PARA QUE SE VIAJA O LOS DISTINTOS MODOS DE VIAJAR

Hoy tengo el placer  y el honor de contar con la colaboración de  Francisco M. Rodríguez Layna que nos ilustra, en esta ocasión, sobre los viajes  y los distintos modos de viajar.

PResultado de imagen de francisco rodriguez laynaaco Rodríguez Layna,  nacido en Soria en 1948. Licenciado en Sociología y Teología por la Facultad de Teología de Barcelona y Licenciado en Historia Medieval y Contempóranea por la Universidad Central de Barcelona. Colaborador de la revista Índice y director de la revista Escrits de Barcelona.

Y sin más preámbulos, leamos su interesante articulo sobre viajes y viajeros

Viajar, si, viajar, para poder relatar al regreso: ¡También yo estuve allí!

Viajar para luego encender con el recuerdo de los lugares visitados, el tibio y confortable apego al rinconcito en que se nació o en que se vive en nido propio.

Actualmente, la mayoría de las veces la gente viaja a las playas de moda para broncearse y relajarse soportando estoicamente los rayos solares.

Luego están los viajes culturales, aquellos que nos llevan a lugares míticos, históricos, que nuestra imaginación evoca de una manera determinada y que a veces coinciden y otras no. El Partenón de Atenas, las ruinas de Pompeya, las pirámides de Egipto, el Machu Picho, la ciudad prohibida de Pequín o los más famosos museos.

Lo importante de los viajes es el entrar en contacto con otras culturas, con otros seres humanos, tan distintos pero también tan próximos a nosotros.

Pero ¿para que viajan la mayoría de los que viajan?

Unamuno lo tenía claro: “¿Hay algo más azarante, más molesto, más prosaico que el turista? El enemigo de quien viaja por pasión, por alegría o por tristeza, para recordar o para olvidar, es el que viaja por vanidad o por moda, es ese horrible e insoportable turista que se fija en el empedrado de las calles, en las mayores o menores comodidades del hotel y en la comida de este. Porque hay quien viaja, horroriza el tener que decirlo, para gustar de decir que ha viajado. Y hay quien viaja para huir de cada lugar, no buscando aquel al que va, sino escapándose de aquel de donde parte”.

Otra forma de viajar es a través de los libros, donde la imaginación juega un papel importante. Y como ejemplo mencionaremos lo escrito por Blasco Ibáñez, Gao Xingiian o Camilo José Cela-

En 1906 Blasco Ibáñez conoció a la millonaria chilena Elena Ortúzar, persona que tomaría como modelo para alguna de sus novelas y que sería fundamental en su vida personal. En 1907, después de un viaje a Sevilla se desplazó a Vichy, para encontrarse con la citada Elena. De allí pasaría a Ginebra. Desde Ginebra —y tras visitar Berna, Munich, Viena y Budapest— iniciaría su primer viaje a Constantinopla, acompañado de doña Elena, la madre de ésta y la doncella. Este viaje fue totalmente improvisado, aunque no le impidió consumir en el mismo, seis meses y en hacer de él una tentación literaria que plasmaría en diversos artículos, luego convertidos en libro.

En La vuelta al mundo de un novelista, narra el viaje que emprendió Blasco Ibáñez en 1921 a bordo del buque Franconia y que le llevó a recorrer  Estados Unidos, Cuba, Panamá, Hawái, Japón, Corea, Manchuria, China, Macao, Hong Kong, Filipinas, Java, Singapur, Birmania, Calcuta, India, Ceilán, Sudán, Nubia y Egipto. El libro es realmente interesante, no cabe duda que a ello contribuye su capacidad narrativa y que además está escrito en los últimos años de su vida, por lo que su capacidad de observación más que entrenada y la cultura acumulada durante toda su vida son el motor que guía la lectura. En el inicio del libro, el autor debate consigo mismo la conveniencia o no de empezar ese viaje. Resulta curioso ver cómo va desgranando los pros y contras de realizar el viaje o los peligros con los que se va a encontrar, pero todos los argumentos en contra son rebatidos y la realización el viaje se convierte en algo inevitable. Una ocasión inmejorable para conocer de la mano de un gran escritor, como se encontraba el mundo en los años veinte.

Escribió Blasco Ibáñez más libros de viajes, entre ellos En el país del arte. Tres meses en Italia, un libro curioso y atrayente.  Este no es un libro de viajes escrito por un novelista, pero es un libro de viajes escrito por un novelista. Y aunque parezca un acertijo lógico, comprender en qué sentido lo es y no lo es nos dará la clave del texto. No nos encontramos ante el ocio de un literato que se dispone a hacer una peregrinación estetizante al estilo de Goethe o Stendhal; no obstante, es un recorrido de ciudades emblemáticas, y su autor impregna las páginas de reconstrucciones narrativas y descripciones brillantes, como solo puede hacerlo quien ejerce su oficio con soltura. Blasco, además, se enfrenta a este deambular inesperado desde la tensión vivencial y política que envuelve sus afanes en esos momentos, por lo que mira, observa y relata a partir de sus inquietudes sociales. Génova, Milán, Turín, Pisa, Roma, el Vaticano, Nápoles, Pompeya, Asís, Florencia, Venecia. El recorrido no se aleja del de un turista convencional, pero la mirada propia, no ahogada por el talante divulgativo de la obra, le lleva de las descripciones certeras, a la recreación histórica, del análisis de las gentes a la soflama republicana, todo ello en una fluida prosa literaria que únicamente en cierta grandilocuencia acusa el paso de los años.

La Montaña del alma de Gao Xingiian, es una novela polifónica, que recorre los diferentes géneros y arquetipos literarios y que, bajo una amplitud de tonos, trata un solo tema: el sentido de nuestra identidad. Novela épica, porque interpreta la historia política y cultural de China, es también lírica porque investiga el yo en su pluralidad. Este cruce de géneros y este abanico de tonos y temas, le confiere una riqueza narrativa tan variada como perfecta, en la que las historias forman figuras como en una baraja, y el relato mantiene el rumbo y el ritmo en que se basa su compleja unidad. La obra es una novela histórica escrita desde la instancia de la persona poemática y que hace de los pronombres personales no tanto los ejes del discurso como las voces de su permeabilidad. Es también una novela antropológica, que describe y opone modelos de conducta pero que no analiza caracteres y que presenta su acción como un simple viaje en el tiempo, en el espacio y en la memoria de su imaginación; que introduce reflexiones sociológicas; que tematiza la crisis de valores; que habla de bandidos, de saqueadores de tumbas y de curanderos de picaduras de serpiente, de tigres y de pandas y de recuerdos reales entremezclados con todo su proceso de ficción. Para Xingjian, “no es la naturaleza la que causa espanto, sino el propio hombre”, cuyo miedo íntimo le parece el verdadero origen de su mal. Por último señalar que para el autor, “la novela es una producción de la sensibilidad” que “sumerge en una mezcla de deseos los códigos de los signos arbitrariamente construidos” y que, como la vida, “no responde a una finalidad”.

En Viaje a la Alcarria, Cela, con el morral a la espalda y la cantimplora sujeta a la hebilla del cinturón, recorre las carreteras y los pueblos de la Alcarria. Es el suyo un caminar lento, con mañanas de atmósfera limpia, mediodías calurosos y noches que se le echan encima, como con susto. De pueblo en pueblo el viajero va viviendo curiosos encuentros, minúsculas anécdotas y sorprendentes conversaciones que, impertérrito, transcribe con una suave prosa que aúna realismo, comicidad y ternura. Pero el viaje termina. El viajero dejó atrás la Alcarria con sus notas a cuestas y un algo de pena. A cambio, nos queda un libro que demuestra una de las más arraigadas afirmaciones de Cela: «El escritor, aun el que más sedentario pudiera parecer, es siempre un irredento vagabundo y ése es su mayor timbre de gloria y libertad»

Libro de viajes es también el inmortal Don Quijote de la Mancha de Cervantes. En marzo de 1905, año del tercer centenario de su publicación, Azorín recorrió, por encargo del diario El Imparcial, los principales lugares manchegos mencionados por Cervantes en su obra. Más allá de su condición inicial de reportaje periodístico, las crónicas de dicho viaje, recogidas poco después en La ruta de Don Quijote, constituyen en su conjunto una interesante meditación sobre el devenir histórico de España desde la perspectiva de la particular teoría azoriniana del tiempo.

Y por último están los viajes interiores, aquellos que nos hacen cambiar de pensamiento y de acción, y que nos hacen distintos, otros, a pesar de seguir siendo los mismos.

Libro de la VidaEjemplo de ello es lo expresado por Santa Teresa en su obra El Libro de la Vida que redactó en periodos sucesivos y con finalidades distintas, aunque el periodo de redacción definitivo suele situarse entre 1562-1566. La Santa lo escribió por mandato y bajo la dirección de sus confesores, e iba dirigido a un círculo religioso reducido. El Libro comprende hasta sus 50 años de edad y lo escribe durante una de las etapas más difíciles de su vida. En los primeros capítulos Santa Teresa aporta gran cantidad de información autobiográfica sobre su vida familiar, su infancia, y su ingreso en la vida religiosa. A lo largo del libro hay otros episodios de este tipo: sus referencias al Santo fray Pedro de Alcántara, a quien conoció personalmente, y el proceso que le llevó a la fundación del primer monasterio reformado de San José de Ávila, se encuentran entre las más memorables. Pero en su mayor parte el Libro de la Vida narra su progreso espiritual y sus vivencias místicas, así como su práctica y concepción de la oración, escrito en su particular estilo analítico y enormemente sincero. Por esto se ha calificado a la obra como “autobiografía introspectiva”.

Por último señalar que los viajes producen alegría a la mayoría, pero también una cierta tristeza a los espíritus más sensibles. Porque como escribía desde Atenas a Luisa Colet, aquella estupenda naturaleza de artista y de soñador que fue Gustavo Flaubert, “por mucho que se viaje y se vean paisajes y pedazos de columnas, eso no alegra. Se vive en un entumecimiento perfumado, en una especie de soñolencia, en que pasan bajo los ojos cambios de decoraciones y junto al oído melodías súbitas: ruidos de viento, rodar de torrentes, esquilar de rebaños. Pero no se está alegre, se sueña dema siado para estarlo”.

 

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