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A vueltas con la Memoria histórica: Así empezó…

pacpEs para mi un placer y un honor  contar de nuevo con la colaboración de  Francisco M. Rodríguez Layna quien tras algunas conversaciones compartidas sobre la memoria histórica me hace llegar el siguiente artículo al que no quiero añadir comentario alguno porque es en sí mismo suficientemente clarificador.

Contamos con excelentes  libros escritos por protagonistas de la Guerra Civil Española como son Guerra y vicisitudes de los españoles, de Julián Zugazagoitia, ¡Alerta a los pueblos!, de Vicente Rojo, Cartas a un escultor, de Indalecio Prieto, Memorias de Francisco Largo Caballero, Casi unas memorias, de Dionisio Ridruejo, Memorias de Ramón Serrano Suñer, Descargo de conciencia de Pedro Lain Entralgo, Cuadernos de la Pobleta, de Manuel Azaña,  Todos somos culpables, de Simeón Vidarte, El único camino, de Dolores Ibárruri, Entre dos guerras, de Manuel Tagüeña, Porque perdimos la guerra, de Diego Abad de Santillán, Memorias, de Mercedes Formica, Hombres made in Moscú, de Castro Delgado, Yo fui ministro de Stalin, de Jesús Hernández, Cuadernos de guerra, del general Kindelán, El general Mola, de Jorge Vigón, Los sucesos de Salamanca de Ángel Alcázar de Velasco, Memorias de un dictador, de Ernesto Giménez Caballero,  Diario de guerra en España, de Mijail Koltsov u Homenaje a Cataluña, de  George Orwells.

Pero hay un libro al que, desde mi punto de vista, no se le ha dado la importancia debida y que refleja de una manera clara y documentada, la postura de los monárquicos alfonsinos frente a la II República y el papel que jugaron durante la preparación de la conspiración y durante la guerra.  También, leyéndolo despaciosamente, nos muestra las vicisitudes por las que pasó el llamado bando nacional en los comienzos de la guerra, y las discrepancias tanto de los principales generales que iniciaron el levantamiento, como de las fuerzas políticas que le dieron soporte, para configurar un nuevo Estado.

Se trata de Así empezó… de José I. Escobar, marqués de Valdeiglesias.

Nacido el 5 de octubre de 1898 en Madrid, estudió Derecho y ganó por oposición una plaza de letrado del Consejo de Estado.  En noviembre de 1933 es nombrado director de La Época, diario familiar propiedad de su padre, portavoz de la monárquica y alfonsina Acción Española. Conocedor de la inminencia de la sublevación contra la República, el 17 de julio salió de Madrid en su automóvil, acompañado de Pedro Sáinz Rodríguez y Jorge Vigón, y se dirigió a Burgos. En la capital castellana, vivió en primer plano el triunfo del alzamiento militar y durante la guerra fue comisionado por Mola para conseguir armas en Alemania, combatió como Alférez y llegó a trabajar en el Departamento de Prensa y Propaganda.

El libro comienza con un ataque frontal a lo que significó la llegada, para él fraudulenta, de la II República, y el intento por parte de muchos monárquicos de conspirar contra ella. Y para hacerlo posible se crearía, como ariete legal, Renovación Española, liderada por José Calvo Sotelo.

Y en este aspecto nos narra sus entrevistas con el general Mola en Pamplona, en marzo de 1936,  al que insta a que tome el mando de una sublevación ante el rumbo que tomaba la República tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de 1936, ya que en una reunión a la que había asistido, presidida por el comandante Barba, formada por jóvenes oficiales del ejército, éstos manifestaron que de no comprometerse algunos generales de prestigio a tomar la iniciativa, ellos se levantarían por su cuenta:

“Le trasmití cuanto había oído en casa de Barba, omitiendo, por una elemental discreción, el lugar y el nombre de los asistentes. –Y esto, mi general, concluí, me consta que no es un episodio aislado, sino reflejo de un estado de espíritu que se va extendiendo cada vez más. España se encuentra desamparada, arrastrada a un trágico final en manos del siniestro equipo gobernante. Todo el mundo espera una reacción que sólo el ejército, bajo sus mandos naturales, puede y debe encauzar. Pero si la voz para ese movimiento no se da dónde debe darse, surgirán una serie de reacciones espontáneas que sabe Dios a dónde enes oficiales es inicio de un comienzo de indisciplina que puede nos puedan conducir. La manera de expresarse de esos jóvenes oficiales es indicio de un comienzo de indisciplina que puede tener graves consecuencias”

La muerte violenta de José Calvo Sotelo, a manos de agentes gubernamentales y de milicianos del PSOE (el autor material del asesinato sería un escolta de Indalecio Prieto llamado Cuenca), haría que se precipitara el inicio del levantamiento.

Escobar no deja de señalar que el suceso cogió con el pie cambiado al gobierno de Casares Quiroga, que intentó minimizarlo dando orientaciones a la prensa de como reflejarlo.

Así escribe Escobar:

“El sábado 11 de julio de 1936 fue el último día que se publicó mi periódico “La Época”, cuyo primer número vio la luz el 1 de abril de 1849. Con la noticia del secuestro de Calvo Sotelo, y la aparición del cadáver en la puerta del cementerio del Este con un tiro de bala en la nuca, llegó a la redacción del periódico, el lunes 13 por la mañana, la orden terminante del Gabinete de censura: prohibido terminantemente el empleo de la palabra “asesinato”, así como cualquier comentario sobre el suceso”

Iniciado el alzamiento el día 17 de Julio, cogería a Escobar en Burgos donde se encontraba en compañía del general Jorge Vigón y del dirigente de Renovación Española Pedro Sainz, posteriormente Ministro de Educación en el primer gobierno de Francisco Franco.

Allí esperaron la llegada del general José Sanjurjo, cabeza visible del alzamiento, que no se produciría, por su muerte al estrellarse el avión que lo traía desde Portugal. Su muerte sería un duro golpe para la causa monárquica, ya que para Escobar y los miembros de Renovación Española, de triunfar el alzamiento, Sanjurjo proclamaría rey o bien a Alfonso XIII o a su hijo don Juan.

“Aquella noche oímos por la radio de Madrid la noticia del accidente y muerte de Sanjurjo y nos quedamos anonadados. La sensación de que ya, aunque triunfara el movimiento, iba a discurrir por otros cauces, penetró hondamente en nuestro espíritu”.

Ante la falta de liderazgo directo, dos generales se posicionaron como futuros herederos: Emilio Mola Vidal y Francisco Franco. Y el autor lo tiene claro: su favorito es el primero.

En Burgos tendría lugar un encuentro entre, según Escobar, Mola y los dirigentes de Renovación Española Sainz Rodríguez y de la CEDA, José María Gil Robles.  El objetivo era la defensa de la monarquía como base del futuro Estado y la bandera bicolor y la Marcha Real como himno oficial.

Pero Mola se muestra cauto, por lo que lo que cunde la desorientación entre los dirigentes de Renovación Española.

Así lo señala Escobar:

“La llegada el 21 de julio al engalanado aeródromo de Gamoral del Dragón bimotor que, desde Zaragoza, a donde había ido a tomar posesión del mando, traía a Burgos al general Mola, fue uno de los momentos de mayor emoción que recuerdo de aquellos días. Las tropas formaron en el aeródromo con bandera y música, y una gran muchedumbre acudió a aclamarlo. A nuestra enorme estupefacción nos enteramos, sin embargo, que  el estandarte que iba a llevar la tropa era aún el republicano. Nuestro asombro se trocó en indignación cuando nos dijeron que se pensaba también tocar el himno de Riego. Esto último pudo evitarse en el último momento”

En nombre de Mola, Escobar partiría hacia Berlín para conseguir armas, ya que sin ellas sería imposible el avance de los soldados nacionalistas en su objetivo de tomar Madrid. Pero allí le comunicaron que esa petición había sido pedida por los representantes Franco y que le había sido concedida. Ante esta información Escobar se dio cuenta que Franco actuaba, de facto, como el máximo dirigentes del Movimiento.

En esa estancia en Berlín, Escobar sería interrogado por funcionarios nazis sobre la situación política en España y si había buena sintonía entre Mola y Franco.

“En nuestro alzamiento no caben las miras personalistas. Se trata, caro es, en principio, de un puro movimiento de liberación de la anarquía y del marxismo. Del crimen, en una palabra, bajo aspectos diversos. Nadie que no lo haya sentido en su carne puede imaginarse lo que ha sido a vida en España durante estos cinco años de república. Las listas de asesinatos, incendios y atentados de todo especie no impresionan a quien se limita a leerlas en su diario en la sección de sucesos. Cuando se viven día a adía con el acompañamiento, en una Prensa vil, del más soez coro de injurias contra los sentimientos más queridos y sagrados de la Patria es otra cosa. España estaba al borde de la desesperación. No hay que pensar en objetivos remotos o intereses de ninguna especie para explicarse lo que está sucediendo ahora. Se trata de un movimiento nacional, espontáneo y compenetrado, canalizado, como es forzoso, por el Ejército. –Bien, pero esto tiene que conducir a algún fin concreto, a alguna determinada forma de Gobierno. ¿Cuál cree usted puede ser? ¿Habrá igualdad de pareceres sobre ello entre los generales Mola y Franco? –De haber vivido Sanjurjo mi respuesta sería categórica: la restauración de la monarquía no podría ofrecer duda. Sanjurjo se había comprometido a ello, y esto es, por otra parte, lo que en el momento actual desea lo mejor del pueblo español. La monarquía ha sido la forma tradicional del gobierno de España. Puede decirse que la única que ha conocido.  –Sí, pero ¿pero estarán de eso de acuerdo Mola y Franco? –De Franco no hay duda, me arriesgaré a decir. Siempre ha sido monárquico. Alfonso XIII fue su padrino de boda. De Mola podría dudarse por el mal recuerdo que tuvo que dejarle la monarquía”

Al regresar, en la entrevista que tuvo con Mola, Escobar, receloso del poder que iba adquiriendo Franco, le apremió a que diera un paso adelante para asumir la máxima responsabilidad de la España sublevada.

¿Por qué los miembros de Acción Española no se fiaban de Franco, monárquico convencido, y sí de Mola, desencantado con el proceder de Alfonso XIII? ¿Serían estos antecedentes la causa de que Franco no nombrase a Don Juan rey y sí a su hijo Juan Carlos?

Así relata Escobar su conversación con Mola:

“Sin preámbulos, y en tono de indiferencia, como sí solo fuera a comunicarme asuntos de trámite, empezó Mola: -He logrado hablar anoche  con Franco. Me ha confirmado todo lo que usted me contó ayer sobre el sistema que han establecido los alemanes para entenderse con él. Como él ya lo tiene muy bien organizado todo, hemos acordado, para no duplicar gestiones, que las relaciones con el extranjero las siga llevando exclusivamente él. Yo le pediré las cosas que necesite y él se entenderá con los países que nos las pueden proporcionar. De todos modos del material cuya adquisición ha concertado usted me haré cargo directamente y pondremos el telegrama cifrado para que toque el barco en La Coruña. Me quedé sin sangre en las venas. Toda mi labor en Alemania quedaba anulada de golpe. Y el Ejército del Norte, para mí el más decisivo, condenado a la inmovilidad hasta que Franco estuviera en condiciones de entrar en Madrid. Lo percibí todo en un segundo. –Entonces, mi general, balbucí, ¿quiere eso decir que han acordado ya ustedes que el jefe del movimiento sea Franco? –De eso no se ha hablado ni hay acordado nada. Es una cuestión que se resolverá en su momento oportuno. Entre Franco y yo no hay pugnas, ni personalismos. Estamos perfectamente compenetrados. –Perdón, mi general, insistí con firmeza. Sobre ese punto se muy bien lo que digo. La cuestión de la jefatura del movimiento no se resolverá más adelante. Ha quedado resuelta entre usted y Franco anoche al aceptar que solo sea él el que se entienda con el extranjero. Es evidente que solo a título de jefe del movimiento se pueden llevar con exclusividad esas gestiones. Alemania no va a tratar con el segundo de a bordo. Mola me lanzó una mirada iracunda. Por un momento temí haber ido demasiado lejos. Pero se contuvo y se limitó a decir en un tono seco. –Repito que no hay nada decidido sobre la cuestión de la Jefatura. El que sea Franco solamente el que lleve las relaciones con el exterior tiene como único objeto simplificar las cosas”

Hubo tras lo expuesto por Mola un prolongado silencio, tras el cual Escobar señaló que hasta el momento poco se había realizado, políticamente hablando. Una mera situación de fuerza no podía prolongarse indefinidamente. Era preciso convertir el Alzamiento en una empresa política. La guerra, la victoria, iba a liquidar irrevocablemente el Estado anterior a ella y eliminaba cualquier cuestión sobre la continuidad o discontinuidad del régimen. El levantamiento se había producido en su origen de un modo meramente negativo contra la deriva del gobierno de Casares Quiroga y frente a las amenazas revolucionarias del Partido Comunista y del ala largocaballerista del PSOE. Pero una vez puesto en marcha tenía que atender al deseo del pa´´is en armas que reclamaba una política nueva. Ya no podía tratarse meramente de derribar al gobierno republicano de Casares y volver a la situación anterior al triunfo del Frente Popular. La gran mayoría de la opinión combatiente recusaba en bloque las situaciones pasadas, desde el viejo constitucionalismo hasta la República frentepopulista.

Y sabiendo bien Escobar que muchos militares alzados habían visto con buenos ojos la llegada de la II República, por lo cual lo habían hecho con la bandera republicana, le recordó a Mola que la República llegó por el miedo de Alfonso XIII a que si continuaba se produciría un enfrentamiento civil, y que los resultados electores fueron de mayoría de concejales monárquicos, aunque en la grandes ciudades triunfasen las candidaturas republicanas. Y que en la elecciones de febrero de 1936 las candidaturas del Frente Nacional quedaron emparejadas a las del Frente Popular, aunque en la distribución de escaños la mayoría recayese en los candidatos revolucionarios.

Por último le recordó que el asesinato de Calvo Sotelo movió a todas las fuerzas conservadoras del país, desde la extrema derecha hasta los republicanos moderados y no marxistas, a unirse en torno al Ejército para atajar el rumbo que estaba tomando la república frentepopulista.  Que tras la no previstas guerra civil, que ha trastocado todos los pranes previstos, actualmente solo disponía la zona nacional de una organización provisional de guerra. Y que esa ausencia de una morfología política normal era explotada habilidosamente por el enemigo en ambientes propios donde se nos muestra como una mera facción de insurrectos. Y que por lo tanto le urgía a Mola a configurar el Movimiento como un Estado. Un Estado que no podía ser otro que la Restauración de la monarquía alfonsina.

Tras la entrevista, Escobar quedó desmoralizado al comprobar que a Mola le venía grande la responsabilidad de hacerse cargo de la dirección política de la insurrección, y por lo tanto enfrentarse con Franco para lograrlo, pese a que tenía a una corriente política no desdeñable a su favor, y que el propio Escobar representaba.

Dada la importancia de la conversación, Escobar se reunió con el general Jorge Vigón y el ideólogo de Acción Española, Eugenio Vegas Latapié, partidarios de la restauración monárquica en la persona de Alfonso XIII, en el hotel Norte y Londres de Burgos, comunicándoles que Mola tiraba la toalla en beneficio de Franco.

“Nos quedamos los tres silenciosos. Nos pareció percibir en nuestro interior el eco de una misteriosa campanada…Tuve en los días siguientes una crisis de angustia. Veía crecer hasta agigantarse las dimensiones de nuestra epopeya y en la misma proporción disminuir la talla de los hombres puestos por el destino a su frente. El espectáculo que en esos días daba España era de una vibración sin precedentes en su historia, pero, ¿bastaría para llevarla hacia sus metas sin la acción de un hombre que supiera tomar en mano los acontecimientos y encauzarlos?”

Por lo anterior, a Escobar no le sorprendió que Franco fuese nombrado,  el 30 de septiembre de 1936, por los generales sublevados,  Jefe del Estado y Generalísimo de los ejércitos.

Así lo narra Escobar:

“La iniciativa de toda la operación había partido de Nicolás Franco, el cual, al regreso de un viaje de Lisboa, donde había mantenido unas importantes conversaciones diplomáticas, expuso a los generales reunidos en Cáceres la urgencia de resolver la cuestión de la Jefatura, recalcando que, a su juicio, cualquier otro nombre que no fuera el de su hermano provocaría una gran decepción en los países que nos estaban apoyaban, con los cuales había negociado directamente las ayudas, y donde se daba por supuesto que habían estado tratando con el futuro jefe del nuevo Estado español. Nicolás subrayó la modestia de su hermano era el principal obstáculo que había que vencer. De todos los que escuchaban estas palabras, Yagüe era el más impetuoso. De intención recta siempre, pero fácil a cualquier influencia. Era, además, compañero de Franco en la campaña de África. Su resolución fue inmediata. Entró en el despacho de aquél. —Mi general, yo no te impongo que aceptes, pero sí que contestes categóricamente si acepta o no, para en este último caso pensar en otro nombre, ya que la salvación de la Patria exige un jefe supremo del movimiento. A los pocos minutos volvía Nicolás Franco a la estancia de Yagüe dando muestras de gran alborozo, y, tuteándole por primera vez, le dijo: -Pero, Juanito, ¿qué le has dicho que le has convencido? ¡Acepta! ¡Qué éxito has tenido y qué gran servicio has dicho a la Patria!”

Aparentemente nadie cuestionó el nombramiento de Franco, pero Escobar escribe en su libro:

“Pese a todo yo seguía creyendo en Mola. El que obra, me decía, suele no ver lejos. Marcha impulsado sin conocer el fin real. Pero Mola tiene corazón y sensibilidad. Sabrá interpretar finalmente el lenguaje de España”

Una vez el poder en sus manos, Franco nombraría una Junta Técnica del Estado presidida primero por el general Dávila y posteriormente por el general Jordana, y entre cuyos miembros se encontraban los alfonsinos José María Pemán  y Andrés Amado o el carlista Joaquín Bau.

A destacar que no había ningún representante de la Falange.  Por consiguiente, la Junta Técnica no fue en ningún momento un órgano que ayudara a crear un estado fascista o parafascista, sino una institución de significación católica o tradicional. Fue una de las principales instituciones que configuraron la primera organización gubernamental creada por Franco. Aunque estaba dividida en comisiones sectoriales, no fue un auténtico gobierno.

Todo parecía conducir al restablecimiento de la Monarquía, si se producía el triunfo de la sublevación, pero un acontecimiento no previsto trucó todos los planes de Escobar y los miembro de Renovación Española: la llegada a Salamanca del cuñado de Franco, el antiguo diputado de la CEDA, Ramón Serrano Suñer, tras haber salvado la vida milagrosamente gracias al doctor Gregorio Marañón.

Según Escobar, Ramón Serrano Suñer, amigo personal de José Antonio y su albacea testamental, se dio cuenta que lo que él denominaba Estado Campamental, se tenía que crear un Estado que diera forma a los anhelos de los que se habían sublevado contra una República que consideraban llevaba a España a su disolución.

Pero ¿qué tipo de Estado?

Y ahí los sublevados no se ponían de acuerdo. Así los carlistas, que se habían alistados como voluntarios de manera unánime, y que tenían al bilaureado general Varela como uno de sus valedores, querían un Estado tradicionalista y fuertemente católico. Por su parte los monárquicos llamados alfonsinos, querían la vuelta de Alfonso XIII o en su defecto, su abdicación en su hijo don Juan. Contaban con el apoyo de los generales Ponte, Kindelán, Aranda,  Sánchez Bautista,  Vigón, Solchaga, Jordana o Saliquet  Y por último estaba los jóvenes intelectuales falangistas, capitaneados por Dionisio Ridruejo, y que querían un Estado de tipo fascista, como el italiano, y  que contaban con los generales Muñoz Grandes o Yagüe y con el laureado y popular aviador Joaquín García Morato.

Esta fragmentación política del bando nacional, era temida por Franco, que quería un mando único y unas milicias unificadas.  Unificación que también era tenida en cuenta por carlistas y algunos falangistas, que intentaron, en varias reuniones, hacerla posible, sin ponerse de acuerdo en tema tan importante como, caso de vuelta la monarquía,  quien tendría que ser el  futuro rey.

Nunca sabremos en que hubiera acabado el tema, ya que Franco impuso el famoso Decreto de Unificación, por el que todas las organizaciones que habían dado su apoyo al levantamiento quedaban encuadras en los que se denominó Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista.

Este hecho no, fue bien visto por el recientemente nombrado Jefe Nacional de la Falange, Manuel  Hedilla, que sería condenado a muerte por mostrarse reticente a aceptar el cargo de consejero de FET, ni por el máximo dirigente de los carlistas Manuel Fal Conde, que desde su exilio en Portugal enviaría una carta a Franco, que inserta Escobar en su libro,  en la que le decía:

“Nada más disociador  para un pueblo que el partido político cuya condición, extraña a todo orden natural, fue denunciado insistentemente por nuestros pensadores, y particularmente por Mella y Pradera. Aun siendo único, divide a los nacionales según pertenezca o no al mismo, y si se crea o fomenta desde el Poder, cae inevitablemente en lo contrario de una verdadera selección de valores y capacidades”

Según señala Escobar el apartamiento del Requeté fue manifiesto y constante y uno de los consejeros tradicionalistas de FET, José María Oriol, declaró explícitamente en presencia de Franco, que hasta el momento muchos requetés habían muerto por sus ideales. Pero no veía tan claro que FET fuera capaz de seguir inspirando el mismo fervor.

Para entender la situación por la que se encontraban los tradicionalistas al estallar la guerra es necesario que expongamos lo siguiente.

Al instaurarse el 14 de abril de 1931 la II República, el pretendiente al trono de los tradicionalistas era don Jaime de Borbón, hijo de lo que los carlistas llamaban Carlos VII. Don Jaime no fomentó nuevas rebeldías carlistas y su simpatía por los aliados en la I Guerra Mundial produjo una escisión en el partido carlista, pues don Jaime desautorizó a la más significada personalidad de su partido, Juan Vázquez de Mella, orador elocuente en las Cortes monárquicas y significado gemanófilo. El 12 de septiembre de 1931 se firmó un pacto en Fonteneablau entre el rey destronado Alfonso XIII y don Jaime, que dio por liquidado el conflicto dinástico que había producido tres guerras, al estar de acuerdo ambos que lo fundamental era acabar con la II República. En el pacto se estableció un comité directivo compuesto de ocho personas, cuatro designadas por Alfonso XIII y cuatro por su tío el infante Alfonso Carlos de Borbón y Austria. Por entonces las fuerzas carlistas aspiraban a llevar al poder a don Alfonso Carlos como regente, en calidad de jefe de la Casa de Borbón “para que convoque, en su día, unas Cortes que elaboren una ley fundamental, definitiva, inspirada en la tradición española”.  Pero tan difícil era avalar este pacto para los monárquicos alfonsinos, que Calvo Sotelo, Yanguas y De la Cierva, que obligaron a Alfonso XIII a lanzar un manifiesto para defender la restauración de la monarquía, con un significativo guiño a los militares antirrepublicanos. Así estaban las cosas, cuando al morir don Jaime ese mismo año de 1931, los carlistas se desdijeron del pacto anteriormente mencionado por consejo de don Alfonso Carlos, hermano de Carlos VII, y así de nuevo quedó constituido con su vieja tradición antiliberal y partidario a alzarse en armas contra la República, por medio del renacido requeté, cuando la ocasión fuese propicia.

En cuanto a los dirigentes de Renovación Española vieron que perdían su apuesta por una rápida vuelta de la Monarquía por la que habían conspirado desde el mismo momento de la proclamación de la II República, y que Serrano Suñer se convertía, a su pesar, en el segundo  hombre más poderoso del nuevo Régimen, apoyándose en los falangistas menos proclives a restaurar la monarquía.

Por eso, cuando se pensó en formar un gobierno que sustituyera a la Junta Técnica, y donde algunos señalasen a Serrano Suñer para presidirlo, el nombre de Mola sonó de nuevo para que fuese él quien lo encabezara´.

“Cuando se empezó a hablar de la necesidad de formar un gobierno que diese coherencia a la cosa pública, sonó para presidirlo el nombre del general Mola. Se lanzaron incluso otros de probables ministros de una significación política más clara que la de los que después de su muerte ocuparon el poder”

Escobar cita lo que sobre el tema escribiera Serrano Súñer:

“Algunos hablaban aquellos días de constituir un gobierno militar, un gobierno dictatorial, asistido por algunos técnicos o políticos civiles bajo la presidencia del general Mola. El proyecto, desde luego, no tomó cuerpo en el cuartel general. Franco nunca habló de esto”

Y continúa Escobar:

“El silencio de Franco es explicable. El rumor no se refería precisamente a un proyecto fraguado en el cuartel general. Se hablaba incluso de una marcha atrás en los plenos poderes militares y políticos conferidos al general Franco en la reunión de San Fernando: Franco quedaría como Jefe del Estado y el gobierno de Mola tendría una cierta autonomía. Se habló más tarde de que se había dirigido desde Salamanca una discreta pregunta a Berlin sobre su conveniencia en dichos panes y de una respuesta negativa. En una conversación que tuvo con amigos Mola rechazó terminantemente la posibilidad de tal gobierno presidido por él. –Conozco mis limitaciones, y sé que fracasaría en tal empeño. ¿Eran sinceras estas palabras? Concordaban, desde luego, con su conducta inicial cuando se eliminó voluntariamente de un primer puesto en la nueva organización que surgía. Pero muchos síntomas parecían indicar que en los meses transcurridos desde entonces la visión de las cosas había experimentado una marcada evolución. No solo venció ese apocamiento inicial que le impidió concebir el levantamiento en el orden interno con un mayor alcance que simplemente el de restañar una quiebra del orden público, sino que se sintió también más dispuesto en el orden exterior a asumir las necesarias responsabilidades, intentando incluso hacer llegar a Berlín alguna demanda directa de armamento a través del comité nacional establecido en París bajo la dirección de Quiñones. Naturalmente, una vez confirmado en la capital alemana que el jefe del movimiento era realmente Franco, no tuviera ningún interés en fomentar nada que pareciese atentar contra la unidad de dicha jefatura. Varios documentos de los archivos secretos lo atestiguan así. En los círculos próximos a Mola se dieron perfecta cuenta del cambio operado en él. Este hombre, que había descartado por absolutamente inaceptable la propuesta de los carlista de hacer el levantamiento con la bandera bicolor y al grito de ¡viva el Rey!, se había convertido en la figura hacia la que convergían todas las miras de la Tradición. Con olvido de su ideario, tan arraigadamente liberal, Mola parecía dispuesto a la implantación de un auténtico Estado tradicional. También demostró en muchas ocasiones la simpatía que le inspiraba el credo falangista. Todo indicaba, pues, que el gobierno de Mola hubiera abierto una participación mucho más amplia de la que después prevaleció. El propio Mola pudo ver en ese gobierno la oportunidad de recobrar el timón cuyo abandono en un momento de debilidad le pesaba seguramente. Pero estaba escrito que la ocasión una vez desdeñada no había de volver. Se dice que hay tres cosas que nunca se devuelven a un hombre: la palabra dada, la juventud perdida y la ocasión desaprovechada. Y el destino habría de vengarse cruelmente del desvío tenido con sus favores de una hora. El avión que una mañana brumosa del mes de junio de 1937 chocó contra un monte en las cercanías de Burgos, como el que se estrelló el 19 de julio de 1936 en una plaza de Portugal,  causando la muerte de Mola y Sanjurjo, acusaron con fuerte rasgo en la historia de España la presencia de un claro designio. Unos días después de la muerte de Mola manifesté a Sangroniz mi grave preocupación por ese hecho fatal. En mi opinión, apremiaba más que nunca la restauración de la Monarquía y le dije su conveniencia de plantear el tema en el cuartel general de Franco. -De ningún modo, me contestó. En estos momentos no se piensa allí más que en ganar la guerra. Hasta que no se acabe no puede plantearse ningún problema político, y menos de ese alcance. Años después lei en los archivos secretos de la Wlihemtrasse, que a la pregunta del embajador alemán Fauppel sobre la restauración de la monarquía a Franco, este le dijo que la cuestión de la monarquia no se plantería en España por muchos tiempo y que sería absolutamente prematuro preocuparse en serio de esa cuestión”.

Aplazada de formación del gobierno por el momento, unos meses después, y descartada la candidatura de Mola, al haber fallecido en accidente de aviación como hemos visto, Franco asumiría el cargo de Jefe del Gobierno en 1938, con lo que acapararía en sus manos todo el poder político y militar en España y de esta forma se convertiría en el Caudillo.

Aunque Escobar no habla del tema, sin embarga un interrogante me asalta. ¿Hubiera entrado Mola en el gobierno de Franco?

Dentro del mismo, y tras de Franco, destacaría la figura del Ministro del Interior, Jefe de la Junta política de FET y responsable de prensa y propaganda,  Ramón Serrano Suñer, quien para consolidar su poder, se rodearía de una serie de jóvenes intelectuales fuertemente fascistizados en aquellos momentos, entre los que destacaron Dionisio Ridruejo, José María Alfaro Polanco, Pedro Lain Entralgo, Antonio Tovar, Juan Antonio Maravall o Gonzalo Torrente Ballester.

Pero este poder de Serrano Suñer era mirado con recelo por muchos militares antifalangistas, como Kindelán o Varela, que consideraban a Franco como un igual,  por los carlistas y por los monárquicos alfonsinos, que al estallar la Segunda Guerra Mundial se posicionarían claramente al lado de Inglaterra, frente a la germanofilia del cuñadísimo.

La etapa seudofascistizante del régimen franquista, más coreográfica que real, terminaría con el cese de Serrano Suñer cuando ocupaba el cargo de Ministro de Asuntos Exteriores, y su sustitución por el aliadófilo Jordana, y el eclipse de sus colaboradores, tras los sucesos de Begoña de 1942, cuando en un acto carlista, unos militantes falangistas arrojaron bombas que causaron lesiones graves en algunos de los asistentes. A destacar que en el acto se encontraba el general Varela, a la sazón Ministro del Ejército, y del que ya hemos señalado su ideología tradicionalista, y que siempre creyó que el atentado iba dirigido a él.

Con la decisión salomónica de cesar a Serrano y a Varela, Franco asumió personalmente la jefatura de FET, y colocó en puestos claves del ejército a incondicionales suyos. A partir de ese momento nace lo que Amando de Miguel ha denominado franquismo sociológico o Régimen franquista, donde la figura en la sombra de Carrero Blanco jugaría un papel fundamental.

A partir de ese momento España pasaría de la no beligerancia a la neutralidad hasta el final de la Segunda Guerra mundial, jugando un papel fundamental Jordana, que encauzó positivamente las relaciones con el embajador de los Estados Unidos,  Hayes, como éste señala en su interesante libro Misión de guerra en España.

Acabada la guerra mundial el franquismo cambiaría su faceta fascistizada por lo que se denominó el nacionalcatolicismo, apoyándose en los acuerdos con el Vaticano primero y los Estados Unidos después. Y en esa labor tendría un papel fundamental el ministro de Asuntos Exteriores, de ideología demócrata-cristiana, Alberto Martín Artajo.

En cuanto a los monárquicos alfonsinos, tras el Manifiesto de Lausana de 1945 de don Juan de Borbón, tendrían una relación de amor-odio hacia Franco, aceptando, a su pesar, a don Juan Carlos como futuro rey. Su conspiración iniciada inmediatamente de proclamada la II República, alcanzaba sus objetivos, en 1969,  pero no en la persona de Don Juan, sino de su hijo.

Resumiendo, lo que se desprende del sincero, interesante, documentado  y bien escrito libro del monárquico alfonsino Escobar, es que muchos españoles se levantaron frente al gobierno del Frente Popular, pero teniendo posicionamientos distantes y distintos sobre el modelo de Estado que había de sucederle.

Dicho lo anterior, y desde mi personal punto de vista, en los primeros años del franquismo la doctrina política española se afanó en la concreción teórica del partido único español que surge del Decreto 255 de 19 abril de 1937. Fue un intento de equiparar a FET al resto de los partidos únicos totalitarios.

Reconociendo la labor  insurreccional de algunos grupos políticos contra el orden republicano, entiende que la labor propia insurreccional en España fue realizada por el ejército, por lo que su propio mando llevó a cabo la unificación de todos los grupos políticos en torno a Falange y al Requeté.

No obstante, la unificación necesitó la formación de una nueva conciencia común que suprimiese las posibles disparidades ideológicas, lo que para los ideólogos franquistas se logró al implantar los 26 puntos de la Falange como articulación del pensamiento político y moral de todos aquellos que se integraron en el partido único. La necesidad de estructurar un pensamiento único para la doctrina política franquista surge de la propia fuerza estimulante de la guerra civil como cruzada de independencia espiritual por el establecimiento del ideal católico de Estado.

En conclusión, en su primera etapa la doctrina política franquista se sitúa en una posición intermedia entre la concepción italiana de subordinación del partido al Estado y la alemana de preeminencia del partido sobre el aparato del Estado, fijando el carácter autónomo del partido único. Tendrá que reconocer su subordinación ante los propios fines e intereses del Estado, inclinándose de esta manera hacia la concepción italiana.

Iniciada la II Guerra Mundial y hasta en final de su Vida, Franco utilizaría a los distintos grupos políticos que se sublevaron: carlistas, falangistas, monárquicos o demócratas-cristianos, dependiendo de los vaivenes de la política internacional.

Por eso los politólogos no se ponen de acuerdo a la hora de definir al Régimen franquista y haya tantas interpretaciones dependiendo, muchas veces, de la ideología del especialista que aborda el tema.

 

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La gamba en fuga o viajar pule mucho

Parece un cuento infantil pero este hecho sucedió. En principio, esta es una historia real.

Erase una vez una gamba banana (atyopsis moluccensis) que era feliz en su acuario, tenía cubiertas sus necesidades y en general tenía una vida placentera ya que estaba bien alimentada y tenía posibilidad de relacionarse, explorar el entorno y en realidad no existía ninguna razón para sentir la necesidad de buscar otra alternativa.

Un día comenzó a considerar que aunque su espacio era enorme, tenía que haber algo más allá, claramente a través del cristal podía ver un mundo distinto y empezó a pensar cómo podría explorar ese otro mundo.

¿Cómo salir de su mundo? se preguntó la gamba banana y vio que el tubo del filtro ofrecía la perfecta vía de escapatoria, solamente tenía que trepar hasta el extremo superior y a partir de ahí, saltar. No era fácil pero la aventura lo merecía.

Como quiera que no tenía ni idea de qué iba a encontrar, planificó su huida, subiría por el filtro en la oscuridad, cuando los gigantes que a veces vislumbraba a través del cristal, desaparecieran. Como no tenía ni idea de qué iba a encontrar fuera de casa, decidió que haría gran acopio de agua en su caparazón antes de saltar y…. ¡viva la aventura!

Tal como lo planeó, lo hizo. En medio de la oscuridad consiguió saltar desde el filtro al abismo. El salto fue mucho más grande de lo que había calculado y realmente le dolían hasta las antenas pero había comenzado la gran aventura… el diferente entorno resultó mucho mas hostil de lo que esperaba pero, ya se sabe…. la aventura es la aventura.

En cuanto se recuperó, inició la marcha. No resulta fácil avanzar, el entorno es terriblemente duro y seco pero desde luego eso no la iba a amilanar. Ella es una gamba banana valiente y decidida.

Además de seco, el terreno carece de vegetación, de pronto encuentra unas gigantescas columnas que el gigante que provee la alimentación y el buen funcionamiento del acuario llamaría “patas de las sillas del comedor” pero que desde la perspectiva de una gamba banana, constituyen un paisaje sobrecogedor.

Pero ella quiere explorar y las incomodidades y los obstáculos no hacen que se acobarde, a pesar de estar asustada y un tanto desorientada porque no sabe ni dónde está y por supuesto, tampoco adónde va.

Su instinto hace que prosiga el camino, algo le dice que si sigue avanzando encontrará agua y después de horas y horas nota que ha alcanzado un terreno distinto, el gigante le diría que ha entrado en la cocina donde el suelo es diferente y hay posibilidades de encontrar agua.

Aquí el entorno es ligeramente más amistoso y puede reflexionar: ha visto y experimentado cosas que jamás llegó a imaginar, ha aprendido que el mundo es inmenso, siempre pensó que valdría la pena salir del acuario para saber qué había fuera pero realmente la realidad ha superado sus expectativas.

Se siente muy cansada y entonces entra en la cocina una gigante que apenas conoce, sin embargo la gigante no parece reconocerla y la cubre con un vaso, entonces es tanto el estrés que se desmaya.

Prácticamente sumida en la inconsciencia siente que su gigante amigo, ese que vela por su bienestar la recoge suavemente y la lleva de vuelta al acuario. ¿La aventura ha terminado?

Ha vuelto a su entorno y poco a poco recupera el conocimiento y entonces se dice a sí misma que ha regresado pero que es otra, conoce otras cosas y sobre todo ha aprendido como superar las adversidades y adaptarse a un entorno hostil. En el futuro esta gamba banana no será la misma.

Comienza a pensar que debe transmitir lo que ha experimentado a sus compañeras, hacer que comprendan que el mundo no empieza ni acaba en el cómodo entorno en el que viven y que a pesar del terrible agotamiento, se siente más viva que nunca.

Clara Campoamor o “La libertad se aprende ejerciéndola.”

pacpEs para mi un placer y un honor  contar de nuevo con la colaboración de  Francisco M. Rodríguez Layna quien tras algunas conversaciones compartidas sobre el significado del Día Internacional de la Mujer y la verdadera igualdad, como resultado de estas conversaciones, mi admirado Paco nos cuenta:

La lucha de la mujer española por la igualdad de derechos con los de los hombres tiene su pionera en Clara Campoamor por haber conseguido la concesión del voto a la mujer  plasmada en la Constitución de la II República de 1931 y que sería ejercido por primera vez  en las elecciones de 1933.

¿Quién fue Clara Campoamor y que papel jugó en la vida política española de los años treinta?

Hija de un contable y una modista, nació en Madrid en 1888, en el popular barrio de Maravillas, llamado hoy Malasaña. Perteneció a una familia sencilla y humilde, de pensamiento liberal, cercano al progresismo. Los recursos económicos procedían del trabajo de su padre en un periódico madrileño, y de los de su madre y abuela materna.

Por la prematura muerte de su padre se vio obligada a interrumpir sus estudios e inició su vida laboral a los trece años, ayudando a su madre como modista. Después pasa a ser dependienta de comercio hasta 1909, año en el que se presenta a unas oposiciones administrativas y obtiene una plaza en el cuerpo auxiliar de Telégrafos, uno de los pocos a los que podía aspirar por su condición de mujer. Así se convierte en funcionaria del cuerpo de Correos y Telégrafos, ejerciendo en Zaragoza y San Sebastián.

En 1914, se presenta y obtiene una plaza en unas oposiciones para profesora en las Escuelas de Adultos, pasando a ejercer en Madrid. A su trabajo como educadora añade el de secretaria del diario “La Tribuna”.

La estrechez económica que padeció en su infancia y juventud no fueron un impedimento para que en 1924, con treinta y seis años, obtuviera una licenciatura en Derecho en la Universidad de Madrid, habiendo pasado por Oviedo y Murcia.  En 1925 fue nombrada miembro del colegio de Abogados, fecha en la que inició sus actividades políticas.

Desde ese momento se manifiesta como una luchadora infatigable por la igualdad de derechos.  Tras el golpe militar de 1936, se exilió en Francia, Buenos Aires y posteriormente se radicó en Suiza, donde permaneció hasta su muerte en Laussanne en 1972, ya que el régimen franquista nunca le permitió regresar a España.

En 1923 expone sus ideas sobre el feminismo, en un ciclo organizado por la Juventud Universitaria Femenina, en la Universidad de Madrid.
En 1925 ya manifiesta en conferencias y escritos su preocupación por los derechos de la mujer.

En 1929 forma parte del Comité Organizador de la Agrupación Liberal Socialista, pasando más tarde a pertenecer al grupo político Acción Republicana, que posteriormente, se unirá al Partido Radical.

De la amplía actividad que desarrolla, destacaremos sus conferencias en la Universidad de Madrid y en la Academia de Jurisprudencia; el prólogo de Feminismo Socialista libro de la militante del PSOE, María Cambrils; la fundación de una Agrupación Liberal Socialista,; junto con otros miembros de la Escuela Nueva, trabaja en el grupo que daría origen al partido de Azaña (Acción Republicana) que abandona habiendo pertenecido a su Consejo Nacional; tras la rebelión de Jaca (en la que centenares de republicanos se encuentran encarcelados) Clara Campoamor asume la defensa de los procesados en San Sebastián; por último funda y preside la Agrupación Unión Republicana Femenina.

En 1930 un periódico le pregunta sobre sus ideas políticas y contesta:

«República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos».

De su posicionamiento en la llegada de la II República tenemos este testimonio:

«Yo no advine a la República ni el 14 ni el 16 de abril. Me he formado en el clima paterno, de un hombre que batalló en las épocas difíciles de Menéndez Pallarés, Castrovido y Pi y Arsuaga. Durante la Monarquía ni tuve contactos ni acepté mercedes. Cuando en 1927 la Academia de Jurisprudencia me brindó, como a don Enrique Moret, la Gran Cruz de Alfonso XII –que varios republicanos, seguramente de los que no votaron a mi favor, lucieron y arrumbaron cuidadosos después- como corolario al premio extraordinario anual, rechacé la distinción. En la Dictadura ni acaté órdenes injustas ni acepté conexiones: cuando el dictador dio al Ateneo una Junta de real orden y en ella incluyó mi modesto nombre de ateneísta constante desde 1916, rechacé el nombramiento, con la consecuencia indirecta de tener que pedir la excedencia de mi cargo de Instrucción Pública perdiendo cien puestos en el Escalafón, que no recobré después; y cuando el Sr. Aunós, ministro de Trabajo de la Dictadura, quiso injertar en sus Comités paritarios la modernidad de savia femenina, ofreciendo a tres abogadas en Madrid, Victoria Kent, Matilde Huici y yo, tres flamantes nombramientos de asesores en otros tantos organismos, yo, con Matilde Huici, rehusé el fructífero honor, que otros sirvieron».

Junto a Margarita Nelken y Victoria Kent fueron las primeras mujeres en obtener un escaño en el primer Parlamento republicano, en el año 1931, elecciones a las que Clara Campoamor se presentó por el Partido Radical, siendo elegida diputada por Madrid.

Formó parte de la Comisión constitucional, destacando en la discusión que condujo a aprobar el artículo 36, que reconocía por vez primera el derecho de voto a las mujeres

Para defender su posición pronunció el siguiente discurso en las Cortes el 1 de octubre de 1931:

“Señores diputados: lejos yo de censurar ni de atacar las manifestaciones de mi colega, señorita Kent, comprendo, por el contrario, la tortura de su espíritu al haberse visto hoy en trance de negar la capacidad inicial de la mujer. Creo que por su pensamiento ha debido de pasar, en alguna forma, la amarga frase de Anatole France cuando nos habla de aquellos socialistas que, forzados por la necesidad, iban al Parlamento a legislar contra los suyos. Respecto a la serie de afirmaciones que se han hecho esta tarde contra el voto de la mujer, he de decir, con toda la consideración necesaria, que no están apoyadas en la realidad. Tomemos al azar algunas de ellas. ¿Qué cuándo las mujeres se han levantado para protestar de la guerra de Marruecos? Primero: ¿y por qué no los hombres? Segundo: ¿quién protestó y se levantó en Zaragoza cuando la guerra de Cuba más que las mujeres? ¿Quién nutrió la manifestación pro responsabilidades del Ateneo, con motivo del desastre de Annual, más que las mujeres, que iban en mayor número que los hombres? ¡Las mujeres! ¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer? Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis –fijaos bien– afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo. No se trata aquí esta cuestión desde el punto de vista del principio, que harto claro está, y en vuestras conciencias repercute, que es un problema de ética, de pura ética reconocer a la mujer, ser humano, todos sus derechos, porque ya desde Fitche, en 1796, se ha aceptado, en principio también, el postulado de que sólo aquel que no considere a la mujer un ser humano es capaz de afirmar que todos los derechos del hombre y del ciudadano no deben ser los mismos para la mujer que para el hombre. Y en el Parlamento francés, en 1848, Victor Considerant se levantó para decir que una Constitución que concede el voto al mendigo, al doméstico y al analfabeto – que en España existe– no puede negárselo a la mujer. No es desde el punto de vista del principio, es desde el temor que aquí se ha expuesto, fuera del ámbito del principio –cosa dolorosa para un abogado–, como se puede venir a discutir el derecho de la mujer a que sea reconocido en la Constitución el de sufragio. Y desde el punto de vista práctico, utilitario, ¿de qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España. Hace él un estudio cíclico desde 1868 hasta el año 1910, nada más, porque las estadísticas van muy lentamente y no hay en España otras. ¿Y sabéis lo que dice esa estadística? Pues dice que, tomando los números globales en el ciclo de 1860 a 1910, se observa que mientras el número total de analfabetos varones, lejos de disminuir, ha aumentado en 73.082, el de la mujer analfabeta ha disminuido en 48.098; y refiriéndose a la proporcionalidad del analfabetismo en la población global, la disminución en los varones es sólo de 12,7 por cien, en tanto que en las hembras es del 20,2 por cien. Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho. Otra cosa, además, al varón que ha de votar. No olvidéis que no sois hijos de varón tan sólo, sino que se reúne en vosotros el producto de los dos sexos. En ausencia mía y leyendo el diario de sesiones, pude ver en él que un doctor hablaba aquí de que no había ecuación posible y, con espíritu heredado de Moebius y Aristóteles, declaraba la incapacidad de la mujer. A eso, un solo argumento: aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros. Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer. Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino. No dejéis a la mujer que, si es regresiva, piense que su esperanza estuvo en la dictadura; no dejéis a la mujer que piense, si es avanzada, que su esperanza de igualdad está en el comunismo. No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias. Salváis a la República, ayudáis a la República atrayéndoos y sumándoos esa fuerza que espera ansiosa el momento de su redención. Cada uno habla en virtud de una experiencia y yo os hablo en nombre de la mía propia. Yo soy diputado por la provincia de Madrid; la he recorrido, no sólo en cumplimiento de mi deber, sino por cariño, y muchas veces, siempre, he visto que a los actos públicos acudía una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales. La mujer española espera hoy de la República la redención suya y la redención del hijo. No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella. Señores diputados, he pronunciado mis últimas palabras en este debate. Perdonadme si os molesté, considero que es mi convicción la que habla; que ante un ideal lo defendería hasta la muerte; que pondría, como dije ayer, la cabeza y el corazón en el platillo de la balanza, de igual modo Breno colocó su espada, para que se inclinara en favor del voto de la mujer, y que además sigo pensando, y no por vanidad, sino por íntima convicción, que nadie como yo sirve en estos momentos a la República española”.

El 1º de octubre se llega a un momento crucial: la radical-socialista Victoria Kent pide el voto negativo argumentando que el voto femenino debía aplazarse, que no era el momento de otorgarle el voto a la mujer española ·”porque si todas las mujeres fueran obreras, universitarias y estuvieran liberadas en su conciencia, ella se levantaría contra toda la cámara a pedir el voto femenino”

Le replica la Campoamor.

“Señorita Kent, comprendo la tortura de su espíritu al haber visto hoy el trance de negar el derecho a voto de la mujer. ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y universitarias no se está alabando su capacidad? ¿Se va a ignorar las que no pertenecen a una clase o a la otra? ¿No sufren estas y las otras las consecuencias de la legislación? Por qué el hombre al advenimiento de la República tiene que tener sus derechos y ha de ponerse un lazareto a la de las mujeres”.

Finalmente, por 161 votos contra 121 la mujer adquiere el derecho al voto. El socialista Prieto abandona la Cámara afirmando que «era una puñalada trapera para la República». La gran mayoría del Partido Radical, el partido de Clara, vota contra el sufragio femenino.

También Margarita Nelken, socialista y posteriormente comunista, y que tan lamentable papel jugara, pistolón en el cintura, durante la Guerra Civil, se manifestará contraria al voto de la mujer. Por lo que me parece una falta de respeto que tanto Pedro Sánchez como Irene Montero, para apuntarse un tanto, y falsificando la historia, la sitúen en el mismo plano que Clara Campoamor.

El 15 de octubre Campoamor se pronunciará a favor del derecho al divorcio, contra la opinión de Ossorio y Gallardo. El 1º de diciembre, aprovechando la circunstancia de que las derechas –apoyo fundamental del sufragio femenino– han abandonado la Cámara, se presenta una enmienda para que la mujer sólo pueda votar en las elecciones municipales. La enmienda se rechaza por muy escaso margen: 131 votos en contra y 127 a favor. Es la victoria de Clara Campoamor, la victoria, también, de medio país, de todas las mujeres españolas. De su actividad parlamentaria, reseñemos también que un año más tarde se pronunció a favor de la supresión del delito de adulterio.

Tras el éxito conseguido, Campoamor escribiría:

“Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de la mujer que no puede traicionar a su sexo… defendí esos derechos contra la oposición de los partidos republicanos, más numerosos del Parlamento, contra mis afines… triunfó la concesión del voto femenino por los votos del Partido Socialista (con destacadas deserciones) y otros pequeños grupos republicanos; catalanes, galleguistas, progresistas y Al Servicio de la República (de Ortega y Gasset) y en las primeras votaciones por las derechas, aunque en la última y definitiva votación, por la retirada de la derecha, sin sus votos. Finada la controversia parlamentaria con el reconocimiento total del derecho femenino, he sentido penosamente en torno mío palpitar el rencor… decían que el coto femenino había herido mortalmente a la República, que la mujer, entregada al confesionario, votará a favor de las derechas jesuíticas y monárquicas… en los pasillos del Parlamento, en sus escaños, en las reuniones del partido, en sus asambleas, en la calle, en público y en privado, a cada momento y en un tono de agresiva virulencia, los hombres y hasta mujeres consideraban obligado marcar su disconformidad; mi nefanda culpabilidad; por fatiga moral a reducir mi presencia en el Parlamento”

En 1935, se separa del Partido Radical, quejándose del descuido y la falta de apoyo que desde su partido se presta a los temas de la mujer.
En esa época, es nombrada Presidenta de la Organización Pro-Infancia Obrera, para atender a las niñas y los niños asturianos.  Al no encontrar ningún grupo político que apoye abiertamente los derechos de la mujer, pretende, sin éxito, organizar un partido político independiente y se le niega la entrada en el Partido de Izquierda Republicana. Considerada una de las “madres” del feminismo español, defendió la igualdad de los derechos de la mujer, además del sufragio femenino y también promovió la primera ley del divorcio.

De ideología liberal estará en contra tanto del fascismo como del comunismo y al inicio de la guerra civil estaría radicalmente en contra de que se hubiesen dado armas al pueblo por considerar que se acababa con ello con el espíritu la República nacida en 1931.

Contraria a la violencia que se ejercía en Madrid  por parte de milicianos de la FAI-CNT y también del PSOE y del PCE, contra ciudadanos sospechosos de simpatizar con los nacionales, abandonaría España, como lo hicieran Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Chaves Nogales, Juan Ramón Jiménez o Manuel de Falla, entre otros.

Y para defender su posicionamiento escribiría  La revolución española vista por una republicana, obra intencionadamente silenciada por los historiadores situados en lo “correctamente político”.

 «El bando vencedor verá nacer luchas internas entre los partidos tan contradictorios, pretendiendo cada uno de ellos cosechar solo para sí los frutos de la victoria».

Con esta frase, nuestra protagonista deja ya bien claro que el conflicto civil no fue un mero choque de rojos contra azules sino que son muchos los matices que entraron en juego y, por lo tanto, deja entrever que el debate actual de buenos y malos no sólo es erróneo, sino anodino e injusto con muchos de los protagonistas del Madrid revolucionario.

Cabe decir que Clara Campoamor se opuso por completo a los golpistas, manteniéndose fiel a la República. Sin embargo, con el estallido de la guerra, el Estado de derecho había sido quebrado y sus normas no sólo perdieron valor en el bando rebelde, sino también en el contrario. Puede parecernos obvio que en un estado de excepción como era este, cada gobierno tome medidas extraordinarias y asuma que las normas democráticas carecerían de sentido alguno, al menos hasta que el enemigo fuese derrotado.

El problema, y tema central por lo que Clara Campoamor comienza a escribir este diario, es que el gobierno de Madrid se había alejado por completo de los ideales de la República y comenzó a ser regido por unos líderes más preocupados en la revolución proletaria que en el bienestar del sistema y de los españoles. Cuando la ley pierde su poder y el apoyo de las instituciones, son los radicales los que ganan importancia en la sociedad.

En el bando nacional Falange Española se constituyó como el partido abanderado por la enorme avalancha de afiliados que se produjo. Mientras que en el republicano, con el apoyo político y financiero de Moscú, fueron los comunistas los que comenzaron a tomar la sartén por el mango.

Y contraria a la ideología totalitaria de ambos grupos, Clara Campoamor defendía una República liberal y parlamentaria.

Con los revolucionarios milicianos dominando Madrid, Clara Campoamor se fue dando cuenta cómo el término “fascista” se comenzó a usar de manera beligerante. Pero dejemos hablar a nuestra protagonista:

«Al principio se persiguió a los elementos fascistas. Luego la distinción se hizo borrosa. Se detenía y se fusilaba a personas pertenecientes a la derecha, luego a simpatizantes, más tarde a los miembros del partido radical de Lerroux, y luego –error trágico o venganza de clase- se incluyó a personas de izquierda republicana como el infeliz director de un colegio para muchachos, el Sr. Susaeta, hijo de un ex-diputado  radical socialista… Cuando se comprobaron aquellos errores, se echaba la culpa de los asesinatos a los fascistas y se continuaba.»

Stalin, como bien le enseñó Lenin, reconocía que los enemigos no sólo estaban más allá de las fronteras sino que cualquier persona cercana podía estar sirviendo secretamente al enemigo. Tildarlos genéricamente de fascistas no era más que una manera de purgar a aquellos contrarios que, aun siendo fieles a la República, podían poner en peligro su mando de poder.

Así Madrid fue convertida realmente en un soviet. Las milicias comunistas fueron armadas por el gobierno para que actuaran contra aquellos que cuestionaran el nuevo poder constituido, sea o no republicano. Las denuncias y acusaciones entre ciudadanos anónimos estuvieron a la orden del día; las detenciones con nocturnidad se daban a diario; cientos de mujeres inocentes fueron violadas y maltratadas por su condición ideológica o por la de su marido; miles de negocios fueron saqueados e incendiados por las autoridades revolucionarias. Mientras los rebeldes avanzaban sin pudor a sangre y fuego hacia la capital, en Madrid la revolución estaba acabando con cualquier vestigio de los principios de la democracia republicana.

Ante todo esto, Clara Campoamor perdió toda esperanza por volver a la situación anterior. La violencia con la que se desarrollaba la guerra en retaguardia había destrozado el ímpetu con el que la madrileña había luchado por una República al servicio de todos los españoles, una que convenciera y acogiera desde el más comprometido al mayor agnóstico del proyecto de 1931.

Las propias presiones que recibió desde la izquierda radical, donde Margarita Nelken jugaba un papel fundamental como ideóloga,  hicieron que Clara tuviera que exiliarse a París. Desconsolada, dolida y despreciada comenzó a escribir en 1937 el diario que aquí presentamos y profundamente recomendamos. De nuevo mostramos nuestro asombro, y en parte indignación, por cómo las vivencias de esta ilustre republicana han sido ignoradas por los propios españoles, republicanos o no. Unas palabras cargadas de polémica por nuestra constante vagueza intelectual respecto a esta época, sin embargo, la razón principal por la que aconsejamos esta lectura es porque Clara Campoamor sabe darle relieve a los matices con la intención de que los lectores recuperen su ilusión perdida por una República de todos, algo excepcional en aquellos bélicos meses.

Sobre el libro Andrés Trapiello en  Las armas y las letras, escribe:

«Clara Campoamor era, y lo fue durante todos los años del exilio y hasta fecha muy reciente, en que se la ha reivindicado un poco a hurto por su labor parlamentaria, una de esas personas que lo perdieron todo en la guerra, hasta el prestigio de los perdedores, sólo porque era una política liberal y porque su visión de las cosas no se avino a las versiones oficiales de unos y otros. El libro del que nos ocupamos no es […] un libro estrictamente literario, pero no por ello es menos sorprendente y valioso. Al contrario, la inteligencia de su autora y su escritura, sencilla e implacable, lo hace mucho más valioso que la mayoría de los que se publicaron entonces, ¡y después!, quizá porque abandonando la retórica dejaba de ser propagandístico. Se leerá, sin la menor duda, como un vertiginoso episodio nacional. […] Las ideas de Campoamor fueron netas, ponderadas y, acaso lo más prodigioso, con una meridiana lucidez, ya que las exponía en el mismo 1936. Lo que otros empezaron a admitir tantos años después, ella lo vio claro cuando solo habían transcurrido unas pocas semanas de lucha.»

Murió en 1972 en Lausana, a los 84 años. No había podido regresar a España, pero nos legó uno de los mayores avances en materia de derechos sociales, como es la igualdad entre sexos.

También nos ha legado las siguientes reflexiones:

 “La división tan sencilla como falaz hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad. La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos (…) demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental”.

«Defendí en Cortes Constituyentes los derechos femeninos. Deber indeclinable de mujer que no puede traicionar a su sexo, si, como yo, se juzga capaz de actuación, a virtud de un sentimiento sencillo y de una idea clara que rechazan por igual: la hipótesis de constituir un ente excepcional, fenomenal; merecedor, por excepción entre las otras, de inmiscuirse en funciones privativas del varón, y el salvoconducto de la hetaira griega, a quien se perdonara cultura e intervención a cambio de mezclar el comercio del sexo con el espíritu».

«Los pueblos, como los individuos, debido a las prohibiciones de la naturaleza acaban a veces, a través de crisis crueles, creando sus propios organismos de defensa contra los elementos convertidos en dañinos».

Sirvan de lección para todos aquellos que nos dan continuamente lecciones de democracia y que pretenden cosificarnos.

 

 

Día Internacional de la Mujer

Las mujeres queremos belleza en nuestra vida y en el mundo

Isabel Allende

Ante este Día Internacional de la mujer que en mi opinión todos  y todas (como dirían los cursis) debemos conmemorar que no celebrar porque aún nos queda un largo camino por recorrer hacia la plena  igualdad, propongo algunas cuestiones para la reflexión.

En primer lugar, creo que debemos de repasar un poco la historia de esta efeméride, en 1975, la asamblea general de la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo Día Internacional de la Mujer. ¿Por qué ese día? El origen no está muy claro y existen varias versiones. La más verosímil es que fue un 8 de marzo del año 1857 cuando un grupo de trabajadoras textiles decidió salir a las calles de Nueva York para protestar por las míseras condiciones en las que trabajaban. Sería una de las primeras manifestaciones para luchar por sus derechos laborales. Distintos movimientos y sucesos se sucedieron a partir de esa fecha.  Sería una de las primeras manifestaciones para luchar por los derechos de la mujer, aunque no el único.

El episodio más dramático se produjo, sin embargo, el 25 de marzo de 1911, cuando se incendió la fábrica de camisas Shirtwaist de Nueva York. Un total de 123 mujeres y 23 hombres murieron. La mayoría eran jóvenes inmigrantes que tenían entre 14 y 23 años. Los trabajadores no pudieron escapar porque los responsables de la fábrica habían cerrado todas las puertas de escaleras y de las salidas, una práctica habitual entonces para evitar robos. 

Fue el desastre industrial más terrible de la historia de la ciudad y supuso la introducción de nuevas normas de seguridad y salud laboral en EEUU.

En España la lucha por la igualdad se ha producido con mayor o menor éxito a lo largo de los años y, a día de hoy, todavía existen muchas asignaturas pendientes. Aunque la sociedad, de forma mayoritaria, ha tomado por fin conciencia de la desigualdad entre sexos y de la necesidad de erradicar cualquier tipo de discriminación o violencia sobre la mujer.

A pesar de que la sociedad está plenamente concienciada, a continuación se muestran algunas cifras que dan que pensar (*):

  • Durante 2018 el paro entre los hombres se redujo un 7,80% mientras que para las mujeres fue solo de un 3,78%.
  • En enero de 2019 el 72% de los nuevos desempleados fueron mujeres.
  • La diferencia salarial entre hombres y mujeres es del 14%.
  • El 59% de quienes se hacen cargo de los cuidados de mayores y enfermos crónicos de forma no profesional son mujeres.
  • El 92% de las excedencias por cuidado de menores o familiares son mujeres.

Por no hablar de otras cuestiones que reflejan que sigue existiendo un techo de cristal para las profesionales, una importante brecha salarial y que el cuidado de los niños, mayores y enfermos recae mayoritariamente en la mujer.

A lo mejor, muchas de las lectoras no se identifican con esta situación, indudablemente muchas somos afortunadas  y no sufrimos ninguna discriminación salarial o laboral y en nuestra vida personal ni nos planteamos la existencia de desigualdad porque realmente no la percibimos. Debemos de sentirnos orgullosas porque “yo lo valgo”

Sin embargo, no se puede bajar la guardia para no perder lo que se ha logrado, tampoco podemos olvidar que hay mujeres menos afortunadas y por las que tenemos que seguir buscando la igualdad en todos los aspectos de la vida.

(*) Fuente:Revista Yo Dona

LOS BUENOS PROPÓSITOS PARA EL AÑO ENTRANTE

feliz año

Nos enfrentamos a un nuevo año y me asaltan varias reflexiones y la primera de ellas es que parece que el tiempo aparentemente me dura menos y que los años se pasan volando.  Siente que fue ayer cuando saludé a 2018.

Otra cuestión es la de los buenos propósitos para este año entrante. ¿Vale la pena plantearlos? ¿se trata de objetivos o solo son buenos deseos? Aquí ya comienza a complicarse el tema porque si yo quiero organizar mi casa y mi despacho y simplemente lo lanzo al aire, posiblemente se quedará en un deseo que se cumplirá o no aleatoriamente.

CARACTERÍSTICAS DE UN OBJETIVOAhora bien si me planteo seriamente la idea de organizar correctamente mi casa y mi despacho, tendré que pensar en primer lugar qué es lo que quiero hacer de modo específico ¿se trata de una organización real o solamente de conseguir que todo se vea más bonito a primera vista? Si es mi objetivo, tendré que definir este aspecto de manera clara y concreta.

Además tendré que preguntarme si voy a ser capaz de organizar, con qué medios cuento (por ejemplo cuanto tiempo puedo dedicar a la organización, si cuento con ayuda familiar,  elementos que pueden facilitar la labor como organizadores de documentos, scanner para digitalizar todo aquello que no hace falta conservar en papel,  una destructora de papel….) para que este objetivo sea realizable.

Finalmente, no puedo plantearme un objetivo que no tenga una fecha de cumplimiento que me obligará a dedicar el tiempo y esfuerzo necesario, de otra manera, si me lo planteo sin fecha, sine die, lo más probable es que no llegue a terminar nunca.

Cuando acabe el año os contaré si cumplí mi propósito para 2019.

 

 

 

 

 

 

¿PERVERSIONES DEL IDIOMA? ¿NOS COMUNICAMOS PEOR?

Vaya por delante que considero que el idioma español (mi lengua materna) es mi mejor herramienta de comunicación y no creo ser una rareza aunque si seguimos por el camino que vamos, pronto lo seré.

Según el Instituto Cervantes, el español es la segunda lengua   por número de usuarios ya que más de 572 millones de personas hablan español en el mundo, de los que 477 son hablantes nativos solo superada por el chino mandarín (950 millones).

No cabe duda que todos los hispano-parlantes deberíamos sentirnos enormemente orgullosos y sin embargo, parece que nos avergonzamos de nuestro patrimonio cultural y cada día nuestro uso del idioma es más pobre, especialmente en España.

Un ciudadano medio español no utiliza más allá de 1.000 palabras y sólo los muy cultos alcanzan los 5.000 vocablos. Hay estudios  que afirman que una camarera bogotana o un policía chileno utilizan al menos mil palabras más. Cervantes en ‘El Quijote’ empleó casi 23.000 palabras diferentes.

Al empobrecimiento del lenguaje hay que añadir el desmesurado uso de anglicismos, ¿por qué hay que decir “face to face” en lugar de cara a cara o “App” en lugar de aplicación o “fake news” para referirnos a noticias falsas o bulos? Solo por citar algunas.  Me pregunto por qué lo hacemos, será por aparentar una cultura superior o por mimetismo o un cierto complejo de inferioridad frente a los anglo-parlantes.

Desde luego, los medios de comunicación parece que no ayudan y se publican y se ven cosas en televisión que me mantienen en perpetuo estado de estupefacción.  Por ejemplo, están anunciando un programa que se llama “Cuatro Weddings”, ¿tanto costaba llamarlo “Cuatro bodas?, También anuncian “La voz kids” y de nuevo me pregunto es tan difícil llamar al programa “La voz niños” o mejor aún “La voz infantil”?

Como conclusión,  regreso al inicio de este artículo, el español es mi mejor herramienta de comunicación aunque no la única, que duda cabe que también comunico mediante el lenguaje no verbal y paraverbal .

Y aquí también es importante cómo utilizo el lenguaje, si mi vocabulario es amplio y cuidado, transmito mejor imagen que si utilizo un lenguaje pobre y a lo mejor, vulgar, de modo que de forma no verbal estoy transmitiendo unos determinados valores,  nivel cultural e incluso mi respeto hacia el interlocutor.

Si algo es maravilloso, no es lo mismo decir que me encanta que me mola.  Lo de los adjetivos es todavía peor, se tiende a decir que algo es guay cuando podría utilizarse un sinfín de vocablos: bonito, genial, fantástico…

 

 

COMUNICACION PORCENTAJES

Aunque como puede verse, los expertos solo dan un 7% al lenguaje verbal y un gran porcentaje al lenguaje no verbal así como al paraverbal,  lo que se dice es fundamental.

Invito a los lectores a reflexionar sobre su propio uso del idioma y a compartir su opinión al respecto de lo expuesto.

 

EL TÍPICO CASO DEL CAMARERO CANSINO O “NO QUIERO CLIENTES”

Este es un caso que todos hemos vivido especialmente en verano.  Nos sentamos en una terraza, posiblemente somos clientes asiduos y de repente nos damos cuenta de que somos invisibles para el camarero, que de repente se ha convertido en ciego y sordo.

Sin duda, el camarero cansino no es el propietario de la cafetería y ni siquiera la camareroposibilidad de una propina es un acicate para él.  Su visión es muy cortoplacista, solo desea que los clientes lleguen uno a uno y que no molesten porque para este tipo de camareros, cualquier petición del cliente, por muy legitima que pueda ser, es un ataque a su comodidad, ya que en realidad, él quiere cobrar un sueldo y no quiere clientes.  Sería interesante conocer la opinión del propietario pero no sabemos quién es o dónde está porque si fuera alguien pendiente de su negocio, el comportamiento del camarero sería muy diferente.

Una empresa sin clientes no es una empresa y si pensamos que cada uno de nosotros tenemos que considerar nuestra profesión como nuestro negocio y  patrimonio (también el camarero cansino), debemos cuidar a nuestros clientes y clientes potenciales  y sobre todo fidelizarlos.

Y, ¿quiénes son nuestros clientes? Si somos profesionales que trabajan por cuenta ajena se pueden enumerar con bastante claridad: nuestros jefes, los compañeros, los proveedores y como no, los clientes de la empresa.

En el caso de los trabajadores por cuenta  propia, parece mucho más fácil definir quien es el cliente y sin embargo, con frecuencia olvidamos que todo aquel con el que nos relacionamos puede convertirse en un cliente potencial.

Últimamente observo una cierta dejadez en la atención al cliente, no se si como consecuencia de la “estivalidad” o por el deterioro de determinadas cuestiones.

La atención al cliente requiere una serie de competencias, tanto técnicas como emocionales que son las que realmente permiten la excelencia en la atención al cliente.  Por supuesto,  cada área de actividad tiene sus propios requisitos técnicos.

Sin embargo, en cuanto a las competencias emocionales, me atrevería a decir que son comunes a cualquier sector.  Entre estas competencias hay que citar las competencias de eficacia personal, las relativas al logro, las competencias de influencia, las gerenciales  y por supuesto, las de ayuda o servicio.

ie1

 

 

La atención al cliente requiere que sepamos controlarnos, sentir confianza en nosotros mismos, no dejarnos vencer por los fracasos y por supuesto, compromiso con lo que hacemos.

 

COMPETENCIA logro

Las personas que disponen de estas competencias  fijan las propias metas de forma ambiciosa, por encima de los estándares y expectativas, teniendo especial cuidado en no cometer errores y evadiendo obstáculos que impidan obtener sus objetivos con éxito. 

influencia

 

Son aquellas personas  con la capacidad de despertar ciertas emociones en los demás, son capaces de sentir las reacciones de quienes escuchan su mensaje y se anticipan a dichas reacciones.

La persuasión tiene mucho que ver con la empatía puesto que no es posible influir en los demás si no se trata de comprender su punto de vista y sus deseos.

Facilita mucho las cosas la identificación de un factor común que sirva de vínculo, si mediante un comportamiento empático, se entiende como se siente el interlocutor y se expresa la comprensión de sus sentimientos por compartirlos, sin duda alguna se ha establecido un magnífico punto de partida para tener un efecto persuasivo sobre esa persona.

gerenciales

 

Aunque hasta hace poco se consideraba que estas competencias eran patrimonio exclusivo de la dirección, actualmente se considera que todos los profesionales, sea cual sea su nivel deben estar en posesión, en mayor o menor medida de las denominadas competencias gerenciales.

servicio

 

Engloba este epígrafe aquellas competencias orientadas a la comprensión de las necesidades e intereses de los demás (sensibilidad interpersonal o empatía) y al trabajo para satisfacerlas (orientación al servicio al cliente).

 En resumen, todos independientemente de la situación personal, tenemos que cuidar nuestro negocio y nuestros clientes.  A lo mejor si el camarero cansino decidiera poner en valor las competencias aquí expuestas, su futuro sería mucho más brillante.

BIBLIOGRAFIA

NO SIN MI CLIENTE

COMO SOBREVIVIR AL CAMBIO: INTELIGENCIA EMOCIONAL Y SOCIAL EN LA EMPRESA

 

 

Pase lo que pase “no tires la toalla”

Cuantas veces todo parece ser adverso cuando se intenta lograr un objetivo. Cuantas veces sentimos que no vale la pena, que el un universo está en contra nuestra y que quizá lo más sensato sería “tirar la toalla” y sin embargo, antes de caer en esa tentación tenemos que recordar un concepto que es clave para lograr el éxito: la resiliencia o capacidad para sobreponerse a los reveses que se nos presentan y alcanzar nuestras metas u obetivos.

Antes de continuar conviene establecer lo que distingue un objetivo de un deseo. En objetivo debe: CARACTERÍSTICAS DE UN OBJETIVO

  • Ser explicito y específico.  Hay que ponerlo por escrito, utilizando el verbo en infinitivo (por ejemplo, “aprender inglés”)
  • Ser claro sin que se preste a dobles interpretaciones
  • Ser limitado en el tiempo, es decir con un plazo establecido (“aprender inglés en un año dedicando tres horas diarias“)
  • Ser evaluable, en cuanto a resultados (“aprender ingles para poder mantener una conversación en un año”).
  • Realizable es decir que no sea una utopía o un autoengaño  (“aprender chino en un año para poder mantener una conversación dedicando una hora a la semana)

Una vez definidas las características de un objetivo y su diferencia respecto a los buenos deseos, hay que ponerse a trabajar para lograr lo que nos proponemos y no renunciar, es decir no tirar la toalla.

En primer lugar  y si no lo hemos hecho ya, habrá que poner por escrito el objetivo y a continuación, pensar qué recursos vamos a utilizar y en qué plazo de tiempo.

Supongamos que el objetivo es “lograr un ascenso en la carrera profesional” pero ¿qué vamos a hacer  para conseguir este ascenso? ¿es viable dentro de la empresa o se trata de buscar otro puesto de trabajo? Son dos opciones que requieren estrategias distintas.

Si consideramos viable la primera, tendremos que cuestionarnos por qué la empresa no lo ha contemplado y hay que analizar las posibles razones y decidir “si tiramos la toalla” o persistimos en el intento. Pero no se trata te persistir en el intento sine die, todo objetivo tiene que contar con fecha de cumplimiento y si llegada la fecha no se ha logrado el objetivo, hay que considerar la segunda opción e incluso una tercera.

Por supuesto para conseguir el objetivo  “lograr un ascenso en la carrera profesional” hay que ser realistas y analizar desapasionadamente si realmente somos la persona idónea, en cuanto a perfil profesional y competencias tanto técnicas como emocionales.

En resumen, hagas lo que hagas, NO TIRES LA TOALLA.

 

 

LA VIDA IBA EN SERIO Y NOS DA SORPRESAS… SORPRESAS NOS DA LA VIDA

El enorme  poeta Jaime Gil de Biedma escribió un bellísimo poema sobre el devenir de la vida, del que aquí quisiera destacar un fragmento:

.”Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante. “Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Todos nosotros cuando alcanzamos determinada edad, creemos saber cómo será nuestro futuro que casi siempre suponemos previsiblemente tranquilo y razonablemente feliz.

Sin embargo, la vida es imprevisible y de repente y, sin preparación ni previo aviso, nos lleva por derroteros inesperados.

Por otra parte, Ruben Blade advierte  que la vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida, como dice la canción Pedro Navaja.

Ya lo se, soy muy ecléctica en mis gustos.

Cuando nos encontramos ante esta, llamémosla “sorprendente” circunstancia y entrecomillo el término porque no hay nada más imprevisible que el devenir de la vida y siempre consigue sorprendernos.

Y precisamente es cómo afrontamos esos avatares del destino, lo que realmente marcará nuestro futuro. Lo estupendo sería poder actuar como  Superman pero lamentablemente este tipo de super-héroes no existe en la vida real.

Cuando la vida nos sorprende negativamente y apenas podemos creer que nuestra vida ha dado un vuelco inesperado, siempre pasamos por una primera fase de negación.  Es cuando nos decimos que esto no puede estar pasando.

Todo cambio genera cuanto menos inquietud y si el cambio es negativo, la situación se agrava y comenzamos negando la realidad. A continuación, cuando comenzamos a aceptar que la vida ha cambiado, es posible que nos culpabilicemos a nosotros mismos del tremendo revés sufrido o le echemos la culpa a los demás o en último caso al empedrado. Esta es la fase de la ira.

Esta actitud es típica cuando el revés está relacionado con la pérdida de ese puesto de trabajo que dimos por sentado que sería “para siempre”… pero nada es permanente y esta premisa no debemos olvidarla.

Una vez superada esta fase y lo ideal es que se supere cuanto antes mejor, entramos en un periodo de negociación, comenzamos a aceptar la nueva situación, tratando de obviar los contras y buscando los pros.

Y justo, cuando parece que vamos remontando y asumiendo el cambio, nos entra una profunda tristeza y nos sentimos deprimidos.  Creo que lo que ocurre es que sabemos que estamos ante un nuevo escenario y nos estamos despidiendo del anterior. Pero como nada es permanente, finalmente entramos en la fase de aceptación.

Es posible, que la nueva situación sea menos  halagüeña que la anterior pero… la vida te da sorpresas, como dice la canción.

Lo ideal sería convertirnos en Superman para superar estos avatares, lamentablemente parece ser imposible, aunque no del todo. Está claro que Superman tiene, como todos los superhéroes, poderes especiales, muy lejos de nuestro alcance.

Sin embargo, todos tenemos algún superpoder (resiliencia, persistencia, fuerza de voluntad, etc… que nos facilitarán como mínimo la aceptación del cambio.

 

 

CUANDO DEJAS DE SER TU MISMO

Es complicado, ya lo se pero hay etapas en la vida que no somos nosotros mismos y no es que se nos haya “ido la olla” sino porque la vida o el destino nos somete a pruebas inesperadas y todo lo que dábamos por sentado, está fuera de nuestro alcance.

Son circunstancias que nos llevan a comportarnos de forma distinta a la que nos caracteriza y cómo nos perciben los que nos rodean.

Se trata de  circunstancias sobrevenidas, con las que no contamos y que remueven hasta los cimientos nuestra forma de ser y proceder.  Se trata de circunstancias personales: la pérdida de un ser querido, un problema de salud –ya sea de la propia o de alguien muy cercano-   una ruptura, un problema laboral, entre otros.

De repente y sin que seamos conscientes la mayoría de las veces, nos mostramos más irritables o mas apáticos, dejamos de cumplir nuestros compromisos o nos volvemos intransigentes o mas tolerables; no existe una pauta de carácter general, en todo caso, dejamos de ser nosotros mismos.

La realidad es que nos hemos visto golpeados por la mas cruel realidad y la gran pregunta es como superarlo.

Considero que hay tres fases que nos llevan a superar, en la mayoría de los casos, la situación.

Durante la primera fase, no entendemos qué es lo que ocurre y se hace imprescindible comprender y aceptar lo que nos ha sucedido.  Es el momento de asumir el paro, la ruptura o el problema de salud.   Hay que hacer un análisis de la situación y comenzar a trazar una estrategia que nos permita revertir la situación, en la medida de lo posible.  Esta es la actitud positiva, la negativa sería llorar, desesperarse o pensar que el universo está en contra nuestra.

La segunda fase se orienta al desarrollo de la estrategia, fortalecer el ánimo y asumir que ciertas cosas quizá han desaparecido para no volver y hay que sacar el mayor partido posible a lo que conservamos.

En la tercera fase, hay que ponerse a la tarea, ser  resilientes ante la adversidad y muy positivos.

Ya se que no es fácil pero peor es encerrarse a pensar lo desdichados que somos y que nunca superaremos esta terrible situación.