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CUANDO DEJAS DE SER TU MISMO

Es complicado, ya lo se pero hay etapas en la vida que no somos nosotros mismos y no es que se nos haya “ido la olla” sino porque la vida o el destino nos somete a pruebas inesperadas y todo lo que dábamos por sentado, está fuera de nuestro alcance.

Son circunstancias que nos llevan a comportarnos de forma distinta a la que nos caracteriza y cómo nos perciben los que nos rodean.

Se trata de  circunstancias sobrevenidas, con las que no contamos y que remueven hasta los cimientos nuestra forma de ser y proceder.  Se trata de circunstancias personales: la pérdida de un ser querido, un problema de salud –ya sea de la propia o de alguien muy cercano-   una ruptura, un problema laboral, entre otros.

De repente y sin que seamos conscientes la mayoría de las veces, nos mostramos más irritables o mas apáticos, dejamos de cumplir nuestros compromisos o nos volvemos intransigentes o mas tolerables; no existe una pauta de carácter general, en todo caso, dejamos de ser nosotros mismos.

La realidad es que nos hemos visto golpeados por la mas cruel realidad y la gran pregunta es como superarlo.

Considero que hay tres fases que nos llevan a superar, en la mayoría de los casos, la situación.

Durante la primera fase, no entendemos qué es lo que ocurre y se hace imprescindible comprender y aceptar lo que nos ha sucedido.  Es el momento de asumir el paro, la ruptura o el problema de salud.   Hay que hacer un análisis de la situación y comenzar a trazar una estrategia que nos permita revertir la situación, en la medida de lo posible.  Esta es la actitud positiva, la negativa sería llorar, desesperarse o pensar que el universo está en contra nuestra.

La segunda fase se orienta al desarrollo de la estrategia, fortalecer el ánimo y asumir que ciertas cosas quizá han desaparecido para no volver y hay que sacar el mayor partido posible a lo que conservamos.

En la tercera fase, hay que ponerse a la tarea, ser  resilientes ante la adversidad y muy positivos.

Ya se que no es fácil pero peor es encerrarse a pensar lo desdichados que somos y que nunca superaremos esta terrible situación.

 

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¿POLITICAMENTE INCORRECTA O CONJURA “JUDEOMASONICA?

Este post es distinto, me aparto por una vez de mi interés por el empleo y recojo algunas reflexiones que posiblemente no serán todo lo políticamente correctas que se espera de mi y mucho menos, que vaya a hablar de futbol.

Nos vamos a limitar a los partidos (liga y copa) jugados durante el mes de diciembre y primeros días de enero.  Puede que no os lo creáis pero prácticamente todos los días ha habido al menos un partido y por supuesto de han retransmitido por radio y TV, incluso alguna emisora ha suspendido el servicio de noticias para no interrumpir “el enésimo partido del siglo”.

Todos los españoles parecen abducidos por un deporte que practican profesionalmente algunos señoritos que ganan cantidades obscenas que en muchos casos, tributan en paraísos fiscales y me hacen cuestionar muchos conceptos como la ética y la solidaridad, mientras otros, los peones, se sacrifican por contratos y salarios de risa.

Ahora bien, tanto Messi y Cristiano Ronaldo son adorados como si fueran el mismísimo Dios, sin ir mas allá de comentar su última gesta (un gol, un penalti o vete tu a saber….)

Todo ello me lleva a diversas consideraciones:

  • ¿Es el futbol realmente el opio del pueblo o pan y circo?
  • ¿Estamos tan cansados de la realidad que preferimos pensar y vivir el último gol?
  • ¿Existe una conjura para idiotizar a los españoles mediante el futbol?

Esta última posibilidad me comienza a preocupar.  Ya se que el fútbol es una máquina de hacer dinero y éste es ya un argumento suficiente.  Sin embargo,  voy más allá.  Todo el mundo está tan entretenido comentando la última salida de Luis Enrique que olvida la cruda realidad.

Según el CIS, las grandes preocupaciones de los españoles son el desempleo y la corrupción política pero ¿gastamos el mismo tiempo en discutir el último penalti que en buscar soluciones al desempleo o la corrupción?

Me temo que no, el futbol nos hace eludir u olvidar la cruda realidad.  Opio del pueblo, conjura… pero seguimos escuchando o viendo el partido y mientras nos enteramos que el 40 por ciento de los españoles no lee jamás.

Son hechos que me llevan a cuestionarme si los españoles somos totalmente idiotas o si realmente existe una conjura para convertirnos en eso, en idiotas.

 

 

 

 

 

 

El sorprendente caso de la orquidea resiliente

La orquídea normalmente es una planta que podríamos calificar de “delicadita”.  Necesita unas condiciones de humedad, luz y orientación que raramente conseguimos en Madrid.  El año pasado me regalaron una orquídea que cuando llegó a casa era una maravilla.  Para conservarla, hice lo indecible pero comenzó a languidecer en cuanto pasaron unos días, a pesar de mis desvelos.

Cuando se convirtió en una especie de maceta con dos ramas peladas y cuatro hojas verdes, la desterré al patio.  Ahí ha pasado el invierno, casi sin riego (porque estaba tan feíta que francamente, no valía la pena) y totalmente olvidada.

Llegó la primavera y sorprendentemente comenzó a brotar.  Actualmente esta hecha una preciosidad, parece que no le afecta ni el frio del invierno madrileño y tampoco el tórrido verano.   Ahora con 35 grados sigue floreciendo.

Supongo que estarán preguntándose  por qué estoy hablando de esta terca orquídea, la verdad es que inevitablemente me ha hecho reflexionar sobre la resiliencia. Porque sin lugar a dudas, esta orquídea es extrañamente resiliente, se ha sabido adaptar a las condiciones más adversas y no solo ha sobrevivido sino que ha florecido esplendorosamente.

Todo  ello me ha llevado a pensar sobre las personas y la resiliencia.  Conviene que comencemos aclarando el concepto:

La resiliencia es la capacidad que todos tenemos de adaptarnos y afrontar las situaciones menos favorables. Un concepto bien conocido por la psicología pero poco conocido y analizado por el ciudadano de a pie.

El término proviene del latín resilio, es decir, volver atrás, dar un salto o rebotar, como les ocurre a las gomas elásticas cuando se estiran y regresan a su estado inicial. El concepto se comenzó a emplear en física y fue Michael Rutter quien lo acuñó en 1972 para las ciencias sociales.

Pero ser resiliente no parece una cualidad innata, hay personas a las que les cuesta menos resistir o afrontar los malos tiempos o puede que se enfrenten a la adversidad con una actitud diferente.1_foto-resiliencia

Las personas resilientes poseen tres características principales:

  • Saben aceptar la realidad tal y como es
  • Tienen una profunda creencia en que la vida tiene sentido

Tienen una inquebrantable capacidad para mejorar.

Adicionalmente, tienen una serie de habilidades que son muy características:

  • Identifican de manera precisa las causas de los problemas para impedir que vuelvan a repetirse en el futuro.
  • Controlan sus emociones, sobre todo ante la adversidad y pueden permanecer centrados en situaciones de crisis.
  • Controlan sus impulsos y su modo de proceder ante en situaciones de alta presión.
  • Son optimistas a la vez que realistas. Es decir, piensan que las cosas pueden ir bien, tienen una visión positiva del futuro y piensan que pueden controlar el curso de sus vidas, pero sin dejarse llevar por la irrealidad o las fantasías.
  • Tienen una alta autoestima.
  • Actúan con empatía.Son empáticos.  Disponen de la habilidad de leer las emociones de los demás y conectar con ellas.
  • Buscan nuevas oportunidades, retos y relaciones para lograr más éxito y satisfacción en sus vidas.

Como la orquídea loca, aguantan la adversidad pero se preparan para renacer en cuanto las circunstancias sean más favorables.

top-Superhero-comic-character-Clark-Kent-SupermanPor supuesto, siempre es más fácil decir que hacer.  Ante la adversidad, todos nos sentimos hundidos y frágiles, es lógico porque somos humanos y no superhéroes. Pero las personas resilientes saben sobreponerse rápidamente, analizan la situación de manera realista y buscan nuevas oportunidades.

Y tu lector ¿eres resiliente? Y no me contestes que “según y cómo”.  Reflexiona: ¿Cómo has reaccionado ante un revés económico?  ¿Ante el paro? Me gustaría recibir tus comentarios.

 

 

Cuando “se nos va la olla”

Ya se que decir que “se nos va la olla” no resulta demasiado correcto. Para mis lectores en Latinoamérica, quizá la traducción más próxima sería que a alguien se le va la olla cuando se distrae, dice tonterías y hace locuras o se le olvida algo. Sirve para cualquiera de las tres situaciones, las cuales son diferentes entre sí, pero igualmente válidas.

Se nos va la olla cuando nos distraemos y  olvidamos lo que realmente nos importa. Parece que me repito, pero no podemos olvidar lo que es verdaderamente importante para nosotros.  Olvidamos nuestros objetivos y sueños porque estamos inmersos en el día a día.

Nos dejamos llevar por lo inmediato y lo urgente:  esa reunión que hay que organizar, ese compromiso adquirido en un momento de debilidad y al final del día nos  encontramos con que no hemos hecho absolutamente nada en pro de lo que es verdaderamente importante, no para los otros sino para nosotros mismos.

Se nos va la olla cuando de repente parece que no somos nosotros, actuamos de forma distinta o irracional.  En muchos casos se debe a que queremos ser algo que no somos, me atrevería a decir, que por falta de autoestima.

La autoestima es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de nuestra manera de ser, de quienes somos nosotros y del conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad. Son muchos los expertos que señalan la importancia de tener autoestima para lograr éxitos en la vida.

En muchos casos no nos gusta como somos o no nos gusta la imagen que proyectamos.  Y entonces, se nos va la olla y puede que entremos en una escalada de tontería o locura.

El grado de autoestima varía dependiendo de múltiples factores, entre los que se incluye el ámbito familiar, la salud física y mental, el entorno social y cultural, los valores y objetivos personales, la edad, el aspecto personal, etc … Sin embargo, sobre todo lo anterior prevalece el concepto que la persona tiene sobre sí misma. Quien se conoce, sabe cuáles son sus fortalezas y debilidades y por lo tanto, se valora adecuadamente.

Es común que, como mucha gente en esta sociedad,  haya crecido con la idea de que está mal amarse a sí mismo, que eso es egoísmo.

Pero el amor a los demás está relacionado con el amor que nos tenemos a nosotros mismos. No se puede hacer felices a los demás si no nos sentimos felices con nosotros mismos, si no nos sentimos bien dentro de nuestra propia piel.

La falta de autoestima puede ser tan relevante en nuestra vida, que nos impida desarrollar actividades, para las cuales estamos capacitados.

autoestima

Hay que destruir los pensamientos irracionales de que se tiene un solo concepto de sí mismo y que éste es positivo o negativo siempre. Todos disponemos de determinadas fortalezas y debilidades y siempre se pueden modificar determinados comportamientos.

La falta de autoestima es en sí misma un terrible miedo al fracaso del que con frecuencia culpa a otros o a las circunstancias porque de algún modo no se quiere asumir el control de la propia vida. Las personas con poca autoestima muestran algunas o todas las características que se enumeran a continuación:

  • Desprecia sus cualidades, no las considera importantes
  • Se deja influir por los demás
  • No es amable consigo misma
  • Se siente impotente y menos que los demás.
  • A veces actúa a la defensiva
  • Dice tener la autoestima bien alta sin que nadie le pregunte.
  • A veces culpa a los demás por sus faltas y debilidades
  • No se quiere y no respeta su cuerpo
  • A veces se hace daño a sí mismo
  • No le importa su entorno
  • Se siente despreciado
  • Suele buscar pretextos por sus errores

En otras ocasiones reaccionamos irracionalmente, se nos va la olla una barbaridad y perdemos el control de nuestras emociones, por ejemplo ante un sentimiento de ira.

Todo ser humano siente una cierta dosis de ira, furia, tristeza y ansiedad bajo circunstancias determinadas. Asimismo es normal sentir alegría, amor o felicidad. Evidentemente, hay ciertas emociones de carácter negativo que deben dominarse  cuando surgen en un entorno en el que resultaría inadecuado expresarlas, por ejemplo en el entorno laboral.   Sin embargo, cuando la ira o la envidia, la ansiedad u otra emoción de características similares  nos acechan y amenazan con controlarnos, podemos admitir estas emociones en nuestro fuero interno e intentar canalizarlas.

Algunas emociones son peor aceptadas que otras, todo el mundo parece dispuesto a aceptar la tristeza o la alegría en los demás pero considera inaceptable la ira.

Cuando hablamos de ira nos referimos a una reacción especialmente virulenta  que se experimenta cuando nos falla algo que esperábamos. En general proviene del deseo de que el mundo y la gente sean diferentes a lo que realmente son.

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 Cuando las circunstancias no se ajustan a las expectativas, se experimentan sentimientos de frustración, aunque se puede aprender a actuar de forma distinta cuando se experimentan estos sentimientos, lo más probable es que se siga sintiendo rabia, irritación y desilusión pero la ira puede ser eliminada si se cambia el enfoque.

Como puede observarse, la olla se nos  puede ir por múltiples razones aunque aquí se exponen las más relevantes, muy relacionadas con la inteligencia emocional.

Como-sobrevivir-al-cambio-inteligencia-emocional-y-social-en-la-empresa-i1n2004535LECTURA RECOMENDADA http://www.casadellibro.com/libro-como-sobrevivir-al-cambio-inteligencia-emocional-y-social-en-la-empresa/9788492735129/1484577

 

 

TENER Y NO TENER

“De todos los conocimientos posibles, el más sabio y útil es conocerse a sí mismo”

William Shakespeare

Como en la antigua película “Tener y no tener” del director Howard Hawks, la importancia de determinadas competencias marca en un alto porcentaje la trayectoria profesional, en esta historia, genialmente interpretada por Humphrey Bogart, Walter Brennan y Lauren Bacall,  Harry Morgan y Eddie son dos marineros que están en la isla de Martinica, esperando inútilmente que algún barco los contrate. Al final, se verán obligados a trabajar para la Resistencia.

Aquí tenemos un claro caso de cambio en la trayectoria profesional, los dos marineros realmente están buscando trabajo en un barco pero, las circunstancias (Segunda Guerra Mundial) o sus habilidades y competencias, los llevan por otro camino.

Posiblemente, los marineros se sentían muy dotados para su trabajo como marineros, sin embargo, alguien vio su potencial como miembros de la resistencia.

¿Son únicos?  me parece que no.  Todos o al menos la mayoría, somos más polivalentes de lo que creemos y en este mercado laboral tan competitivo, no debemos esperar a que alguien descubra nuestras habilidades “ESCONDIDAS”.  Tenemos que buscarlas dentro de nosotros mismos.

Y aquí como siempre, por otra parte, surge la necesidad de autoanálisis y autoconocimiento.

El auto-conocimiento o conciencia de uno mismo es la primera aptitud de la Inteligencia Emocional (IE)[1]. Parte de que, si no se conoce bien a si mismo, si no se es  consciente de cuáles son las propias fortalezas y debilidades en este aspecto de la personalidad, si no se  aprende a identificar los estados de ánimo y las emociones y las consecuencias que éstas pueden tener en la forma de comportarse, difícilmente se podrán controlar las  reacciones y utilizarlas productivamente.

Daniel Goleman[2] denomina  el reconocimiento de nuestras emociones y sus efectos como conciencia emocional.  Define esta aptitud personal de la siguiente forma: ”Conocer los propios estados internos, preferencias, recursos e intuiciones”.

Plantea que las personas dotadas de esta aptitud:

Saben reconocer qué emociones están sintiendo y por qué

  • Comprenden cómo afectan sus sentimientos y emociones a su comportamiento (lo que hacen, dicen y como lo dicen)
  • Saben como afectan sus emociones a su rendimiento profesional
  • Tienen una gran certeza de sus valores y metas

Conocer nuestras emociones puede  proporcionarnos información valiosa sobre nosotros mismos, sobre otras personas y sobre determinadas situaciones.

Como un deportista dispuesto a batir un record en una carrera de larga distancia, antes de intentarlo es necesario conocer los aspectos que nos limitan, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades. Es importante el conocimiento de uno mismo.

Conocerse a sí mismo es importante, el corredor de fondo conoce su fuerza y también sus debilidades. Del mismo modo, es necesario saber con qué contamos al emprender esta carrera de fondo que es la búsqueda de empleo.

Es necesario preguntarse cuáles son nuestros puntos fuertes, qué nos distingue de otros candidatos, es decir cuál es ese factor que nos diferencia.

Con este objetivo, hay que analizar en qué somos realmente buenos y no solo con respecto a la formación, hay que pensar igualmente en las aptitudes y actitudes.

En síntesis, para conocerse a uno mismo es necesario realizar un análisis de:

  • Conocimientos
  • Experiencia profesional Habilidades y capacidades
  • Características personales
  • Intereses

Todas las personas tienen características, conocimientos o habilidades que las distinguen del resto de los candidatos a un puesto de trabajo específico y precisamente este factor diferenciador es el que hay que destacar.

Dicho de otra forma, es posible que otros candidatos tengan una formación similar pero no todos tendrán las mismas aptitudes. Algunos tendrán conocimientos y habilidades que no tienen otros.  Por ejemplo, habrá candidatos capacitados para  trabajar bajo presión pero sin orientación de servicio al cliente interno y externo, por ello es impensable que trabaje en departamentos relacionados con la atención al cliente pero estaría perfectamente capacitado para colaborar con el departamento de proyectos. Otros, tienen una capacidad de atención al detalle que sumado a sus conocimientos de contabilidad pueden convertirlo en un empleado estrella en cuestiones relacionadas con facturación, y así podrían plantearse cientos de ejemplos.

Las habilidades y capacidades nos caracterizan como personas, algunas son innatas, adquiridas o ambas. Por ejemplo, ¿quién no conoce a algún magnífico comunicador?  ¿Es innata su fluidez verbal o se debe a su trayectoria profesional?

Cada persona tiene ciertas habilidades para la realización de unas cosas o de otras, se deben conocer y reflexionar sobre ellas antes de comenzar la búsqueda de empleo ya que puede actuar como un complemento importante a la hora de acceder al mismo.

Las características personales, son un conjunto de rasgos que definen a una persona tal y como es, la forma de verse a uno mismo y de cómo le ven los demás. El conocimiento de dichas características es fundamental.

También hay que hacer  un inventario de conocimientos, ligados o no a la profesión. ¿En qué soy más diestro? Por ejemplo, los idiomas  o el dominio de la ofimática.  Por otra parte, aunque no se haya recibido formación específica, es posible que se disponga de una habilidad especial para el dibujo o la música o, ¿por qué no? la cocina.

Este inventario de conocimientos pertenece a la propia persona y no es necesario compartirlo con otros. Se realiza con el fin de tener por escrito qué se sabe, qué se sabe mejor que la media y sobre todo, en qué conviene mejorar. Cuando se busca trabajo no puede luchar contra factores externos tales como  la situación del mercado laboral,  las crisis de los mercados o los riesgos o factores negativos de la globalización, pero sí mejorar los internos.

Dadas las circunstancias, muchos candidatos optan  a una posición, y la realidad es que todos los candidatos son muy parecidos: los mismos estudios, idiomas, experiencias internacionales….mucha similitud. Pero, ¿quién es el que al final lo consigue? Pues aquel que se ha fijado en cuidar los detalles.

Detalles que aportan la diferencia: networking, buen curriculum, buena presentación, buena presencia en la entrevista, mejor explicación de sus virtudes al entrevistador, carisma, empatía, imagen…

Del cuidado de los pequeños detalles saben mucho los deportistas, y sobre todo, cuando practican deportes de alta competitividad basadas no sólo en la pericia sino en la preparación.

Buscar trabajo es un proyecto que tiene que tener prioridad sobre otros.

deportistas

[1] Término acuñado por dos psicólogos de la Universidad de Yale (Peter Salovey y John Mayer) y difundida mundialmente por el psicólogo, filósofo y periodista Daniel Goleman

[2] La Práctica de la Inteligencia Emocional, Goleman, págs. 74-85.

Lectura recomendada: BUSCAR TRABAJO ES UN TRABAJO http://www.fundacionconfemetal.com/buscar-trabajo-es-un-trabajo-1041.html

PERMITEME QUE INSISTA, TU ERES DIFERENTE

Como en el anuncio en el que Matías Prats reitera la frase “permíteme que insista”,  hoy insisto también con reiteración.  Insisto en que todos tenemos un factor diferenciador, que forma parte de la marca personal y factor diferenciadornos hace profesionales distintos y valiosos y precisamente por eso, es necesario ponerlo en valor.

Tanto si tienes trabajo como si estás en búsqueda activa de empleo, como dicen en LinkedIn, el hecho de tener una marca personal adecuada puede ser crucial profesionalmente.

Todos somos similares, con nuestras emociones, sentimientos, capacidades, conocimientos y valores pero siempre hay algo que nos diferencia de los demás.

Pero, para encontrar eso que nos distingue y nos convierte en únicos, es necesario conocernos a nosotros mismos y también, por supuesto, saber cómo nos perciben los demás.

Se trata de hacer un exhaustivo y desapasionado análisis de todo aquello que conforma nuestro yo:

  •  Cómo somos

Es necesario ser muy objetivo para conocer las fortalezas y debilidades.

  • Qué sabemos

Hay que hacer un inventario de conocimientos sin dejar de lado aquellos que podrían considerarse no académicos.

  • Cuál es nuestra experiencia

En este epígrafe tienen que constar no solo las experiencias profesionales remuneradas, también es necesario analizar cualquier labor de voluntariado, si la hubiere.

  • Cómo nos comportamos ante diversas situaciones

Esto nos dará una clara visión de cómo nos enfrentamos a situaciones de estrés, cómo gestionamos el conflicto o como expresamos nuestra alegría o tristeza.

  • Cómo nos relacionamos

negociación

Esto nos dará una clara idea de si somos extrovertidos o no, como nos comportamos con los amigos y conocidos, si nos gusta el trabajo en equipo o no, además nos facilitará el análisis sobre nuestras habilidades de comunicación.

Aparentemente es algo fácil, pero… permíteme que insista, no es tan sencillo ser objetivo con uno mismo.

Por ello, conviene que algunos allegados nos digan, con método, cómo nos perciben.

Un buen procedimiento es elaborar un pequeño cuestionario, con preguntas del tipo:

  • ¿Qué es lo primero que piensas cuando me ves?
  • ¿Cómo crees que soy?
  • ¿Cómo actúo en situaciones de crisis?
  • ¿Cuál es mi principal defecto?
  • ¿Cuál es mi mejor cualidad?
  • ¿Me contratarías se fueras empresario?
  • ¿Por qué?

Esta es mi propuesta pero admite múltiples variables.

Hay que plantear las preguntas a nuestros allegados: familiares, amigos (verdaderos), compañeros de estudios y trabajo, profesores, etc. pero hay que olvidar tíos y abuelos favoritos, personas resentidas o envidiosas, falsos amigos… etc. por su carencia de objetividad.

En todo caso, si bien, el auto-análisis tiene que ser exhaustivo, el cuestionario debe ser breve por razones prácticas.

Tras el auto-análisis y la información de cómo nos perciben los demás, es posible que nos sintamos sorprendidos.

La sorpresa puede surgir por la divergencia entre como nos vemos a nosotros mismos y como nos ven los demás.  También es posible que, de pronto ante el inventario de nuestros conocimientos, nuestra autoestima suba algunos grados y eso nunca es malo.

Pero la situación de los profesionales ha cambiado radicalmente, ya no es suficiente, aunque sí imprescindible, tener una buena formación, dominar al menos dos idiomas y si fuera posible, un máster.  Todo ello es necesario pero no es una garantía de una brillante carrera profesional porque hay cientos con una preparación similar.

Al día de hoy ya son muchos los que consideran necesario hacer su propio marketing ya que lo normal es que para un puesto de trabajo haya muchos candidatos que reúnen las condiciones requeridas.

Permíteme que insista, ser bueno y muy cualificado ya no es suficiente, hay que diseñar una estrategia de marketing, que no es, como algunos creen, enviar el curriculum a diestra y siniestra.

Conviene quizá aclarar lo que no es una marca personal:

  •  No es una muestra de narcisismo. Mostramos lo que somos, porque queremos tener la opción de que nos conozcan. Por ello es totalmente contraproducente mentir o exagerar.
  •  La marca personal no se gestiona exclusivamente en internet, que  por supuesto es una gran herramienta para darnos a conocer, pero no la única. Un reciente informe de ADECCO sobre redes sociales  y mercado de trabajo determina que cada seis de diez compañías utiliza este medio de selección de candidatos y que el 64% de los departamentos de recursos humanos estima que un profesional activo en las redes sociales tienes mayores oportunidades laborales.
  •  Tampoco es tu imagen personal, aunque por desde luego, la imagen es parte de la marca.
  •  La marca personal no es un concepto nuevo, siempre ha habido personas que buscaban dejar una huella en los demás, que querían mostrar que sabían hacer algunas cosas mejor que nadie y que se esforzaban en darse a conocer. La diferencia es que actualmente se planifica y gestiona la marca de modo similar al de las empresas respecto a sus marcas.
  •  Tampoco la marca personal puede ser una forma de marketing engañoso, ya sabemos que las mentiras tienen las patas muy cortas.
  •  La marca personal no es algo que se pueda construir en una tarde. Se trata de una labor constante y persistente.
  •  El curriculum no es tampoco la marca personal, sino parte de ésta.

Permíteme que insista, nadie va a gestionar tu carrera profesional, ni tu propio marketing sino tu debes hacerlo

carrera de fondo

COMUNICANDO, COMUNICANDO ….. ¿ES CIERTO QUE AHORA NOS COMUNICAMOS MAS?

zombie-celular-20“Nunca hemos tenido tantas posibilidades para comunicarnos como ahora.  Realmente vivimos en una sociedad hiperconectada” Enrique Dans

Desde luego disponemos de todos los medios que nos proporciona la Sociedad de la Información.   Todos tenemos un teléfono inteligente que, además de ofrecer la posibilidad de establecer contacto con cualquier persona en cualquier lugar del mundo y a cualquier hora, bien por teleconferencia (Skype o  Whatsapp), por correo electrónico o por cualquiera de las herramientas de mensajería (Whatsapp, Telegram, Line, etc….).

También están las redes sociales en las que contamos a propios y extraños cómo nos sentimos, dónde estuvimos y qué comimos.

Parece que jamás hemos logrado tanta comunicación como ahora y sin embargo… me temo que comenzamos a vivir en un mundo que nos permite contar lo bien que lo pasamos ayer, a veces a perfectos desconocidos y no le contamos a las personas más próximas nuestras preocupaciones o alegrías.  Hemos llegado a un punto en el que nos cuesta interesarnos por la salud de un familiar mientras comentamos, en el mejor de los casos, las noticias del día en Twitter…

zombie-with-phone-2-832x470-832x333Quizá nos estamos convirtiendo en lo que denomino el zombi moderno.   Como dice Javier Marías en su genial artículo “Los nuevos zombies” [1] “…a todos nos atrae mucho más intercambiar mensajes-píldora con los ausentes que departir con quien se halla presente. La verdadera conversación pertenece al pasado, a quién le interesa.”

Efectivamente, la comunicación cara a cara se cuida mucho menos, en algunos casos incluso podría decirse que para algunos es “agua pasada”.  Tanto es así que ha surgido un nuevo espécimen que podemos clasificar como el “zombi” moderno.

Este zombi, descrito con humor por el bloguero Antonio Navajas,  tiene las siguientes características:

  • Alimentación: Redes sociales y mensajes de texto. Adoran los tweets.
  • Características psicológicas: Normalmente son de inteligencia media-alta, aunque pierden toda capacidad cuando se conectan a internet.
  • Características físicas: Bastante torpes, es fácil chocarse con ellos en la calle. Debido a que siempre están sosteniendo un Smartphone, se puede decir que solo tienen un brazo útil.
  • Hábitat: Se concentran en las grandes ciudades, en las paradas de autobús, metro y otros transportes públicos. Se masifican en tiendas especializadas en telefonía.
  • Costumbres: Prefieren las redes sociales a la Vida Real y los followers al calor humano. Tratarán de captarte como amigo de Facebook o mejor aún como seguidor de Twitter.

Claro está que el espécimen descrito no somos ni esta autora ni tu lector, son gente a la que a lo mejor conocemos, que se mueven en un universo casi paralelo y ¿distinto? del nuestro.

Están cambiando muchas cosas pero desde luego lo que nunca cambiará es la necesidad inherente al ser humano de comunicar y si lo hacemos de forma eficaz, mucho mejor.

 

[1] Javier Marías, El País Semanal, Los nuevos zombies, publicado el 21 de abril de 2013

SI ES IMPORTANTE, NO ME LO DIGAS POR WHATSAPP… ¿CUESTIÓN DE ESTILO?

whatsappComienzo preguntándome si decir algo importante por Whatsapp es elegante, aunque visto lo visto últimamente, creo que el tema va mucho más allá.

Entiendo que dos adolescentes, tras un noviazgo de un par de semanas, lo dejen por Whatsapp.  Sin embargo, no entiendo que una mujer adulta termine una relación de seis años diciéndole al novio por este medio “te quiero pero no te amo y cortamos”.  ¿Tan difícil es dar la cara? ¿Tan poco respeto merece lo compartido a lo largo de la relación? Le dice “te quiero” pero le muestra poco aprecio, respeto y consideración.

Tampoco puedo entender que se estén produciendo, por parte de algunas empresas, comunicaciones de despido, finalización o no renovación de contrato vía Whatsapp.  Aparte de carecer de valor jurídico, estas empresas muestran, además de ninguna sensibilidad, falta de respeto hacia sus empleados y poca profesionalidad. Me ha hecho recordar que un jefe que tuve hace tiempo denominaba a las áreas de personal de las empresas, departamento de recursos inhumanos.

Finalmente, esta autora ha visto con “estos ojos que se ha de comer la tierra” como alguien dimite mediante un mensaje de Whatsapp y dentro de un grupo.  En este caso, además de a la carencia de valor jurídico y falta de estilo, quizá habría que añadir la ignorancia.

businessEn el primer caso, el de los novios, lo suyo habría sido una conversación sincera.

En el de las empresas, no es de recibo que se produzcan comunicaciones de despido o finalización de contrato por un medio tan informal. Ya es poco adecuado hacerlo por un medio tan frio como el correo electrónico, pero al menos es más formal y esta dotado de validez jurídica.

En el caso de la dimisión, parece que un escrito comunicando la voluntad de dimitir y agradeciendo a los compañeros su colaboración, resulta más elegante y además tiene valor jurídico.

Todo ello me lleva a concluir que ciertas comunicaciones por Whatsapp, además de mostrar una inmensa carencia de saber estar, estilo y buena educación, conlleva falta de respeto hacia los demás, poca sensibilidad, escasa educación, desconocimiento de las formas y nula profesionalidad.

Tras todo lo dicho, puede parecer que estoy en contra del Whatsapp y nada más lejos de la realidad.  Considero que es una estupenda herramienta para comunicarse que, aunque no es totalmente gratuita, es sumamente económica y prácticamente instantánea.  Los grupos pueden constituir una forma muy eficiente de mantenerse al día entre amigos, familiares, equipos de trabajo, etc…

Pero como toda herramienta, hay que conocerla (a las armas las carga el diablo).  Saber cómo funcionan los grupos y las listas de difusión y…. como no, la política de privacidad y seguridad de la herramienta.

Y volviendo al principio, por favor SI ES IMPORTANTE, NO ME LO DIGAS POR WHATSAPP.

¿HAY EMPRESAS QUE SON UN PARAISO? ¿Existe un Shangri-La en el trabajo?

felicidadShangri-La es el topónimo de un lugar ficticio descrito en la novela de James Hilton, Horizontes perdidos. Por extensión, el nombre se aplica a cualquier paraíso terrenal.  Yo me pregunto y os pregunto, si existe ese paraíso en el mundo laboral, esa empresa en la que nos podamos sentir felices, valorados y siempre o casi siempre en un estado de satisfacción.

Hoy no me refiero solo  a esas 100 mejores empresas para trabajar, aunque también las tengo en cuenta, por supuesto.

Pienso en todas las empresas en las que se puede conseguir la felicidad en el trabajo.  Ya se que vincular felicidad y trabajo parece un contrasentido.  Como dice un amigo mio, si para ir al teatro, pagas, lo mismo pasa con el futbol y el cine… Y sin embargo, por trabajar, te pagan… ALGO HAY.

¿Qué hace a unas empresas mejores para trabajar que otras?  Y sobre todo ¿por qué? A primera vista, parece muy relacionado con las personas que la dirigen pero hay mucho más. Tal-Ben Shahar, experto en Psicología Positiva y creador del “Curso de la felicidad” que imparte en la Universidad de Harvard, opina que:

El buen directivo entiende que los empleados necesitan tomarse algunos descansos durante el día, y tener tiempo de recuperarse cuando están en casa. Estando encima todo el tiempo no ayuda al empleado, y tampoco a la organización.”

Indudablemente, el estilo de dirección influye -de forma positiva o negativa- en la satisfacción y felicidad de sus empleados.

Pero hay otros muchos factores que pueden hacernos sentir mas o menos felices en el trabajo.  Según mi modesto entender, el más importante es que lo que hacemos nos apasione.  Si te encanta lo que haces y encima te pagan por ello…

Otro elemento a tener en cuenta es como los directivos valoran nuestro trabajo y como nos apoyan.

Un factor sumamente importante es, como no podía ser de otra manera, la remuneración y prestaciones adicionales (seguro médico, cheques de comida, etc…)  y como la empresa cumple el convenio, las disposiciones, leyes laborales y la forma en que se da la negociación sobre aspectos laborales.

Por supuesto también influye todo lo relativo al espacio físico y el lugar de trabajo, la limpieza, la higiene, salubridad y la temperatura del lugar de trabajo.

Cada persona es un mundo y por lo tanto, encontraremos las claves de la felicidad en el trabajo a lo mejor en algunos aspectos muy particulares.

Ahora bien, hay muchos profesionales que casi logran ese Shangri-La en su trabajo porque se sienten valorados, sino estupendamente bien remunerados, al menos razonablemente pagados; tienen un jefe que le entiende y aprecia, desarrolla su actividad en un entorno sano y agradable y un trabajo por el que muchos matarían y sin embargo, no valoran ese casi Shangri-La.

Posiblemente lo que voy a escribir a partir de ahora no sea del gusto de muchos de mis lectores, pero pienso que alguien tiene que decirlo y ¿por qué no yo?

Todos conocemos casos de compañeros o amigos, que tienen una maravilla de trabajo y o no se dan cuenta de lo que tienen o van de “sobrados” y creen que merecerían mucho más.

Aunque no daré nombres, todo lo que comento a continuación ha sido vivido por esta autora.

Empecemos por el caso de la chica que trabaja en una gran empresa, donde a pesar de su escasa preparación recibe un salario mas que adecuado y tanto sus jefes como sus compañeros la tratan de manera exquisita y sin embargo, no se sabe muy bien porque, su ausentismo laboral está por encima de la media.  Cuando recibe alguna orden que va a significar algo más de trabajo de lo habitual, si no está de baja por depresión, está de baja porque tiene un extraño dolor de espalda.  Lo raro es que cuando va a trabajar no parece que esté deprimida o cuenta a sus compañeros que ha estado jugando al paddle.  ¿Dónde está la depresión o el dolor de espalda? Y más importante ¿por qué infravalora su Shangri-La?

Sin duda, en este caso, mas vale caer en gracia que ser graciosa. Se trata de una persona muy agradable y sus compañeros están dispuestos a hacer parte de su trabajo porque realmente la aprecian.

Pero ¿qué ocurriría si por ejemplo, el jefe se marcha de la empresa o lo trasladan?  ¿Conservará nuestra amiga su trabajo o por el contrario lo pondrá en grave riesgo?

Otro caso es el de una asistente de alta dirección que tiene una magnífica relación con su jefe, una posición envidiable y es una apasionada de su trabajo.  Realmente es feliz pero… es despótica con las personas que la rodean, olvida la empatía o que la relación con los compañeros y otros directivos es importante, sean del rango jerárquico que sean.

Quizá olvida que no trabaja para una persona sino para la corporación. Pone en peligro su Shangri-La ya que aunque ahora tiene el apoyo del jefe, la movilidad laboral puede hacer que éste se vaya a otra empresa o a otro país.  Entonces, dado el cartel que tiene, posiblemente su vida ni sea tan cómoda ni el trabajo siga siendo el mismo.

Otro caso es el de ese comercial que obtiene muchas ventas exitosas pero que por supuesto, no es el que salva la cuenta de resultados de la empresa.  Sin duda tanto sus jefes como sus compañeros aprecian sus éxitos y su habilidad pero no es el “ungüento amarillo” es solamente un comercial brillante, sí pero no podemos considerarlo la estrella de las ventas, que es como él se considera.  Por ello pretende que todo el departamento gire en torno a él e incluso se permite el lujo de criticar agriamente a sus compañeros o al resto de la empresa.

No cabe duda de que va de “sobrado” y piensa que merece mucho, mucho mas. Sin embargo, a pesar de esta idea, sigue pensando que su empresa es un Shangri-La y no considera intentar buscar otra, entonces ¿por qué es tan déspota?

En estos tres casos, hay falta de formación y verdadero compromiso en el primero, en el segundo, parece un problema de carencia de inteligencia emocional (para esto también hay formación) y en el tercero, un exceso de autoestima.

Son casos extremos pero, en general, la mayoría de nosotros cuando tenemos un trabajo de calidad, parece que en algún momento lo olvidamos, despotricamos y lo que es peor, nos sentimos mal.

Seamos realistas, casi ninguna empresa es el paraíso ni tiene porque serlo. El objetivo de las empresas es generar valor para su accionista.  Para ello, cuenta con recursos humanos, tecnológicos, etc…  No pretende comportarse como una madre, en el mejor de los casos quiere potenciar a sus empleados, los forma y les proporciona las herramientas necesarias para su desarrollo.

Desde el punto de vista de nosotros los empleados, tenemos que sacar el mejor partido posible al trabajo (tan escaso al día de hoy), formarnos continuamente -tanto si la empresa nos proporciona la formación, como si debemos sufragarla con nuestros propios recursos.  También tenemos que recordar que ya no existen trabajos para toda la vida y estar preparados siempre para el cambio mientras disfrutamos de lo que tenemos.

Finalmente, os recomiendo la lectura del artículo

¿QUÉ SITUACIONES COMPLICADAS HABÉIS VIVIDO CON VUESTROS JEFES?

EL PARADO NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA

plumaComo en la novela de García Márquez –El coronel no tiene quien le escriba– las personas desempleadas casi nunca reciben respuesta a sus múltiples envíos (currículum, cartas de presentación, solicitudes de empleo, etc.), tampoco cuando finalmente consiguen una entrevista, vuelven a tener noticias.

Todos tenemos que comprender la actividad de los departamentos de recursos humanos, pero, ¿tan difícil es tener un modelo de mensaje o incluso dos?  Podrían comunicar a los posibles candidatos que han recibido la información y la tendrán en cuenta o  que el perfil no se ajusta a los requisitos de la empresa.

Así los parados no se sentirían como el coronel de la historia.  De hecho,  podrían analizar por qué no se ajustan a lo que una empresa en particular o a un perfil profesional específico.  Todo ello puede que haga que la persona interesada haga una revisión de su currículum o de su actitud.  En todo caso, siempre será positivo.

Por otro lado, debe la persona en desempleo esperar pasivamente a  que le escriban o llamen o por el contrario, tiene que ser proactivo.  Volviendo a la novela de El coronel no tiene quien le escriba, él espera su carta durante 15 años sin recibir respuesta alguna y no adopta ninguna medida al respecto, eso está bien para la literatura pero jamás para alguien en búsqueda activa de empleo.

En el trabajo de buscar trabajo es imprescindible actuar de forma proactiva. Dado que el parado no tiene quien le escriba, en algunos casos es mejor olvidarse del correo y aplicarse al teléfono.

El teléfono se utiliza básicamente para concertar entrevistas, realizar el seguimiento de las cartas de presentación enviadas y obtener información sobre empresas, ofertas y contactos profesionales. No se trata de estar todo el día “dando la brasa” sino se de ponerse en contacto cuando se hace llegar a una empresa la solicitud de empleo para verificar que se ha recibido.  También conviene llamar pasada una semana, cuando se ha sido entrevistado.

La comunicación telefónica no solamente se realiza a través de las palabras, existen otros elementos que trasmiten información en todo proceso de comunicación. Es lo que se denomina comunicación no verbal. Se refiere a la actitud,   el timbre, volumen, ritmo y tono de la voz, los gestos y sonrisas y la forma de escuchar. En este caso, también lo óptimo es encontrar el equilibrio: un timbre moderado, un volumen y ritmo medios, con tonos bien modulados e introduciendo las pausas necesarias, constituyen ese equilibrio perfecto.  

La sonrisa se “percibe por teléfono”. Refleja una actitud positiva, imprime a la conversación un carácter de cordialidad, amabilidad e interés, que el interlocutor percibirá y servirá para que su respuesta venga en el mismo tono.

Es posible que de forma consciente la presencia de la sonrisa pase inadvertida, pero siempre se percibe de forma inmediata su ausencia.   El procedimiento es sencillo, antes de levantar el auricular, se debe respirar profundamente, sonreír y a continuación realizar o responder la llamada.

A modo de reflexión se exponen algunas consideraciones a tener en cuenta:

  • Ser claro y conciso.
  • Hablar directamente al auricular y pronunciar con claridad y sin afectación.
  • Tener una actitud profesional.
  • Escuchar con atención.
  • Reformular las cuestiones más importantes.
  • Responder a la mayor brevedad.

Ante de realizar la llamada hay que planificarla y preparar lo que se va a decir, resulta provechoso realizar las siguientes acciones:

  1. Tener muy presente el objetivo, ¿cuál es el motivo de la llamada?
  2. Organizar los puntos a tratar por orden de importancia.
  3. Intentar conocer el nombre de la persona con la que se va a hablar de antemano.
  4. Presentarse.
  5. Exponer el motivo de la llamada de forma concisa y breve.
  6. Tener a mano la información relevante.
  7. Prever las cuestiones y preguntas que puede plantear el interlocutor.
  8. Agradecer la atención prestada.
  9. Dejar los datos personales antes de concluir la llamada.
  10. Tomar nota de todo lo dicho y oído  así como los datos que se hayan podido recabar a lo largo de la conversación

Es posible que el mero hecho de ponerse en contacto telefónico, mejore la imagen que proyectamos en la entrevista o a través del currículum.

Dejo a la consideración de los lectores mi opinión al respecto y espero la vuestra.

BUSCAR TRABAJOEntre tanto, a todos los que estáis en el trabajo de buscar trabajo os sugiero la lectura del libro BUSCAR TRABAJO ES UN TRABAJO