ficticios. De tal forma esto es así que el gran protagonista colectivo de la novela es la ciudad de Madrid con sus gentes, la aristocracia decadente, la clase media y el proletariado. Solamente en las vacaciones estivales la trama se aleja de Madrid, porque los aristócratas pasan las vacaciones en San Sebastián, San Juan de Luz y Biarritz, mientras que la clase media veranea en la Sierra (Cercedilla y aledaños). En el veraneo de 1931 los aristócratas prolongaron las vacaciones para ver si pasaba la “nicetada”(don Niceto Alcalá-Zamora, Presidente de la República), pero tuvieron que regresar al Madrid democrático, que había recuperado el liberalismo suprimido por primo de Rivera en 1923. Nuevamente en el verano de 1936 la familia de José Félix y otros aristócratas y terratenientes se van de vacaciones a Portugal: Lisboa y alrededores. Y al final de la 3ª parte José Félix y Pilar salen de Madrid para Valencia, cruzan la frontera francesa y luego pasan a la zona liberada por Irún y se incorporan a la toma de Madrid.

En cuanto al tiempo, Foxá narra los hechos acaecidos desde los estertores de la dictadura del general Dámaso Berenguer, los años de la República hasta septiembre de 1937 en Salamanca, donde firma la novela. Son pues 8 años convulsos de la vida de España, donde transitan los personajes reales y ficticios que forman la trama.

 En la novela, Foxá maneja en la primera, e incluso en la segunda parte, una prosa poética que da cuenta del fin de una época con una mezcla de alegría pero también de tristeza por las cosas que no volverán.

 Lo que más sorprende es el conocimiento que Agustín de Foxá tenía de la situación del Madrid republicano: están los asesinatos de la Modelo, la checa de la Casa de Campo, García Atadell, el teniente Moreno,  uno de los asesinos de Calvo Sotelo y que dice en la novela que se fue a la sierra buscando la muerte. 

El valor de Madrid, de Corte a checa reside en que nos muestra con toda su crudeza la manifestación de la justicia rebelde. La narración es partidista  pero también apasionada y conmovedora. El testimonio del horror saca la novela del ámbito de lo cotidiano y la enmarca en cierta literatura propia del siglo XX que trata sobre la arbitrariedad totalitaria, más cerca del desafío de Solzhenitsyn que del absurdo de Platonov, de la esperanza de Semprún que de la desesperación de Primo Levi.

Ninguneada por cierto sectarismo profesoral, de la novela de Foxá ha escrito Trapiello: “Aprovecha, desde luego, el esperpento, y negarle méritos de acción, lenguaje y cuadros vivísimos, sería absurdo. Salen todos: literatos, políticos, vesánicos, idealistas, aturdidos. Logreros y pisaverdes, rumbosos y feriantes. Con nombre y apellidos. Cientos. Es un cuadro de época, equivocado o no, de primera mano”.

                                               Fco. M. Rodríguez Layna

Biografía de Foxá

Agustín de Foxá y Torroba, Conde de Foxá y Marqués de Armendáriz, nació en Leganés, Madrid, el 26 de febrero de 1903. Falangista de primera hora, escritor, periodista y diplomático. Estudió Derecho y en 1930 ingresó en la carrera diplomática y fue destinado a Sofía (Bulgaria) y Bucarest (Rumanía). Posteriormente, también estuvo destinado como Embajador en Inglaterra, Grecia y Francia. Su camarada y amigo Edgar Neville fue una de sus primeras amistades literarias. Colaboró en revistas como La Gaceta LiterariaHéroe y Mundial,y en la prensa diaria. Su primer libro fue La niña del caracol, editado y prologado por Manuel Altolaguirre, en 1933, con dedicatorias a Ramón Gómez de la Serna, María Zambrano y a Antonio Marichalar Rodríguez Monreal de Codes y San Clemente, Marqués de Montesa. Antes de la Cruzada sólo publicó otro libro: El toro, la muerte y el agua, con prólogo de Manuel Machado. El Alzamiento Nacional del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Madrid, donde acababa de tributársele un homenaje con motivo de haber sido destinado al Consulado de España en Bombay. A la postre marchó a Bucarest como Secretario de Embajada en la Representación Diplomática de la república, desde donde se incorporó a la Zona Nacional. Como diplomático estuvo destinado en Bucarest, Roma, Helsinki, y Buenos Aires. Ingresó en las filas de Falange Española en los años treinta. Recibió el Premio Mariano de Cavia en 1948 y en 1959 fue nombrado Académico de Número de la Real Academia Española en el sillón Z, aunque no llegó a tomar posesión.    Fue un gran amigo de José Antonio Primo de Rivera, e integrante de aquella corte literaria que rodeaba a José Antonio. Estuvo vinculado a la Falange y colaboró, junto a Rafael Sánchez MazasEugenio MontesJacinto Miquelarena y otros, en la creación y redacción de las estrofas del himno falangista Cara al sol. Fue también cotidiano contertulio en la tertulia literaria “La ballena alegre”, a la que asistían José Antonio Primo de Rivera y destacados falangistas de primera hora. Trabajó y colaboró en diferentes periódicos y revistas nacionales, como Jerarquía Vértice junto a intelectuales de la talla de Alfonso García Valdecasas, Pedro Laín Entralgo, Ángel María Pascual, Gonzalo Torrente Ballester, Dionisio Ridruejo, Eugenio D´Ors, el pintor Sáenz de Tejada, Ernesto Giménez Caballero, José María Pemán, Edgar Neville, José María Castroviejo, Álvaro Cunqueiro, etc.  Fundó Legiones y Falanges, editada desde Roma y donde colaboraron escritores destacados como el crítico y autor teatral Alfredo Marqueríe, Rafael García Serrano, Azorín, Eugenio Montes y, el por entonces joven estudiante, Camilo José Cela.  Foxá cultivó gran número de géneros literarios, destacando en especial su poesía, con libros como: La niña del caracol (1933);  El almendro y la espada (1940); Poemas a Italia. Antología poética 1933-1948 (1948); y El gallo y la muerte (1949). También se acercó al teatro, escrito a veces en verso: Cui-Ping-Sing (1940); y El beso a la bella durmiente (1948); aunque también escribió teatro en prosa como el drama Baile en capitanía (1944); o la comedia Gente que pasa (1943), premiada por la Real Academia Española. Destacar que realizó el prólogo al libro de poemas Cristal sobre los aires, de su buena amiga y camarada Sarah Demaris, pseudónimo de la escritora, poetisa, periodista y actriz de la Sección Femenina, Sara Barranco Soro. El reconocimiento del gran público le llegó con Madrid, de Corte a checa. Las Obras completas de Agustín de Foxá fueron publicadas en Madrid por Prensa Española, entre los años 1963 y 1964.     Foxá era una persona muy ingeniosa, de gran inteligencia y sentido del humor. Estaba casado con una mujer bellísima que llamaba ciertamente la atención. Pero ya sabemos que la envidia es el pecado nacional por excelencia, y se empezó a comentar que su mujer le engañaba. Cierto día, ya harto de esos chismes, dijo: “prefiero una maravilla para dos que una mierda para mí sólo”. Prolífico en el cultivo de diversos géneros, destacó sobremanera como conversador de altos vuelos. Fue, entre otras cosas, un insigne escritor. La fama de su calidad expresiva de viva voz llegó al extremo de que era suficiente que cualquier anfitrión al invitar a sus comensales pronunciara el “viene Foxá” para garantizarse plena asistencia. Durante su paso por Italia tuvo ocasión de asistir a la histórica entrevista de Franco con Mussolini que tuvo lugar en Bordighera. Allí fue testigo del argumento que el Caudillo esgrimió ante el Duce, mediante el cual afirmaba la negativa a sumarse a la causa del Eje. La base argumental la desarrolló Franco mostrando a Mussolini un pan negro habitual en el consumo de los españoles de aquellos años. Le dijo que generalmente las guerras comenzaban comiendo pan blanco y terminaban comiendo pan como el que le enseñaba. Con ello quería Franco hacer hincapié en la imposibilidad de que, comenzando por lo que debía ser el final, un país como España entrara en la guerra. Además de Roma dejó estela de su paso por Bucarest, Helsinki, Montevideo, Buenos Aires, La Habana y una luz efímera en Manila de donde abatido por la enfermedad tuvo que ser trasladado a Madrid para vivir sus últimos días.  Los meses transcurridos en la capital finlandesa alcanzaron notoriedad debido al éxito alcanzado por la obra de “Curzio Malaparte Kaputt”. La arrogancia de este condotiero de la pluma le llevó a decir años después de la publicación de esta obra, modelo dentro de la literatura de escándalo, refiriéndose a Foxá: “el conde Agustín de Foxá, a quien hice célebre con Kaputt…”. Lo cierto es que junto con Himmler, Isabel Colonna o la princesa Luisa de Prusia, Foxá es una de las figuras destacadas del libro pero, por otra parte, brillaba con luz propia, proponiéndoselo o espontáneamente.   Una excursión desde Buenos Aires, donde estuvo destinado, le llevó al altiplano boliviano, y como contagiado por el efecto alucinógeno de la coca que mastican los indios como remedio infalible para combatir el soroche o mal de altura, dejó esta pincelada ilustrativa de toda una cultura: “Fui a Bolivia, donde las indias van vestidas de lagarteranas pero con bombín de Charlot y pendientes de diamantes entre sus trenzas. Llevan siete sayas de diferentes colores y, cuando bailan, se irisan entre las llamas de ojos de mujer y caderas tan voluptuosas que obligarían a dictar una disposición a los Virreyes prohibiendo a los indios pastores del altiplano conducirlas si no iban bien acompañados de sus mujeres. Así nació el pecado nefando que no mereció la anatema de la Biblia porque Jehová nunca vino a América…”.    Acerca de Foxá una conspiración de silencio ha pretendido ocultarlo a la curiosidad de cuantos puedan tener interés por conocer a los auténticos valores de la literatura española del siglo XX. Ha sido obra de la inteligencia encargada de expender pasaporte de progresía con criterios dignos de los mejores tiempos del estalinismo. Se atribuye a Baroja la afirmación de que “la intransigencia de los liberales y de los que en España se llaman avanzados” ha instalado una alcabala para cobrar peaje a los señalados como conservadores, fascistas, reaccionarios y otras caprichosas lindezas. Muchas frases y ocurrencias suyas fueron muy celebradas en su tiempo. A César González Ruano le contaba cómo fueron los milicianos rojos a detenerle después del 18 de julio de 1.936: “Me salvé de milagro. Enseñé el pasaporte diplomático de Cónsul de España en Bombay. Creyeron aquellos tipejos que Bombay era mi sede habitual y que ejercía de Cónsul en España. Uno dijo: “Bueno, vámonos, de poco nos cargamos a un indio’, los muy ignorantes…  Al decretar las Naciones Unidas el aislamiento a España, en vísperas de Postdam, comentó: “Vais a ver la patada que le dan a Franco en nuestras posaderas”. Igualmente, en julio de 1.945,  en el relevo en el Ministerio de Asuntos Exteriores de José Félix de Lequerica Erquiza por Alberto Martín Artajo, éste le pidió su casaca de Ministro a su predecesor por no tener él una para la Jura, ante lo cual afirmó Foxá: “He visto muchas veces cambiar a un Ministro de chaqueta, pero nunca hasta hoy a una chaqueta cambiar de ministro”. Y siguiendo con este tema, cierto día le dijo a un diplomático que se había marchado siendo Ministro Ramón Serrano Suñer, y volvió cuando lo era el citado Alberto Martín Artajo, que era de la “Santa Casa” o de Acción Católica, de la que llegó a ser Presidente: “Antes, al entrar al despacho del Ministro, se gritaba ‘¡Arriba España’! En cambio, ahora hay que decir ‘Ave María Purísima’” Al Embajador de Gran Bretaña le espetó cierta vez: “Los españoles están dispuestos a morir por la dama de sus pensamientos o por un punto de honra, pero morir por la democracia les parece tan tonto como morir por el sistema métrico decimal…”  Célebre también fue su respuesta a la esposa de un diplomático hispanoamericano que durante una comida oficial no cesaba de despotricar contra España y el Descubrimiento y Conquista de América: “Pues mire, o desciende usted de españoles o todavía se le notan las plumas de sus antecesores en la cabeza.”  Otro día estaban algunos dando largas explicaciones técnicas a un diplomático hispanoamericano sobre los pactos de España con los Estados Unidos y con el Vaticano, y él se lo resumió de esta forma: “Se trata de que los españoles hemos conseguido para cada uno 10 dólares y 3 días de indulgencia.” Y hablando de Hispanoamérica, en un teatro de un país hermano, durante un recital, el público comenzó a tirar huevos podridos. Agustín de Foxá, sin inmutarse, oliendo los restos de uno de esos huevos podridos que se había estrellado en su esmoquin, dijo en alta voz: “¡Los que tiraron ayer estaban mucho más frescos!” Estando en Cuba, comentó: “Estoy contentísimo en Cuba, ya que soy ingenioso y Cuba es la única nación del mundo donde un “ingenio” puede hacer rico a un hombre”. Hay que aclarar que en Cuba se llama “ingenios” a los cañamerales, es decir, a las fincas donde se cultiva la caña de azúcar. En una tertulia de La Habana, se hacían algunos comentarios irónicos sobre España. El que dirigía la conversación era un gran industrial azucarero de Cuba, persona de las más influyentes de La Habana. Súbitamente, lanzó Foxá la tremenda andanada: “Para presumir de genio y para hablar mal de España hay que tener mucho ingenio y el suyo… sólo es de caña”

 

 

 

 

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PARA QUE SE VIAJA O LOS DISTINTOS MODOS DE VIAJAR

Hoy tengo el placer  y el honor de contar con la colaboración de  Francisco M. Rodríguez Layna que nos ilustra, en esta ocasión, sobre los viajes  y los distintos modos de viajar.

PResultado de imagen de francisco rodriguez laynaaco Rodríguez Layna,  nacido en Soria en 1948. Licenciado en Sociología y Teología por la Facultad de Teología de Barcelona y Licenciado en Historia Medieval y Contempóranea por la Universidad Central de Barcelona. Colaborador de la revista Índice y director de la revista Escrits de Barcelona.

Y sin más preámbulos, leamos su interesante articulo sobre viajes y viajeros

Viajar, si, viajar, para poder relatar al regreso: ¡También yo estuve allí!

Viajar para luego encender con el recuerdo de los lugares visitados, el tibio y confortable apego al rinconcito en que se nació o en que se vive en nido propio.

Actualmente, la mayoría de las veces la gente viaja a las playas de moda para broncearse y relajarse soportando estoicamente los rayos solares.

Luego están los viajes culturales, aquellos que nos llevan a lugares míticos, históricos, que nuestra imaginación evoca de una manera determinada y que a veces coinciden y otras no. El Partenón de Atenas, las ruinas de Pompeya, las pirámides de Egipto, el Machu Picho, la ciudad prohibida de Pequín o los más famosos museos.

Lo importante de los viajes es el entrar en contacto con otras culturas, con otros seres humanos, tan distintos pero también tan próximos a nosotros.

Pero ¿para que viajan la mayoría de los que viajan?

Unamuno lo tenía claro: “¿Hay algo más azarante, más molesto, más prosaico que el turista? El enemigo de quien viaja por pasión, por alegría o por tristeza, para recordar o para olvidar, es el que viaja por vanidad o por moda, es ese horrible e insoportable turista que se fija en el empedrado de las calles, en las mayores o menores comodidades del hotel y en la comida de este. Porque hay quien viaja, horroriza el tener que decirlo, para gustar de decir que ha viajado. Y hay quien viaja para huir de cada lugar, no buscando aquel al que va, sino escapándose de aquel de donde parte”.

Otra forma de viajar es a través de los libros, donde la imaginación juega un papel importante. Y como ejemplo mencionaremos lo escrito por Blasco Ibáñez, Gao Xingiian o Camilo José Cela-

En 1906 Blasco Ibáñez conoció a la millonaria chilena Elena Ortúzar, persona que tomaría como modelo para alguna de sus novelas y que sería fundamental en su vida personal. En 1907, después de un viaje a Sevilla se desplazó a Vichy, para encontrarse con la citada Elena. De allí pasaría a Ginebra. Desde Ginebra —y tras visitar Berna, Munich, Viena y Budapest— iniciaría su primer viaje a Constantinopla, acompañado de doña Elena, la madre de ésta y la doncella. Este viaje fue totalmente improvisado, aunque no le impidió consumir en el mismo, seis meses y en hacer de él una tentación literaria que plasmaría en diversos artículos, luego convertidos en libro.

En La vuelta al mundo de un novelista, narra el viaje que emprendió Blasco Ibáñez en 1921 a bordo del buque Franconia y que le llevó a recorrer  Estados Unidos, Cuba, Panamá, Hawái, Japón, Corea, Manchuria, China, Macao, Hong Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, Calcuta, India, Ceilán, Sudán, Nubia y Egipto. El libro es realmente interesante, no cabe duda que a ello contribuye su capacidad narrativa y que además está escrito en los últimos años de su vida, por lo que su capacidad de observación más que entrenada y la cultura acumulada durante toda su vida son el motor que guía la lectura. En el inicio del libro, el autor debate consigo mismo la conveniencia o no de empezar ese viaje. Resulta curioso ver cómo va desgranando los pros y contras de realizar el viaje o los peligros con los que se va a encontrar, pero todos los argumentos en contra son rebatidos y la realización el viaje se convierte en algo inevitable. Una ocasión inmejorable para conocer de la mano de un gran escritor, como se encontraba el mundo en los años veinte.

Escribió Blasco Ibáñez más libros de viajes, entre ellos En el país del arte. Tres meses en Italia, un libro curioso y atrayente.  Este no es un libro de viajes escrito por un novelista, pero es un libro de viajes escrito por un novelista. Y aunque parezca un acertijo lógico, comprender en qué sentido lo es y no lo es nos dará la clave del texto. No nos encontramos ante el ocio de un literato que se dispone a hacer una peregrinación estetizante al estilo de Goethe o Stendhal; no obstante, es un recorrido de ciudades emblemáticas, y su autor impregna las páginas de reconstrucciones narrativas y descripciones brillantes, como solo puede hacerlo quien ejerce su oficio con soltura. Blasco, además, se enfrenta a este deambular inesperado desde la tensión vivencial y política que envuelve sus afanes en esos momentos, por lo que mira, observa y relata a partir de sus inquietudes sociales. Génova, Milán, Turín, Pisa, Roma, el Vaticano, Nápoles, Pompeya, Asís, Florencia, Venecia. El recorrido no se aleja del de un turista convencional, pero la mirada propia, no ahogada por el talante divulgativo de la obra, le lleva de las descripciones certeras, a la recreación histórica, del análisis de las gentes a la soflama republicana, todo ello en una fluida prosa literaria que únicamente en cierta grandilocuencia acusa el paso de los años.

La Montaña del alma de Gao Xingiian, es una novela polifónica, que recorre los diferentes géneros y arquetipos literarios y que, bajo una amplitud de tonos, trata un solo tema: el sentido de nuestra identidad. Novela épica, porque interpreta la historia política y cultural de China, es también lírica porque investiga el yo en su pluralidad. Este cruce de géneros y este abanico de tonos y temas, le confiere una riqueza narrativa tan variada como perfecta, en la que las historias forman figuras como en una baraja, y el relato mantiene el rumbo y el ritmo en que se basa su compleja unidad. La obra es una novela histórica escrita desde la instancia de la persona poemática y que hace de los pronombres personales no tanto los ejes del discurso como las voces de su permeabilidad. Es también una novela antropológica, que describe y opone modelos de conducta pero que no analiza caracteres y que presenta su acción como un simple viaje en el tiempo, en el espacio y en la memoria de su imaginación; que introduce reflexiones sociológicas; que tematiza la crisis de valores; que habla de bandidos, de saqueadores de tumbas y de curanderos de picaduras de serpiente, de tigres y de pandas y de recuerdos reales entremezclados con todo su proceso de ficción. Para Xingjian, “no es la naturaleza la que causa espanto, sino el propio hombre”, cuyo miedo íntimo le parece el verdadero origen de su mal. Por último señalar que para el autor, “la novela es una producción de la sensibilidad” que “sumerge en una mezcla de deseos los códigos de los signos arbitrariamente construidos” y que, como la vida, “no responde a una finalidad”.

En Viaje a la Alcarria, Cela, con el morral a la espalda y la cantimplora sujeta a la hebilla del cinturón, recorre las carreteras y los pueblos de la Alcarria. Es el suyo un caminar lento, con mañanas de atmósfera limpia, mediodías calurosos y noches que se le echan encima, como con susto. De pueblo en pueblo el viajero va viviendo curiosos encuentros, minúsculas anécdotas y sorprendentes conversaciones que, impertérrito, transcribe con una suave prosa que aúna realismo, comicidad y ternura. Pero el viaje termina. El viajero dejó atrás la Alcarria con sus notas a cuestas y un algo de pena. A cambio, nos queda un libro que demuestra una de las más arraigadas afirmaciones de Cela: «El escritor, aun el que más sedentario pudiera parecer, es siempre un irredento vagabundo y ése es su mayor timbre de gloria y libertad»

Libro de viajes es también el inmortal Don Quijote de la Mancha de Cervantes. En marzo de 1905, año del tercer centenario de su publicación, Azorín recorrió, por encargo del diario El Imparcial, los principales lugares manchegos mencionados por Cervantes en su obra. Más allá de su condición inicial de reportaje periodístico, las crónicas de dicho viaje, recogidas poco después en La ruta de Don Quijote, constituyen en su conjunto una interesante meditación sobre el devenir histórico de España desde la perspectiva de la particular teoría azoriniana del tiempo.

Y por último están los viajes interiores, aquellos que nos hacen cambiar de pensamiento y de acción, y que nos hacen distintos, otros, a pesar de seguir siendo los mismos.

Libro de la VidaEjemplo de ello es lo expresado por Santa Teresa en su obra El Libro de la Vida que redactó en periodos sucesivos y con finalidades distintas, aunque el periodo de redacción definitivo suele situarse entre 1562-1566. La Santa lo escribió por mandato y bajo la dirección de sus confesores, e iba dirigido a un círculo religioso reducido. El Libro comprende hasta sus 50 años de edad y lo escribe durante una de las etapas más difíciles de su vida. En los primeros capítulos Santa Teresa aporta gran cantidad de información autobiográfica sobre su vida familiar, su infancia, y su ingreso en la vida religiosa. A lo largo del libro hay otros episodios de este tipo: sus referencias al Santo fray Pedro de Alcántara, a quien conoció personalmente, y el proceso que le llevó a la fundación del primer monasterio reformado de San José de Ávila, se encuentran entre las más memorables. Pero en su mayor parte el Libro de la Vida narra su progreso espiritual y sus vivencias místicas, así como su práctica y concepción de la oración, escrito en su particular estilo analítico y enormemente sincero. Por esto se ha calificado a la obra como “autobiografía introspectiva”.

Por último señalar que los viajes producen alegría a la mayoría, pero también una cierta tristeza a los espíritus más sensibles. Porque como escribía desde Atenas a Luisa Colet, aquella estupenda naturaleza de artista y de soñador que fue Gustavo Flaubert, “por mucho que se viaje y se vean paisajes y pedazos de columnas, eso no alegra. Se vive en un entumecimiento perfumado, en una especie de soñolencia, en que pasan bajo los ojos cambios de decoraciones y junto al oído melodías súbitas: ruidos de viento, rodar de torrentes, esquilar de rebaños. Pero no se está alegre, se sueña dema siado para estarlo”.

 

Pase lo que pase “no tires la toalla”

Cuantas veces todo parece ser adverso cuando se intenta lograr un objetivo. Cuantas veces sentimos que no vale la pena, que el un universo está en contra nuestra y que quizá lo más sensato sería “tirar la toalla” y sin embargo, antes de caer en esa tentación tenemos que recordar un concepto que es clave para lograr el éxito: la resiliencia o capacidad para sobreponerse a los reveses que se nos presentan y alcanzar nuestras metas u obetivos.

Antes de continuar conviene establecer lo que distingue un objetivo de un deseo. En objetivo debe: CARACTERÍSTICAS DE UN OBJETIVO

  • Ser explicito y específico.  Hay que ponerlo por escrito, utilizando el verbo en infinitivo (por ejemplo, “aprender inglés”)
  • Ser claro sin que se preste a dobles interpretaciones
  • Ser limitado en el tiempo, es decir con un plazo establecido (“aprender inglés en un año dedicando tres horas diarias“)
  • Ser evaluable, en cuanto a resultados (“aprender ingles para poder mantener una conversación en un año”).
  • Realizable es decir que no sea una utopía o un autoengaño  (“aprender chino en un año para poder mantener una conversación dedicando una hora a la semana)

Una vez definidas las características de un objetivo y su diferencia respecto a los buenos deseos, hay que ponerse a trabajar para lograr lo que nos proponemos y no renunciar, es decir no tirar la toalla.

En primer lugar  y si no lo hemos hecho ya, habrá que poner por escrito el objetivo y a continuación, pensar qué recursos vamos a utilizar y en qué plazo de tiempo.

Supongamos que el objetivo es “lograr un ascenso en la carrera profesional” pero ¿qué vamos a hacer  para conseguir este ascenso? ¿es viable dentro de la empresa o se trata de buscar otro puesto de trabajo? Son dos opciones que requieren estrategias distintas.

Si consideramos viable la primera, tendremos que cuestionarnos por qué la empresa no lo ha contemplado y hay que analizar las posibles razones y decidir “si tiramos la toalla” o persistimos en el intento. Pero no se trata te persistir en el intento sine die, todo objetivo tiene que contar con fecha de cumplimiento y si llegada la fecha no se ha logrado el objetivo, hay que considerar la segunda opción e incluso una tercera.

Por supuesto para conseguir el objetivo  “lograr un ascenso en la carrera profesional” hay que ser realistas y analizar desapasionadamente si realmente somos la persona idónea, en cuanto a perfil profesional y competencias tanto técnicas como emocionales.

En resumen, hagas lo que hagas, NO TIRES LA TOALLA.

 

 

LA VIDA IBA EN SERIO Y NOS DA SORPRESAS… SORPRESAS NOS DA LA VIDA

El enorme  poeta Jaime Gil de Biedma escribió un bellísimo poema sobre el devenir de la vida, del que aquí quisiera destacar un fragmento:

.”Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Todos nosotros cuando alcanzamos determinada edad, creemos saber cómo será nuestro futuro que casi siempre suponemos previsiblemente tranquilo y razonablemente feliz.

Sin embargo, la vida es imprevisible y de repente y, sin preparación ni previo aviso, nos lleva por derroteros inesperados.

Por otra parte, Ruben Blade advierte  que la vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida, como dice la canción Pedro Navaja.

Ya lo se, soy muy ecléctica en mis gustos.

Cuando nos encontramos ante esta, llamémosla “sorprendente” circunstancia y entrecomillo el término porque no hay nada más imprevisible que el devenir de la vida y siempre consigue sorprendernos.

Y precisamente es cómo afrontamos esos avatares del destino, lo que realmente marcará nuestro futuro. Lo estupendo sería poder actuar como  Superman pero lamentablemente este tipo de super-héroes no existe en la vida real.

Cuando la vida nos sorprende negativamente y apenas podemos creer que nuestra vida ha dado un vuelco inesperado, siempre pasamos por una primera fase de negación.  Es cuando nos decimos que esto no puede estar pasando.

Todo cambio genera cuanto menos inquietud y si el cambio es negativo, la situación se agrava y comenzamos negando la realidad. A continuación, cuando comenzamos a aceptar que la vida ha cambiado, es posible que nos culpabilicemos a nosotros mismos del tremendo revés sufrido o le echemos la culpa a los demás o en último caso al empedrado. Esta es la fase de la ira.

Esta actitud es típica cuando el revés está relacionado con la pérdida de ese puesto de trabajo que dimos por sentado que sería “para siempre”… pero nada es permanente y esta premisa no debemos olvidarla.

Una vez superada esta fase y lo ideal es que se supere cuanto antes mejor, entramos en un periodo de negociación, comenzamos a aceptar la nueva situación, tratando de obviar los contras y buscando los pros.

Y justo, cuando parece que vamos remontando y asumiendo el cambio, nos entra una profunda tristeza y nos sentimos deprimidos.  Creo que lo que ocurre es que sabemos que estamos ante un nuevo escenario y nos estamos despidiendo del anterior. Pero como nada es permanente, finalmente entramos en la fase de aceptación.

Es posible, que la nueva situación sea menos  halagüeña que la anterior pero… la vida te da sorpresas, como dice la canción.

Lo ideal sería convertirnos en Superman para superar estos avatares, lamentablemente parece ser imposible, aunque no del todo. Está claro que Superman tiene, como todos los superhéroes, poderes especiales, muy lejos de nuestro alcance.

Sin embargo, todos tenemos algún superpoder (resiliencia, persistencia, fuerza de voluntad, etc… que nos facilitarán como mínimo la aceptación del cambio.

 

 

Cuando en las redes sociales se nos va la olla y metemos la pata

Una metedura de pata en petit comité es desagradable pero no tiene la trascendencia que puede adquirir una “salida de pata de banco” en las redes sociales, especialmente si convertimos a alguien famoso o conocido en el objeto de nuestra ira, mofa o befa, porque entonces se hará viral.  Además no olvidemos que por rápidos que seamos en arrepentirnos y borrar, Google está ahí para conservar todo.

Está claro que nadie está libre de un ataque de ira o, lo que es peor, de un ataque de tontería.  No solo los trols como el de la imagen, escriben textos ofensivos.

La prudencia aconseja guardar nuestros sentimientos y opiniones ofensivas para nosotros mismos o nuestro círculo más íntimo.

Ahora bien, lamentablemente puede darse el caso de que irreflexivamente decidamos compartir con el “mundo mundial” nuestras emociones u opiniones y los publiquemos en las redes sociales.  Es entonces cuando comprobaremos con horror la enorme difusión que tiene cualquier tontería o lo que es peor, chistecito de mal gusto, amenaza encubierta o no, etc… actualmente existen muchos ejemplos conocidos por todos.

Ahora bien ¿qué hacer si somos nosotros los de la metedura de pata? la periodista Clarisa Sekulits en su articulo publicado en el Diario Expansión recopila los consejos de expertos sobre el tema.

Lo habitual es no querer saber nada de las redes sociales y se siente un fuerte deseo de abandonarlas para siempre jamás. Es comprensible esta actitud pero poco práctica, entre otras cosas porque necesitaremos de éstas para reconstruir nuestra marca.  Además, cada vez es mas frecuente que las empresas esperen (o exijan) de sus empleados que sean activos en las redes sociales.

Indudablemente hay que encarar la “salida de pata de banco” con humildad y sobre todo ser sinceros.  Es necesario pedir disculpas al ofendido (es posible que esto nos evite querellas) y a partir de aquí y durante un tiempo, hay que mantener un perfil bajo y lo mas silencioso posible.

Además, es necesario iniciar una estrategia para reparar los posibles daños colaterales (o no tan colaterales):

  • Ponerse al habla con  nuestra empresa, no olvidemos que el perfil privado y el profesional están unidos inevitablemente, lo que invalida aquello de “se trata de una opinión personal”.
  • Publicar poco o nada durante un tiempo  y tener en cuenta que las nuevas publicaciones deben tocar temas muy alejados de aquello que ocasionó la metedura de pata.
  • Reconstruir nuestra marca personal y profesional que inevitablemente se habrá visto dañada.

Y, ¿qué hacer si nuestro error ha ocasionado el despido? Después de las lamentaciones propias de la situación, hay que trazar un plan de búsqueda del nuevo empleo. Entre otras cosas, no es necesario contar durante la entrevista lo ocurrido pero si el entrevistador conoce el tema y pregunta, hay que responder sinceramente y explicar cómo se ha gestionado el problema, lo que puede ser un punto a favor.

Finalmente, prevenir es mejor que curar, antes de  publicar algo, piensa las consecuencias y ¡NO TROPIECES DOS VECES EN LA MISMA PIEDRA!

MARCA PERSONAL Y PROFESIONAL

CUANDO DEJAS DE SER TU MISMO

Es complicado, ya lo se pero hay etapas en la vida que no somos nosotros mismos y no es que se nos haya “ido la olla” sino porque la vida o el destino nos somete a pruebas inesperadas y todo lo que dábamos por sentado, está fuera de nuestro alcance.

Son circunstancias que nos llevan a comportarnos de forma distinta a la que nos caracteriza y cómo nos perciben los que nos rodean.

Se trata de  circunstancias sobrevenidas, con las que no contamos y que remueven hasta los cimientos nuestra forma de ser y proceder.  Se trata de circunstancias personales: la pérdida de un ser querido, un problema de salud –ya sea de la propia o de alguien muy cercano-   una ruptura, un problema laboral, entre otros.

De repente y sin que seamos conscientes la mayoría de las veces, nos mostramos más irritables o mas apáticos, dejamos de cumplir nuestros compromisos o nos volvemos intransigentes o mas tolerables; no existe una pauta de carácter general, en todo caso, dejamos de ser nosotros mismos.

La realidad es que nos hemos visto golpeados por la mas cruel realidad y la gran pregunta es como superarlo.

Considero que hay tres fases que nos llevan a superar, en la mayoría de los casos, la situación.

Durante la primera fase, no entendemos qué es lo que ocurre y se hace imprescindible comprender y aceptar lo que nos ha sucedido.  Es el momento de asumir el paro, la ruptura o el problema de salud.   Hay que hacer un análisis de la situación y comenzar a trazar una estrategia que nos permita revertir la situación, en la medida de lo posible.  Esta es la actitud positiva, la negativa sería llorar, desesperarse o pensar que el universo está en contra nuestra.

La segunda fase se orienta al desarrollo de la estrategia, fortalecer el ánimo y asumir que ciertas cosas quizá han desaparecido para no volver y hay que sacar el mayor partido posible a lo que conservamos.

En la tercera fase, hay que ponerse a la tarea, ser  resilientes ante la adversidad y muy positivos.

Ya se que no es fácil pero peor es encerrarse a pensar lo desdichados que somos y que nunca superaremos esta terrible situación.

 

¿POLITICAMENTE INCORRECTA O CONJURA “JUDEOMASONICA?

Este post es distinto, me aparto por una vez de mi interés por el empleo y recojo algunas reflexiones que posiblemente no serán todo lo políticamente correctas que se espera de mi y mucho menos, que vaya a hablar de futbol.

Nos vamos a limitar a los partidos (liga y copa) jugados durante el mes de diciembre y primeros días de enero.  Puede que no os lo creáis pero prácticamente todos los días ha habido al menos un partido y por supuesto de han retransmitido por radio y TV, incluso alguna emisora ha suspendido el servicio de noticias para no interrumpir “el enésimo partido del siglo”.

Todos los españoles parecen abducidos por un deporte que practican profesionalmente algunos señoritos que ganan cantidades obscenas que en muchos casos, tributan en paraísos fiscales y me hacen cuestionar muchos conceptos como la ética y la solidaridad, mientras otros, los peones, se sacrifican por contratos y salarios de risa.

Ahora bien, tanto Messi y Cristiano Ronaldo son adorados como si fueran el mismísimo Dios, sin ir mas allá de comentar su última gesta (un gol, un penalti o vete tu a saber….)

Todo ello me lleva a diversas consideraciones:

  • ¿Es el futbol realmente el opio del pueblo o pan y circo?
  • ¿Estamos tan cansados de la realidad que preferimos pensar y vivir el último gol?
  • ¿Existe una conjura para idiotizar a los españoles mediante el futbol?

Esta última posibilidad me comienza a preocupar.  Ya se que el fútbol es una máquina de hacer dinero y éste es ya un argumento suficiente.  Sin embargo,  voy más allá.  Todo el mundo está tan entretenido comentando la última salida de Luis Enrique que olvida la cruda realidad.

Según el CIS, las grandes preocupaciones de los españoles son el desempleo y la corrupción política pero ¿gastamos el mismo tiempo en discutir el último penalti que en buscar soluciones al desempleo o la corrupción?

Me temo que no, el futbol nos hace eludir u olvidar la cruda realidad.  Opio del pueblo, conjura… pero seguimos escuchando o viendo el partido y mientras nos enteramos que el 40 por ciento de los españoles no lee jamás.

Son hechos que me llevan a cuestionarme si los españoles somos totalmente idiotas o si realmente existe una conjura para convertirnos en eso, en idiotas.

 

 

 

 

 

 

EMPLEABILIDAD. LA PALABRA CLAVE PARA 2017

Pero en realidad, ¿qué quieren decir cuando hablan de empleabilidad?  Existen muchas definiciones pero quizá las más aproximadas son:

  • La suma de todas las habilidades, actitudes, conocimientos, experiencias y valores que poseemos y que ponemos al servicio de las organizaciones o instituciones donde laboramos.
  • El potencial que tiene determinado individuo (perfil profesional) en ser solicitado y deseado por la empresa.
  • La capacidad de determinado individuo de obtener la máxima rentabilidad de su perfil.
  • La condición de preparación para afrontar demandas inmediatas o futuras del mercado de trabajo.

Lo que nos lleva a un perfil laboral  con una excelente formación, competencias profesionales y habilidades sociales sin ningún problema para adaptarse a las exigencias de movilidad inherentes a este mercado laboral globalizado. ¿Existe esa rara avis?

El mercado laboral es un entorno altamente competitivo donde cada profesional debe diferenciarse del resto destacando aspectos como el conocimiento de idiomas, el manejo de herramientas tecnológicos, determinadas habilidades comunicativas, flexibilidad para viajar, la creatividad, la iniciativa o la motivación… Cuando se asiste a una entrevista de trabajo cada profesional debe ser capaz de adaptar su currículum a las necesidades del puesto de trabajo ofertado, de esta forma las posibilidades de éxito son mayores.

Sobre el papel, hasta parece fácil pero en la realidad, las cosas son bastante diferentes. En primer lugar, porque es difícil encontrar ese factor diferenciador que nos haga únicos entre nuestros pares.

Por otra parte, tampoco la movilidad geográfica y funcional tampoco es nada fácil para nosotros, tendemos a apegarnos tanto al puesto de trabajo como al “terruño”.  Quizá olvidamos la gran oportunidad que puede ser el cambiar de puesto e incrementar conocimientos y -desde luego- aquello que decía mi abuela: “viajar pule mucho”.

Como conclusión, la empleabilidad parece ser una de las palabras de moda pero conviene meditar si realmente disponemos de esta condición.

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EL ARBOL TORCIDO O NO SOMOS PERFECTOS

 

 

LAS CLAVES DEL ÉXITO

He estado reflexionando sobre el éxito y las claves para lograrlo porque me han pedido que hable en una universidad madrileña sobre el tema.

El éxito no es igual para todos, en realidad es bastante subjetivo.  Para algunos, el éxito es sinónimo de poder: para otros es riqueza y para muchos más, el éxito es sinónimo de felicidad.

En muchos casos, sin duda el éxito va acompañado de poder, riqueza y felicidad pero no siempre ocurre así. Cuantas veces las personas que alcanzan el éxito son infelices o no tienen todo el poder que creen merecer.

Todo ello me lleva a un callejón sin salida, el concepto es subjetivo que quizá podríamos reducir de un modo simplista al LOGRO DE LOS OBJETIVOS.

Entonces, quizá lo más coherente es analizar las claves que favorecen el logro de los propios objetivos y por tanto del propio éxito que no tiene porqué estar vinculado al poder, el dinero o la felicidad.malas-noticias

Salvo contadas excepciones, el éxito no llega por casualidad, requiere esfuerzo, dedicación y sobre todo pasión. Es importante divertirse mientras llega el ansiado éxito y no desfallecer ante el fracaso.

Pformacionor otra parte es necesario estar formándose continuamente y no solo en las cuestiones relacionadas con los propios objetivos, la curiosidad y las ganas de aprender son comunes a todas las personas que triunfan.

Sin duda, el marketing propio y una marca personal significativa son elementos imprescindibles para lograr el éxito. Lo ha sido siempre y aún mas en el proceloso mundo 2.0.

marca-personal

Finalmente, networking-2tener un millón de amigos, como dice la canción, no es relevante.  Lo verdaderamente importante es la red de contactos, colaborar y que colaboren contigo. Mantener y valorar esta red.

Para terminar y a modo de conclusión:

  •  El éxito es un concepto subjetivo, que no significa lo mismo para todos.
  • No se alcanza sin esfuerzo. Hay que ser persistente y resiliente y además disfrutar de lo que estamos haciendo.  La pasión es imprescindible.
  • Requiere curiosidad y ganas de aprender.
  • Una sólida marca personal es importante en el camino del éxito.
  • La red de contactos es imprescindible.

Lectura recomendada MARCA PERSONAL Y PROFESIONAL

 

 

 

 

El “networking” ¿por qué y para qué?

La primera cuestión, aunque no la única, es el por qué.  Y aquí  me surgen recuerdos de mi más tierna infancia.  Mis padres se preocuparon y ocuparon acerca de la elección del colegio al que iba a asistir.  Les interesaba que fuera bilingüe y también con quién me iba a relacionar.

claudiaDurante mucho tiempo consideré a mis padres como un poco frívolos.  No parecía preocuparles ni la exigencia del colegio,  ni cosas similares.  Parecía que su gran preocupación era que supiera comunicarme en más de un idioma y que tuviera buenas relaciones.

Ahora en el otoño de mi vida, comienzo a comprender a mis padres.  Querían dotarme de las suficientes habilidades de comunicación como para que, supiera lo que supiera, pudiera hacerlo valer.

Mis padres ignoraban totalmente aquello del networking pero sabían que quien se relaciona bien, tiene mayores posibilidades de éxito.

Este recuerdo me ha llevado a reflexionar seriamente acerca del famoso networking o red de contactos en español.

Permitidme una digresión ¿por qué nos empeñamos en usar palabras en inglés (además de networking, face to face, bulling, etc.) cuando en español existen los términos idóneos y además generalmente más ilustrativos? ¿Será por esnobismo o petulancia o por pura ignorancia?

Perdón por la digresión y volviendo al networking, ¿qué es realmente?

La construcción de relaciones o “Networking” en inglés es la habilidad para  relacionarse socialmente con el objetivo de  hacer contactos y cooperar.

Montse Mateos en su estupendo artículo EL ARTE DEL “NETWORKING” O HACER AMIGOS”  establece que tener contactos no es nada nuevo, no solo ha existido siempre, aunque ahora contemos con herramientas como Twitter, Facebook y LinkedIn.

Construir una red de relaciones requiere:

Tener contactos y saber utilizarlos. La red contactos la forman aquellas personas de nuestro entorno personal y profesional con las que se comparten experiencias, intereses, u otros contactos. Todas tenemos nuestra propia red, aunque en algunos casos no se valora su potencial.

Si se hace una lista rápida de las personas con las que nos relacionamos en nuestro entorno y de los lugares y responsabilidades que ocupan, resulta sorprendente la cantidad de contactos de que se dispone.

  • Esta “red” es esencial para: identificar oportunidades profesionales y sociales
  • La “red” funciona si se actualiza continuamente y se mantiene.

Es saber cooperar con otras personas o entidades para conseguir fines comunes. No debe confundirse cooperación con “mafia”, “tráfico de influencias” o “amiguismo”. Conocer gente y saber sacar la máxima ventaja de las relaciones sociales, familiares y profesionales es algo totalmente lícito, conveniente y positivo para cualquier persona y más aún en el proceso de búsqueda de empleo.

La segunda cuestión es el ¿para qué?

La característica más importante de la red es el beneficio mutuo: las redes se construyen sobre la base de la “cooperación bilateral”. Cuando se establece una relación hay que pensar no sólo lo que necesitamos de esa persona, sino también lo que podemos ofrecerle. “Yo te ayudo, tu me ayudas” es el ingrediente básico. Sin embargo y a diferencia del “enchufe”, la  red se basa en la creencia compartida de que ayudarse es positivo y merecido por ambas partes, más allá del mero intercambio de favores.

Hay que ser:

  • Creativo para idear formas de colaboración que sean beneficiosas para todas las partes.
  • Proactivo y no quedarse esperando a que alguien contacte con nosotros, la red depende de nuestra actitud: paciencia, humildad y una cierta dosis de ambición.

Cuanto mayor y mejor cualificada sea esa red, mejores posibilidades de desarrollo profesional tendremos y mas oportunidades de éxito personal y/o empresarial.

Todo me lleva a concluir que después de todo, mis padres tenían una gran dosis de razón:  me estaban proporcionando dos herramientas poderosas, como la posibilidad de comunicarme en más de un idioma y estar en un entorno adecuado.  También les preocupaba que correspondiera adecuadamente cuando me hacían un favor o recibía una invitación (cooperación bilateral).  Me animaron a ser proactiva y creativa. Puede que no  hubieran oído jamás el término networking pero sabían de qué se trataba.

Y tu, querido lector, ¿qué opinas del networking?