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Cuando en las redes sociales se nos va la olla y metemos la pata

Una metedura de pata en petit comité es desagradable pero no tiene la trascendencia que puede adquirir una “salida de pata de banco” en las redes sociales, especialmente si convertimos a alguien famoso o conocido en el objeto de nuestra ira, mofa o befa, porque entonces se hará viral.  Además no olvidemos que por rápidos que seamos en arrepentirnos y borrar, Google está ahí para conservar todo.

Está claro que nadie está libre de un ataque de ira o, lo que es peor, de un ataque de tontería.  No solo los trols como el de la imagen, escriben textos ofensivos.

La prudencia aconseja guardar nuestros sentimientos y opiniones ofensivas para nosotros mismos o nuestro círculo más íntimo.

Ahora bien, lamentablemente puede darse el caso de que irreflexivamente decidamos compartir con el “mundo mundial” nuestras emociones u opiniones y los publiquemos en las redes sociales.  Es entonces cuando comprobaremos con horror la enorme difusión que tiene cualquier tontería o lo que es peor, chistecito de mal gusto, amenaza encubierta o no, etc… actualmente existen muchos ejemplos conocidos por todos.

Ahora bien ¿qué hacer si somos nosotros los de la metedura de pata? la periodista Clarisa Sekulits en su articulo publicado en el Diario Expansión recopila los consejos de expertos sobre el tema.

Lo habitual es no querer saber nada de las redes sociales y se siente un fuerte deseo de abandonarlas para siempre jamás. Es comprensible esta actitud pero poco práctica, entre otras cosas porque necesitaremos de éstas para reconstruir nuestra marca.  Además, cada vez es mas frecuente que las empresas esperen (o exijan) de sus empleados que sean activos en las redes sociales.

Indudablemente hay que encarar la “salida de pata de banco” con humildad y sobre todo ser sinceros.  Es necesario pedir disculpas al ofendido (es posible que esto nos evite querellas) y a partir de aquí y durante un tiempo, hay que mantener un perfil bajo y lo mas silencioso posible.

Además, es necesario iniciar una estrategia para reparar los posibles daños colaterales (o no tan colaterales):

  • Ponerse al habla con  nuestra empresa, no olvidemos que el perfil privado y el profesional están unidos inevitablemente, lo que invalida aquello de “se trata de una opinión personal”.
  • Publicar poco o nada durante un tiempo  y tener en cuenta que las nuevas publicaciones deben tocar temas muy alejados de aquello que ocasionó la metedura de pata.
  • Reconstruir nuestra marca personal y profesional que inevitablemente se habrá visto dañada.

Y, ¿qué hacer si nuestro error ha ocasionado el despido? Después de las lamentaciones propias de la situación, hay que trazar un plan de búsqueda del nuevo empleo. Entre otras cosas, no es necesario contar durante la entrevista lo ocurrido pero si el entrevistador conoce el tema y pregunta, hay que responder sinceramente y explicar cómo se ha gestionado el problema, lo que puede ser un punto a favor.

Finalmente, prevenir es mejor que curar, antes de  publicar algo, piensa las consecuencias y ¡NO TROPIECES DOS VECES EN LA MISMA PIEDRA!

MARCA PERSONAL Y PROFESIONAL

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LA TENTACIÓN VIVE EN LAS REDES SOCIALES

Parafraseando el título de una antigua pero estupenda película, “La tentación vive arriba”  incluyo aquí una reflexión sobre las “meteduras de pata” de algunos políticos y como no, de todos nosotros, ciudadanos de a pie.

Creo que vale la pena analizar algunas salidas de tono, no de los políticos (ya se ha comentado bastante) sino de la gente corriente.

Por ejemplo, he tenido ocasión de leer en Facebook una feroz crítica al mundo empresarial por parte de alguien que puede que tenga un empleo precario y debería volcar toda su energía en formarse y proyectar una imagen de persona confiable y sensata.

También en Facebook, aparte de los millones de perritos y gatitos que cansan hasta al más santo, he podido leer palabrotas, improperios, etc. por parte de personas que puede que representen a alguna entidad.

Parece que Twitter convierte a algunas personas que en el mundo real son sensatas, en verdaderos “bocazas” en el entorno virtual.

Yendo a extremos sencillamente deplorables, un joven publicó en YouTube, simplemente para que lo vieran sus amigos, un vídeo absolutamente reprobable e incluso punible, los amigos a su vez, lo difundieron en sus redes sociales hasta convertirse en viral y de ahí pasó a los medios de comunicación.

Todo el país pudo darse cuenta de la insensatez (cuanto menos) de este muchacho que aunque borró sus perfiles en todas las redes sociales, saltó a la fama (mala fama) sin quererlo.  Al día de hoy, los expertos en reputación digital le aconsejan que se cambie el nombre o al menos invierta el orden de sus apellidos si quiere conseguir trabajo algún día.

Por supuesto, lejos de mi la idea de demonizar las redes sociales, especialmente porque son un magnífico instrumento para la gestión de la marca personal y profesional y desde luego una forma de incrementar la empleabilidad.

Las redes sociales están en nuestra vida y en la sociedad y, de momento, están aquí para quedarse. Lo inteligente es saber utilizarlas y servirse de ellas con un objetivo claro: Potenciar nuestra marca personal y profesional.

redes sociales

Estar o no estar en las redes sociales parece una decisión que ya no hay que adoptar porque si los profesionales no estamos presentes en al menos una red social, simplemente no existimos.

Es necesario darnos a conocer y contar lo que sabemos hacer mejor que otros, es decir, tener visibilidad.  Hay que analizar en qué redes debemos estar, de acuerdo con nuestra política de comunicación y estrategia de presencia en redes sociales y no publicar por publicar.

Pero a las redes sociales hay que acercarse con un objetivo y un plan específico que se convierta en nuestra brújula cada vez que publiquemos algo.

RESISTAMOS LA TENTACIÓN DE DECIR LO QUE NO SE DEBE (AUNQUE LO PENSEMOS) EN LAS REDES SOCIALES Y APRENDAMOS A UTILZARLAS PARA CONSTRUIR Y GESTIONAR LA MARCA PERSONAL.