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SIEMPRE HAY QUE MIRAR MAS ARRIBA

Parece que la tendencia es mirar hacía adelante y nos olvidamos de mirar hacia arriba. Lo urgente nos impide ver lo importante, o quiza no queremos verlo.
Podría tratarse de una forma de procrastinación aun pendiente de analizar por los expertos.
Pasamos los días, la semanas, los meses ocupandonos de asuntos que o no nos interesan o no nos gustan y lo hacemos sin ser concientes (o quizá sí) de que deberíamos mirar hacia arriba para buscar esos sueños que incluso olvidamos en ocasiones.
¿Por qué renunciar a lo que queremos?
Solamente nos ocupamos de lo inmediato y nos olvidamos muchas veces de lo esencial

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Y lo esencial somos nosotros mismos, queridos lectores, quizá suene egocéntrico en exceso pero es real.  Nos ocupamos y preocupamos de nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros jefes… pero lo esencial deberían ser nuestros sueños y nuestros objetivos.

preciosa torre 2Vamos siempre mirando hacia adelante, como con orejeras, haciendo “lo que hay que hacer” y olvidando mirar hacia arriba al cielo azul y las estrellas donde residen los sueños.

Sueños que posiblemente han quedado aparcados por miedo al fracaso y por ello procrastinamos ocupándonos de lo demás.

Creo que mi frase favorita sobre la posibilidad de fracasar se debe a Thomas Alva Edison: No he fracasado. He encontrado 10000 soluciones que no funcionan.

Este prolífico inventor, sabía que nada sale a la primera pero no hay que rendirse.

¿Y tu querido lector has renunciado a tus sueños cambiándolos por la rutina del día a día?

 

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NUNCA HAY UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD PARA CAUSAR UNA BUENA PRIMERA IMPRESIÓN

El mercado laboral es cada vez más competitivo y exigente. Ofrecer una buena imagen se convierte en una exigencia por tratarse de una herramienta de comunicación imprescindible, tanto en el entorno laboral como en el personal. Hay que tener en cuenta que “solo hay una oportunidad de causar una buena primera impresión” esto es un hecho casi incuestionable.

La primera impresión se produce cuando conocemos a una persona. Y todos nos formamos una opinión, ¿pero exactamente qué es lo que evaluamos?

Según los expertos, lo que se dice constituye un 8% de lo que se comunica, un 52% corresponde a cómo se dicen las cosas y el restante 40% está vinculado a  la apariencia personal (porte, atuendo, posturas y gestos).

No se trata pues de una cuestión trivial, como podría haberse supuesto en un primer momento. Es necesario reflexionar sobre qué es lo que queremos comunicar a través de la imagen propia.  En realidad, sin pretenderlo (o sí), se transmite si nos interesa o no el trabajo.  Si el  aspecto es desaliñado, lo que se está diciendo es que ni el puesto, ni las personas con las que nos relacionamos tienen importancia.  Por el contrario, si el aspecto es impecable y sobre todo, adecuado a la cultura de la empresa, la imagen transmite eficacia, interés y deseos de proyección profesional.

La buena presencia, la imagen que se proyecta se puede definir como “algo  de naturaleza visible o concreta”.   No significa belleza o apostura, implica algo más.  La buena presencia se refiere al porte, aspecto y apariencia de una persona. Realmente, una buena presencia que comunique lo mejor de uno mismo, implica encontrar el equilibrio apropiado.

En general, las cuestiones que se exponen a continuación son aplicables a todos los ámbitos de nuestra vida pero cobran especial relevancia en la búsqueda de empleo

  • La buena presencia, el ser y sentirse agradable a la vista de los otros, hace a las personas más seguras de sí mismas, lo que mejora en gran medida su desarrollo personal, profesional y social.
  • Las buenas maneras, el protocolo social y la etiqueta en el mundo laboral tienen gran importancia como herramienta de comunicación y relación.

La imagen personal debe ser:

  • Consecuente

Acorde con los valores, estatus y cualidades. Una persona que trata de transmitir algo que realmente no es, solamente comunica confusión. Hay que armonizar el aspecto físico con el personal, con los modales, con la forma de expresarse y la forma de moverse. Todo este conjunto transmite, pero esa transmisión debe ser lo más positiva posible.

  • Persistente

 

Tiene que haber un estilo definido, no se puede acudir a la primera entrevista con una imagen absolutamente clásica y a la segunda, con un aspecto alternativo.

  • Coherente

 

El atuendo debe contar una historia, y sólo una.   No parece lógico que una persona joven aparezca vestida como alguien de mucha más edad, con el fin de aparentar seriedad.  Es mucho más serio presentarse con corrección y adecuado a edad, forma de ser y momento.

 Si se opta por un trabajo en el que no habrá relación con el cliente y se trata de trabajo de oficina, lo normal es que si habitualmente no se lleva corbata, hay que presentarse correctamente vestido pero sin corbata.

La profesora Amy Cuddy[1] afirma que la gente suele evaluar a quien acaba de conocer en los primeros 30 segundos, planteándose las siguientes preguntas:

 ¿Puedo confiar en esta persona?

¿Puedo respetar a esta persona?

CONFIANZAY COMPETENCIA

Amy Cuddy se refiere a estas dimensiones como confiabilidad y competencia e idealmente todos querríamos ser percibidos positivamente en ambas dimensiones, aunque la mayoría de las personas, especialmente en un contexto profesional, creen que el factor mas importante es la competencia, porque queremos afirmarnos como profesionales inteligentes y eficientes.

Sin embargo, la confiabilidad es el factor principal para quien nos conoce y es a lo que realmente prestan atención. Parece lógico desde un punto de vista antropológico, ya que desde las cavernas es más importante poder confiar que el grado de competencia.

Y si nos preguntamos ¿qué esperan las empresas cuando van a contratar a un candidato? La respuesta es que, por supuesto, esperan que la persona sea competente para ejercer el trabajo. Prácticamente esto lo dan por sentado.  Esperan una formación seria  e idónea y las habilidades necesarias para ejercer el trabajo.

factor diferenciadorTodo ello es importante pero sobre todo las empresas buscan confiabilidad. La confiabilidad no está forzosamente vinculada al cumplimiento del horario ni al presentismo, tiene sobre todo un matiz de responsabilidad.

 

[1] Amy Cuddy, psicóloga y profesora de Harvard Business School, experta en lenguaje no verbal,  ha estudiado junto con sus colegas Susan Fiske and Peter Glick   durante más de 15 años lo que podríamos denominar “primeras impresiones”

 

 

 

¡NO ES NO! ¿QUÉ PARTE DE NO, NO ENTIENDES?

En ocasiones nos enrocamos en una idea, en una opinión o en un plan y nos negamos a reconsiderarlo.  ¿Por qué?  normalmente, se debe a un orgullo mal entendido, a la convicción de que solo nosotros tenemos razón o a una concepción de la vida en blanco y negro.

Normalmente, esta cerrazón nos perjudica personalmente, conviene parar y reconsiderar, es posible que tengamos toda la razón del mundo pero los demás no lo ven así, también puede que estemos equivocados y nuestra postura nos puede llevar a veces por un camino erróneo.

¿No sería mejor negociar?  en el peor de los casos, el proceso de negociación nos ayudará a considerar nuestra postura desde distintos ángulos.  En el mejor, podremos convencer a nuestros oponentes.  También es posible que alcancemos un entente cordiale que traerá múltiples ventajas.

Quizá el problema del no es no radica en que no queremos o no sabemos negociar y no hay mas que ver el panorama político español, todos sin excepción se han enrocado, en lugar de tender puentes, los dinamitan y mientras, todos esperamos con un cierto aburrimiento de oír el no es no a todas horas.

No es fácil negociar, si lo fuera, la vida sería ideal pero conviene aprender a hacerlo.

Cuando hablamos de negociación siempre pensamos en un grupo de personas poderosas que negocian cuestiones cruciales para la humanidad, el país, la empresa o un colectivo importante. Claro que este tipo de negociación se produce pero nosotras, en el día a día negociamos continuamente, con los jefes, compañeros, la familia o las amistades.

Por ello, negociar, y negociar bien, adquiere una fundamental importancia para poder lograr mejores relaciones en la vida y, como consecuencia, más agradables y sólidas posiciones.

Toda negociación tiene como objetivo llegar a acuerdos, resolver diferencias o exponer y defender los propios intereses. La capacidad de negociación está muy relacionada con la resolución de conflictos, aunque no siempre se negocia para solucionar un problema.

En la negociación se suele optar por una de las tres estrategias que se describen a continuación:

  •  Búsqueda de una solución en la que ambas partes obtienen alguna ventaja similar.
  • Compromiso, solución en la que ambas partes renuncian equitativamente a algo.
  • Imposición, en la que una parte fuerza a la otra a renunciar a las ventajas que pudiera obtener.

persona colaborando2

En los dos primeros casos, lo que se pretende es satisfacer las necesidades propias y propiciar que la otra parte también lo consiga. Son negociaciones colaborativas, que se basan en la solución conjunta de sus respectivas necesidades. Para ello, es importante crear un clima de confianza.

personas competitivas

Cuando se opta por una estrategia de imposición, negociación competitiva, lo que se pretende es conseguir los objetivos propios a la vez que la otra parte no consigue los suyos. Suelen ser negociaciones duras que se basan en el regateo, en las que existe un componente de intimidación muy importante.

El experto en negociación, Dr. Michael Gibbs[1] resalta la importancia del saber escuchar y pensar en las demandas y necesidades de la otra parte.

De acuerdo con el Dr. Gibbs, para realizar una negociación de éxito, hay que considerar siete principios[2]:

  • Planificar

 Anticiparse a lo que uno quiere, pero también lo que la otra parte desea y esto exige trabajar en conocer lo más que se pueda de la contraparte, incluyendo sus debilidades y las nuestras, igual que los puntos de empate de los involucrados. Construya escenarios con posibles preguntas y respuestas y practique una u otra vez

  • Romper el hielo

 Sobre esto, se basa el principio de la afirmación: Para mí el lugar más importante donde quiero estar en este momento es exactamente aquí.

  •  Recopilar información para establecer afinidades

No se puede negociar a menos que se conozcan algunos aspectos fundamentales de la otra parte. A través de los antecedentes, experiencias y gustos de la otra parte, se pueden establecer vínculos positivos.

  • Obtener mayor información

No le debe preocupar decir: ‘No lo entiendo, ¿lo puede volver a explicar?’.

  •  Identificar asuntos, posiciones e intereses.

Por qué estamos aquí y ahora negociando, cómo el hecho de negociar nos ayudará, cómo ayudará a tus clientes, cómo ayudará a mi empresa.

  •  Buscar diferencias y convergencias

 Esto tiene que ver con la reciprocidad, por ello, prepárese para darle a la otra parte algo de valor, con el fin de recibir algo a cambio.

  •  Lograr propuesta, acuerdo y reafirmación del trato

Es decir, lograr un consenso específico que tiene que ver con quién, qué, dónde y cuándo.

GIBBS

Como conclusión, no nos enroquemos en el NO ES NO, la negociación puede ser un proceso sumamente enriquecedor, que además nos hará crecer como seres humanos.

El NO ES NO resulta apropiado para los niños menores de tres años pero desde luego no es lo adecuado en un adulto.

[1] CEO de la Consultora Gibbs & Associates y referente reconocido mundialmente en temas de estrategia y resolución de conflictos, Michael Gibbs recorre el mundo compartiendo las claves de una negociación exitosa. Es profesor de Haas School of Business

[2] Fuente : El arte de negociar. Revista Mundo Ejecutivo. Enero 2006, No. 321.

 

 

EL EXTRAÑO SÍNDROME DE LA “REUNIONITIS”

La realidad es que cuanto más alta es la posición de un directivo, mayor es el número de horas que dedica a las reuniones, es más en algunos casos, podría decirse que existe el síndrome de la reunionitis. Esta proliferación de las reuniones ha traído consigo toda clase de problemas de organización.

Se define como reunionitis como el exceso de reuniones que no son ni imprescindibles ni importantes , siendo la consecuencia de esto la pérdida de tiempo, los costes directos o indirectos consiguientes, es decir el coste de oportunidad, la opinión negativa por parte de los colaboradores de que las reuniones no sirven para nada y la consiguiente pérdida de productividad.

Peter Drucker[1], tratadista austriaco y autor de varias obras sobre gestión de las organizaciones, afirmaba: “Una reunión cuya única función es colocar a los participantes en la presencia del ejecutivo no hay manera de lograr que sea productiva. Son los gajes del oficio. Los altos ejecutivos son eficaces en la medida en que logran evitar que estas reuniones interfieran en su jornada de trabajo“.

Muchos directivos convocan a sus plantillas o a su equipo por cualquier motivo y a cualquier hora,  generalmente sin motivo y  sin tener presente que entorpecen la propia dinámica del trabajo y que el recurso más escaso es el tiempo de las personas.

Cada vez con mayor frecuencia, las organizaciones proponen alternativas a las reuniones presenciales y otras medidas como antídoto eficaz para luchar contra el mal de las reuniones constantes, continuas y generalmente, poco efectivas.

El antídoto real a la reunionitis son sin duda la organización y la planificación que debería plantearse bajo ciertas premisas:

REUNIONES EFICACES

Existen dos elementos clave que hacen que una reunión sea una muestra de ineficacia: Que se celebre una reunión cuando no es imprescindible y que la reunión no esté preparada.

No es tan difícil evitar convocar reuniones que no producen ningún beneficio -y no me refiero solo al económico- y reunirse exclusivamente cuando sea verdaderamente necesario.

[1] Peter Ferdinand Drucker (Viena, 19 de noviembre de 1909-Claremont, 11 de noviembre de 2005) fue un abogado y tratadista austriaco, considerado el mayor filósofo de la administración (también conocida como management) del siglo XX. Fue autor de más de 35 libros, y sus ideas fueron decisivas en la creación de la empresa moderna.

SI TU ME DICES VEN… ¿LO DEJO TODO?

Siempre me ha gustado la famosa canción Si tu me dices ven,  pero siempre ha suscitado en mi unas cuantas preguntas que nunca llego a responderme de manera convincente. ¿De verdad, hay que dejarlo todo por amor? Este no es mi concepto del amor en el que ambos protagonistas tienen que sentirse sobre todo libres en su relación.

Pero no es esa la única cuestión que surge cuando escucho la canción, siempre me sugiere el concepto de compromiso en cualquier aspecto de la vida. Cuando estamos implicados y comprometidos con una persona o con una idea o una pasión, es evidente que estamos dispuestos a dejarlo todo por esa persona, idea o pasión, pero ¿por cuánto tiempo? Si es “por el momento”, no hay problema; pero si se prolonga en el tiempo o se vuelve demandante en exceso, no cabe duda de que se convierte en un lastre.

Y de estas ideas románticas surge una más pragmática.  ¿Qué sucede cuando nuestro compromiso con la empresa y el trabajo demanda que cada vez que nos dice VEN, tengamos que dejarlo todo? Sin duda tenemos que “dejarlo todo” cuando en la empresa o en nuestro área de trabajo hay una crisis, tanto si es real o supuesta.  Es el momento de darlo todo, especialmente si nuestro trabajo es más una pasión que un simple empleo y si tenemos un fuerte compromiso.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando el VEN se produce de forma continuada y sin motivo aparente?

A una amiga mía la llamó su jefe al móvil nada menos que dieciséis veces, como era de noche y lo tenía apagado, le mando el conductor a las 7 de la mañana.  ¿Se había producido algún drama del tipo “se quemó la empresa” o “tenemos una crisis”? No, el jefe tenía una duda acerca del protocolo en un próximo evento.  SIN COMENTARIOS.

Este es un ejemplo extremo, pero cuantos directivos quieren que TODOS estén el mayor tiempo posible en la oficina, no se sabe muy bien porque. Han oído aquello de la conciliación de la vida familiar y laboral pero piensan que no es un tema que les atañe porque su actividad es TAN importante que hay que tener al personal acuartelado por si se necesita.

Dejando a un lado otras consideraciones, parece que este tipo de directivo ignora las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información.  Todos actualmente podemos leer el correo electrónico donde quiera que estemos, también podemos acceder a cualquier documento archivado en la nube o en el servidor de la empresa, atender el teléfono fijo desde el móvil y un sinfín de acciones que todos llevamos a cabo en el día a día.

secreEntonces, si no es necesaria nuestra presencia, al menos, fuera del horario laboral, ¿qué sentido tiene el denominado presentismo? Está sobradamente probado que si pasamos la vida en la oficina no seremos más productivos sino todo lo contrario. Adicionalmente, las jornadas extensivas son nocivas para la salud, producen como mínimo, un enrarecimiento en las relaciones familiares y no olvidemos que a lo peor nos impiden mejorar nuestra formación.

Es importante ser diligente y estar implicados en la actividad de la empresa.  Eso es lo que hay que hacer.  Pero tanto directivos como empleados tenemos que aprender a establecer unos límites.  Debemos estar todos a una cuando hace falta pero no podemos, ni debemos olvidar los otros aspectos de la vida, es decir “Si tu me dices ven… lo dejo todo, si verdaderamente es necesario”.

EL EXTRAÑO CASO DE LA MONJA EN EL MERCADILLO

IMG_20150825_193818Como todas las vacaciones, hay una mañana, la de los martes, que me olvido durante unas horas de la playa o la piscina, para ir al Mercadillo de los Gitanos.

Amigos lectores, no estoy siendo políticamente incorrecta (aunque tampoco me importaría) es que el mercadillo se llama de los gitanos y además a mucha honra.

Los gitanos instalan su mercadillo muy próximo a una de las playas y al curso del precioso rio Guadalete. Yo me paseo, compro –por supuesto- hago unas risas y sobre todo observo. Observo a los vendedores y sus técnicas de marketing y ventas, también observo como los “becarios”, sus hijos o sobrinos, aprenden.

Pero vamos a lo que vamos, durante mi excursión en el mercadillo y precisamente en uno de los puestos más populares, entre la multitud vislumbro una monja (con su hábito de monja), un simple giro de mi cabeza y… ya no veo a la monja. Le comento a marido lo que he visto y no visto; él mira, la ve, parpadea… y ya no la ve.IMG_20150825_105604

¿Se trata acaso de un expediente X? ¿Realmente hemos visto una monja? O, ¿se trata de una ilusión óptica compartida? NO LO SE.

A todo esto, vosotros estaréis cuestionando la relevancia de esta anécdota en un blog que trata básicamente tema profesional, bien la relevancia radica precisamente en algunas reflexiones.

La casi invisibilidad de la monja me ha hecho pensar acerca de la invisibilidad o visibilidad de algunos profesionales.

Todos trabajamos con algunas personas que a veces, hacen que nos preguntemos qué es lo que hacen, aunque en la mayor parte de los casos, no nos preguntemos cómo lo hacen.

Se trata de personas que evitan atraer la atención. Pero ¿por qué?  En muchos casos de personas sumamente dedicadas a su trabajo que piensan que no es necesario hacerse notar.  Esto me lleva a pensar que es posible que estén en un error, si no te sabes vender es posible que no triunfes profesionalmente.

Otro caso es el de aquella persona que es insegura, no confía en la calidad de su trabajo y precisamente por ello, prefieren que “ni se las vea” y claro casi casi les pasa como a la monja del mercadillo, casi casi son invisibles.

Pero conviene reflexionar sobre la invisibilidad, creo que en ningún caso resulta positiva. Cuando se trata de profesionales muy válidos siempre hay que tener en cuenta que ademar de serlo, hay que parecerlo.  Si se trata de personas que se sienten inseguras de su trabajo, conviene que reflexionen sobre la causa de esa inseguridad y si realmente su trabajo deja que desear, debería tomar medidas al respecto.

street dancingPor otro lado, nos encontramos con algunos profesionales visibles en exceso en determinados momentos, especialmente cuando quieren que les vea el jefe.  Se trata generalmente, de aquellos que hacen del presentismo un arte, aunque en otros momentos quieran pasar desapercibidos porque realmente como diría un madrileño castizo “no dan palo al agua”.

Ninguna de estas actitudes llevan al éxito profesional, por el contrario, conducen a la desmotivación y no hay nada peor que no disfrutar de lo que haces.  Sentir el orgullo del trabajo bien hecho forma parte de la remuneración.

Adicionalmente, si eres un profesional, TIENES QUE SABER VENDER SU MARCA, aquello “del buen paño en el arca se vende” pasó a la historia.  Tu profesión y buen hacer son tu verdadero patrimonio y por tanto, hay que lucirlo.  No se trata de narcisismo ni tampoco de egocentrismo, se trata de que cada uno de nosotros somos responsables de nuestro propio marketing.

Fuera de servicio por sobrecalentamiento

Hace calor pero “hay que mantener el tipo”

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Sí, yo también estoy sufriendo esta ola de calor tremenda que no parece querer acabarse. Madrid está que escupe fuego, el aire es asfixiante y da pereza salir a la calle a no ser que sea imprescindible. El camino al trabajo, y sobre todo de vuelta a casa a mediodía parece una travesía del Sahara. Sólo me falta coger, en vez del dromedarioautobús, un camello de transporte. Con las ganas que tenía de que empezara la jornada intensiva para tener más tiempo por las tardes para hacer cosas. Igual me cojo luego el camello para ir a ver los pingüinos a alguna tienda que se pasa con el aire acondicionado…

Mientras escribo esto no sé si se están derritiendo mis dedos o el teclado bajo ellos.

Para sobrellevar estas semanas de calor insufrible, habrá que tomarse las cosas con humor. Así que no te voy a dar las típicas recomendaciones…

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