ANTE EL DESEMPLEO

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”
Albert Einsten

¿ESTAS EN EL PARO? Posiblemente tienes o has tenido un cierto sentimiento de culpa. Esta sensación de sentirse culpable, aunque el despido se deba a causas completamente ajenas a la propia voluntad o actitud,  es muy común y desafortunadamente no hace más que agravar una situación que, como punto de partida, es negativa.

El despido representa, posiblemente, el momento más crítico de una carrera profesional, no solo porque supone una pérdida de ingresos o por la incertidumbre que conlleva en todos los aspectos, sino porque el trabajo es la actividad que se realiza durante más tiempo, el lugar donde se desarrollan casi todas nuestras relaciones personales y una de las principales bases sobre las que se asienta nuestro reconocimiento social.

Todo  cambio produce temor.  Algunos expertos estiman que cuando se producen cambios en la vida personal o profesional se genera un proceso similar al de un duelo con sus correspondientes etapas, aunque lógicamente de distinta intensidad.

EL PROCESO DE CAMBIOEn un primer momento no se quiere aceptar que las circunstancias han cambiado, es lo que se denomina etapa de negación, en determinados casos incluso la persona tiende a estancarse, negando una realidad evidente.

Tras asumir que se ha producido el cambio, se produce un sentimiento de ser víctima de una injusticia, ya sea por parte de la crisis,  la empresa, el jefe, la familia… Es la etapa de la ira. No se sabe como aceptar la realidad y la tendencia es culpabilizar a los otros.

A la ira le sucede la etapa de negociación.   Se trata en realidad de una negociación con uno mismo, es un proceso de asimilación a la nueva situación aunque siempre la persona encontrará motivos de queja acerca de “si me lo hubieran comunicado con tiempo” o “si me lo hubieran comunicado de otra forma” o “si hubiese tenido más tiempo para adaptarme”.

La siguiente etapa es la de la depresión transitoria.  Es imposible negar la realidad, el cambio se ha producido, no vale siquiera la pena enojarse y ya no se negocia.  Simplemente hay un sentimiento de vacío, falta de energía y entusiasmo. Incluso se llega a una falta de autoestima.  Ha llegado el momento de aceptar el cambio.

Este proceso[1] hay que pasarlo, es necesario aceptar la situación. A partir de ahí, es hora de  afrontar la situación con una actitud positiva y teniendo en mente que la búsqueda de empleo es en sí misma un trabajo y se trata de un trabajo que requiere mucha más energía que cualquier otro.


[1] Spencer Johnson describe de forma muy amena el proceso de adaptación al cambio en su libro “¿Quién se ha llevado mi queso?”, Ediciones Urano.

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