COMO ESTOY PARADO, TENGO QUE PREPARARME Y QUIZA REINVENTARME

Para alcanzar una meta siempre es necesario saber de dónde partimos.  Por supuesto, es imprescindible saber qué objetivos tenemos y cuál es nuestra meta pero si no sabemos de dónde partimos difícilmente lo lograremos.

Como un deportista dispuesto a batir un record en una carrera de larga distancia, antes de intentarlo es necesario conocer los aspectos que nos limitan, cuáles son nuestras fortalezas y debilidades. Es importante el conocimiento de uno mismo.

 Conócete a ti mismo

Conocerse a sí mismo es importante, el corredor de fondo conoce su fuerza y también sus debilidades.  Del mismo modo, es necesario saber con qué contamos al emprender esta carrera de fondo que es la búsqueda de empleo.

Es necesario preguntarse cuáles son nuestros puntos fuertes, qué nos distingue de otros candidatos, es decir cuál es ese factor que nos diferencia.

Con este objetivo, hay que analizar en qué somos realmente buenos y no solo con respecto a la formación, hay que pensar igualmente en las aptitudes y actitudes.

En síntesis, para conocerse a uno mismo es necesario realizar un análisis de:

–          Conocimientos

–          Experiencia profesional

–          Habilidades y capacidades

–          Características personales

–          Intereses

También el corredor de fondo, aunque sabe que depende en gran medida de sí mismo,  tiene que contar con sus competidores, sus posibles aliados, y el jurado, en este caso habrá que analizar que se pide en las ofertas y si existe algún factor que nos diferencie de los competidores.   También es necesario, saber con quién podemos contar y conocer en la medida de lo posible a los seleccionadores y la empresa a la que dirigirse.

Fortalezas y debilidades

Todas las personas tienen características,  conocimientos o habilidades que las distinguen del resto de los candidatos a un puesto de trabajo específico y precisamente este factor diferenciador es el que hay que destacar.

Dicho de otra forma, es posible que otros candidatos tengan una formación similar pero no todos tendrán las mismas aptitudes.  Algunos tendrán conocimientos y habilidades que no tienen otros.  Por ejemplo, habrá candidatos capacitados para  trabajar bajo presión pero sin orientación de servicio al cliente interno y externo, por ello es impensable que trabaje en departamentos relacionados con la atención al cliente pero estaría perfectamente capacitado para colaborar con el departamento de proyectos. Otros, tienen una capacidad de atención al detalle que sumado a sus conocimientos de contabilidad pueden convertirlo en un empleado estrella en cuestiones relacionadas con facturación, y así podrían plantearse cientos de ejemplos.

Igualmente  es necesario examinar la experiencia adquirida no solo a lo largo de   la trayectoria profesional propiamente dicha, puede resultar sumamente útil analizar la experiencia adquirida durante las prácticas realizadas o en aquellos trabajos más o menos formales, remunerados o no, por ejemplo durante la realización de labores de voluntariado.  Esto resulta particularmente importante para aquellos en busca del primer empleo.

Las habilidades y capacidades nos caracterizan como personas, algunas son innatas, adquiridas o ambas. Por ejemplo,  ¿quién no conoce a algún magnífico comunicador?  ¿Es innata su fluidez verbal o se debe a su trayectoria profesional?

Cada persona tiene ciertas habilidades para la realización de unas cosas o de otras, se deben conocer y reflexionar sobre ellas antes de comenzar la búsqueda de empleo ya que puede actuar como un complemento importante a la hora de acceder al mismo.

Las características personales,  son un conjunto de rasgos que definen a una persona tal y como es, la forma de verse a uno mismo y de cómo le ven los demás. El conocimiento de dichas características es fundamental.

En primer lugar, se trata de hacer un inventario de conocimientos, ligados o no a la profesión. ¿En qué soy más diestro?  Por ejemplo, los idiomas  o el dominio de la ofimática.  Por otra parte, aunque no se haya recibido formación específica, es posible que se disponga de una habilidad especial para el dibujo o la música o, ¿por qué no? la cocina.

Este inventario de conocimientos pertenece a la propia persona y no es necesario compartirlo con otros. Se realiza con el fin de tener  por escrito qué se sabe, qué se sabe mejor que la media y sobre todo, en qué conviene mejorar. Cuando se busca trabajo no puede luchar contra factores externos tales como  la situación del mercado laboral,  las crisis de los mercados o los riesgos o factores negativos de la globalización, pero sí mejorar los internos.

A continuación, es necesario analizar las aptitudes personales y emocionales, cómo nos comportamos, qué es lo que nos produce estrés, como nos relacionamos, el grado de empatía[1]  y  las habilidades de comunicación, entre otros.

El auto-conocimiento  o conciencia de uno mismo es la primera aptitud de la Inteligencia Emocional (IE)[2]. Parte de que, si no se conoce bien a si mismo, si no se es  consciente de cuáles son las propias fortalezas y debilidades en este aspecto de la personalidad, si no se  aprende a identificar los estados de ánimo y las emociones y las consecuencias que éstas pueden tener en la forma de comportarse, difícilmente se podrán controlar las  reacciones y utilizarlas productivamente.

De la misma manera que se debe hacer un inventario de los puntos fuertes, siempre por escrito, sería bueno inventariar las posibles debilidades sino para corregirlas en su totalidad, sí para modificar ciertas conductas que pueden  ser muy negativas en cuanto a la búsqueda de empleo.

Finalmente, es necesario plantearse en base al inventario de conocimientos y de aptitudes a qué puestos se puede optar, en qué hay que reciclarse y qué aptitudes podrían facilitar el “re-inventarse”, es decir ejercer funciones distintas a las desarrolladas en el trabajo anterior.

EXTRAIDO DEL LIBRO “BUSCAR TRABAJO ES UN TRABAJO

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Dale Mortensen, investigador del desempleo.Sus trabajos sobre los desajustes del mercado laboral le valieron el Nobel de Economía en 2010

[1] La habilidad social más importante es quizá la empatía o “conciencia de los sentimientos, necesidades y preocupaciones ajenas” .  En realidad esta definición nos lleva a considerar la empatía como la preocupación por los demás, poniéndonos en su lugar.  El sentimiento de empatía crea el entorno ideal para la relación.

[2] Término acuñado por dos psicólogos de la Universidad de Yale (Peter Salovey y John Mayer) y difundida mundialmente por el psicólogo, filósofo y periodista Daniel Goleman

 

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